Burning

22 Oct

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Año: 2018.

Director: Lee Chang-dong.

Reparto: Yoo Ah In, Jun Jong-seo, Yeun Steven, Seung-ho Choi, Seung Geun Moon.

Tráiler

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         Es curioso. El debut de Lee Chang-dong en el largometraje, Green Fish, arrancaba como una especie de trama de cine negro, con triángulo amoroso incluido, para terminar componiendo un drama familiar. Por su parte, Burning, el último filme de Lee hasta la fecha, comienza como si se tratase de un drama romántico, en su modalidad de frustrante triángulo amoroso, para desembocar solapadamente en una intriga criminal. Además, como en Poesía -la película con la que el cineasta coreano iniciaba ocho años de silencio cinematográfico que concluyen con la presente-, esta variación aparece de entre la nada, como si estuviera latente, inadvertida a causa de las características de la sociedad contemporánea. De aspecto más naturalista en aquella, de aire un tanto más literario en esta, pero en ambos casos sin ceñirse de forma estricta a una atmósfera de género -lo que por otro lado podría otorgarle una sensación de narración dispersa o alargada en su conjunto-. Y todo ello teniendo en cuenta que estamos ante una cinta basada en un relato corto de Haruki Murakami y en el que se citan, con intención, a William Faulkner y El gran Gatsby.

         Hay un halo ambiguo, equívoco o hasta fantasmagórico en todo lo que acontece en Burning. El protagonista, que es un aspirante a escritor al que prácticamente solo se le ve redactar una petición a un juzgado y que muestra serias dificultades para expresar sus sentimientos profundos, actúa como un pagafantas enamoradizo y timorato cuando hay afirmaciones que lo sitúan como un presunto abusón de instituto. O al menos eso le recrimina su objetivo romántico, una joven surgida inesperadamente de su pasado, embellecida por el bisturí, de comportamientos caprichosos o erráticos y, de acuerdo con los suyos, propensa al embuste. Entre ambos irrumpirá el definitivo agente del suspense: un guapo y rico de revista -su perfilado de base bordea la caricatura- al que se presenta ya desde la duda, primero en cuanto a su relación con la chica -la fluctuante conversación telefónica en la furgoneta- y luego, a ojos del protagonista despechado, como sospechoso de asesinato en serie, nada menos.

Según admite el atribulado muchacho, el mundo es un lugar absolutamente misterioso. Un mundo donde, para demostrar que algo no encaja a nivel global, gobiernan tipos como Donald Trump.

       En consecuencia, el punto de vista del protagonista tampoco es limpio. Está enturbiado por el pasajero destello de vida que lo ha deslumbrado en la habitación de su amada, del complejo que surge del enfrentamiento de clases, de su anhelo de dar rienda suelta a su capacidad de fabular, de su ofuscación amorosa, de ese poder del deseo que puede incluso transformar una fantasía pasional en realidad psicológica privada… Pero también de indicios supuestamente objetivos que, diseminados calculadamente por la trama, siembran una desazón casi obsesiva en el investigador y la incertidumbre en el espectador.

De ahí que, quizás al estilo de La aventura, el retrato existencial y mental del personaje se combine sutilmente con un enigma de extraña tensión sostenida. Porque, al fin y al cabo, su impotencia para esclarecer qué es lo que no encaja en todo esto, es la nuestra propia.

       Premio Fipresci en el festival de Cannes.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7,5.

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