La casa de Jack

31 Ene

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Año: 2018.

Director: Lars von Trier.

Reparto: Matt Dillon, Bruno Ganz, Uma Thurman, Riley Keough, Siobhan Fallon, Sofie Gråbøl, Rocco Day, Cohen Day, Emil Tholstrup, Jeremy Davies, David Bailie, Osy Ikhile, Yu Ji-tae.

Tráiler

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         Lars von Trier, a quien le encanta mostrarse como un autor maldito y atormentado, acostumbra a emplear el cine como terapia o, cuanto menos, como diván de psicoanálisis en el que volcar las pulsiones de su mente autodestructiva y -entiende- corrompida por inclinaciones difícilmente aceptables en los marcos morales de la sociedad contemporánea.

Provocador contumaz en su enfrentamiento a pecho descubierto contra estos límites impuestos y coercitivos, con La casa de Jack regresaba de hecho a los salones del festival de Cannes, que lo había declarado persona ‘non grata’ debido a unas incendiarias opiniones acerca de Adolf Hitler durante la presentación de Melancolía en la edición de 2011. Curiosamente, en una circunstancia que el cineasta quizás podría anotarse como una victoria, el filme contiene un buen puñado de alusiones al nazismo dentro de sus abundantes referencias hacia la historia y la cultura alemana, a partir de la cual también se pregunta a propósito de la relación, de haberla, entre la moralidad y el arte, y si este conforma una entidad sublime e independiente de estas consideraciones y convenciones de la ética que rige a la civilización occidental.

         Este es uno de los prolijos interrogantes que va arrojando tras de sí La casa de Jack, narrada no tanto a través de cinco episodios que recogen cinco macabros crímenes de un asesino en serie, sino por medio del diálogo y los comentarios al respecto que entablan el macabro protagonista y una personificación del poeta Virgilio, quien, al igual que hiciera con Dante en la Divina comedia -y también con algunas gotas del caminar que comparten Fausto y Mefistófeles de la obra de Goethe, citada en el filme-, guía al primero a través de los círculos del infierno.

De este modo, además de poner bajo el foco la naturaleza del arte y de la creación humana en un sentido tan amplio que abarca incluso el asesinato como performance expresiva -parcela donde el cineasta autoanaliza literalmente su filmografía-, a lo largo de esta discusión Von Trier somete a juicio también a la sociedad en su conjunto, donde el Jack del título se integra como una representación mimética -en la gestualización de las emociones, burdamente fingidas, y en sus actos de relación con el prójimo-. Y en ella expone un punto de vista aceradamente pesimista, con un diagnóstico que brota desde el absoluto desencanto con, asimismo, cierto punto de cínico nihilismo.

         En La casa de Jack la ausencia de empatía del psicópata parece igualarse a la de una sociedad que no presta ninguna ayuda a su semejante en apuros o que, si acaso, finge realizar algún servicio tan solo aparente -el herrero ineficiente, el policía que se escabulle-. Es más, se trata de una sociedad que hasta se deleita con actividades como la caza de seres indefensos o que crea poderosos iconos de destrucción. 

En consecuencia, los parajes que habita y donde se mueve Jack son por lo general escenarios vacíos y desangelados -carreteras perdidas, poblachos dejados de la mano de Dios, inmensidades boscosas, calles sin nombre, bloques de apartamentos en los que no hay ni un alma…- que encuentran su máxima expresión en la cámara frigorífica que parece ser el único domicilio consistente del asesino. La fotografía, que se remite a una ambientación de la década de los setenta, luce colores desvaídos, de saturación rebajada. La cámara mira inquieta como si fuese otra persona que comparte plano.

         Como puede colegirse de esta dimensión psicoanalítica antes aludida, el narcisismo de Von Trier está presente en la película, y no solo en la reflexión metalingüística y en la autoexploración de sus propias neurosis. Bien se le puede imputar igualmente a esta raíz la voluntad de generar incomodidad que se manifiesta ostentosamente una violencia muy gráfica, impúdica e incontenida, y en otros elementos que desafían la paz o la pasividad del espectador, caso de la desatada crueldad conceptual del guion, el evidente patetismo los hechos y del personaje -notables matices de Matt Dillon mediante-; la férreamente sostenida duración y tempo narrativo de las mismas, o las constantes fugas estilísticas e intelectuales. Son elementos que, en paralelo, ponen en cuestión con honesta severidad la complicidad del público hacia el protagonista, un rasgo prototípico de la ficción cinematográfica en tantas ocasiones ajeno a la catadura de este.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7.

12 comentarios to “La casa de Jack”

  1. roman ganuza a 15:02 #

    Excelente retrato de Von Trier. Solo vi su “Medea” y estaban presentes estos elementos. No se si ver esta

    • El tipo no engaña a nadie. Aquí sigue con sus neuras y con sus provocaciones. Si estas no repelen, adelante, porque la película tiene un puñado de cosas interesantes.

  2. Hildy Johnson a 19:16 #

    Jajaja, tengo una relación amor-odio con Von Trier… Pero siempre termino viendo sus películas. Algunas las disfruto y otras, las sufro o directamente me enfadan. Pero no puedo negar que tiene una fuerza visual… que, a veces, me hipnotiza.
    También esta película me apetece por ver de nuevo a Matt Dillon. Me llama la atención su trayectoria y la elección de sus proyectos.

    Beso
    Hildy

    • Creo que esa relación de amor-odio también la tiene Von Trier consigo mismo jeje. Ya me contarás si te atreves con ella.

      Besos.

  3. roman ganuza a 04:36 #

    Si, es cierto, visualmente es una maravilla

  4. ALTAICA a 12:55 #

    Sinceramente se agradece que el abuso de la violencia y contenido explícito sea comedido, e igualmente respecto de la utilización de la cámara con el “Mal de San Vito”, propia de estos chicos del Dogma. No obstante, no sé yo si esta propuesta es acertada conceptualmente para reflexionar sobre el arte y la ética, la inmersión en los infiernos de la condición humana, con clásicos de la literatura y de la pintura palmariamente referenciados, y demás eruditas disquisiciones de determinados procesos históricos que ponen de manifiesto la hipocresía del mundo. Para algunos su final en forma de epílogo eleva la obra a la categoría de obra maestra. A mí me resultada un artefacto henchido y pretencioso, de un chico que decidió ser alguien en esto del cine reinventando formas y maneras, así como fondos y trasfondos. Lo que siempre se ha venido en llamar un presuntuoso del copón. En cualquier caso no es de lo peor que le he visto a Trier, pero sigo sin apreciar sus bondades como autor. Un abrazo

  5. ALTAICA a 15:57 #

    Las alegorías recorren toda la obra de forma terrible y a veces brillante. Véase los “materiales” con los que finalmente construye la casa del “arquitecto”. Su casa. Puede que él sea el símbolo terrible de Dios o, en cualquier caso, el resultado de su creación. Otro simbolismo reflejado en la cinegética que pese a su dureza, sirve para evidenciar delante de nuestras narices y confrontar éticamente el exterminio que practicamos sobre muchas especies animales sin el más mínimo pudor. Y claro está, la idea es ponernos frente al espejo de nuestras inmundicias edulcoradas por una moral más que discutible. La obra es interesante, pero creo que finalmente fallida.

    • Deckard a 19:56 #

      Yo creo que en esta película a Von Trier se le ha ido la mano más de lo habitual. La premisa era buena, pero la resolución es obvia y muy previsible. Pretende epatar pero a la mayoría, sólo consigue hacernos bostezar.
      Saludos.

      • Personalmente, los grandes provocadores suelen darme pereza por eso, porque suelen ser un poco previsibles. Pero hay que reconocer que algunos también tiene su aquel y yo creo que esta película es buena muestra de ello.

    • Es, en efecto, un artefacto henchido y pretencioso de un chico que decidió ser alguien en esto del cine reinventando formas y maneras, así como fondos y trasfondos. El propo Von Trier lo sabe y parece conforme con ello. Me gusta de esta su capacidad para suscitar lecturas, análisis, debates y reflexiones. Permaneces mucho tiempo dándole vueltas, lo cual es bastante estimulante. Aunque yo creo que, a fin de cuentas, también le pesa esa autocomplacencia que tiene el danés (al menos en lo que yo le he visto, que no soy ni experto ni fan).

  6. Deckard a 09:54 #

    Tiene algunas que si me gustan (“Los idiotas”, “El jefe de todo esto” e incluso “Dogville”) pero sigo pensando que su mejor película es “Europa.” Tiene mucha inventiva visual, pero a veces te aturulla a base de bien por su pretenciosidad.

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