Reservoir Dogs

11 Abr

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Año: 1992.

Director: Quentin Tarantino.

Reparto: Harvey Keitel, Tim Roth, Michael Madsen, Steve Buscemi, Chris Penn, Lawrence Tierney, Edward Bunker, Quentin Tarantino, Randy Brooks, Kirk Baltz, Steven Wright.

Tráiler

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         Antes de que terminen los títulos de crédito, ya hay un hombre dando alaridos porque le han pegado un tiro en el estómago. Y, antes que eso, ha habido un verborreico, enmarañado, coprolálico y ocurrente diálogo acerca de cultura pop y otro sobre asuntos aparentemente banales de la vida cotidiana; un puñado de citas de cine nostálgicas, un clásico musical rescatado del olvido, y un derroche de estilismo cool y vintage. Todavía no han terminado los títulos de crédito de Reservoir Dogs, su ópera prima oficial, y Quentin Tarantino ya ha definido las bases de su filmografía.

Surgido de las catacumbas del videoclub, encaramado a la ola de florecimiento del cine independiente estadounidense en el cambio de década entre los ochenta y los noventa, la pelea de Tarantino para sacar adelante su primer libreto y película se topó, casualidades de la vida, con el entusiasmo de uno de sus ídolos, Harvey Keitel, quien a grandes rasgos ofició de intermediario para que terminase viendo la luz la singular tarjeta de presentación con la que este joven cinéfago dejaría su primera muesca para convertirse uno de los abanderados del cine posmoderno y una de las figuras más influyentes del séptimo arte.

         Lo haría desde su adorado cine de género, recuperando la tradición de las películas de atracos imperfectos como punto de partida en el que amalgamar la literatura pulp y el noir en B, el cine de acción y la exploitation de los setenta, el polar francés, el heroic bloodshed hongkonés… siempre desde una mirada que, andando su trayectoria, se consolidará como perfectamente identificable. En realidad, debido al proceso de concentración del guion producto de las reescrituras acumuladas, Reservoir Dogs hasta podría haberse rodado como una obra de teatro, dado el peso del diálogo y lo delimitado del elenco y del escenario, también condicionado por las restricciones económicas de la producción.

         La trama es tremendamente sencilla, reducida a una médula correosa. Esta estructura permite a Tarantino, por un lado, controlar la tensión con mano de hierro, el zumbido omnipresente que domina el almacén donde converge el suspense en torno a unos personajes que apenas son arquetipos elementales, pero a los que consigue dotar de revoluciones hasta mostrarlos desesperados y explosivos. El talento en el montaje será otra de las enseñas del director, auxiliado por Sally Menke, la que será su fiel colaboradora hasta su fallecimiento en 2010. Y, por el otro, le proporciona margen dramático para poder insertar monólogos y apartes donde volcar sus inesperadas digresiones sobre lo divino -esto es, sobre el cine y la música de consumo popular- y lo humano -desde las propinas hasta el sexo interracial, pasando por los chistes que juegan con un grotesco sentido del humor-.

         Porque, en un principio, el triunfo de Tarantino se producirá a pesar -y solo posteriormente gracias- a la celebérrima escena donde una canción ligera transforma una tortura esencialmente gratuita en un hipnóticamente morboso baile macabro. Y eso que la cámara aparta espantada la mirada -inquietando más-. La contradicción entre banda sonora y violencia visual ya se advertía en autores como Martin Scorsese, pero Tarantino lo dará la vuelta de tuerca definitiva aun a costa de que los abandonos de sala fueran recurrentes en los primeros pases del filme y que, pese a contar con la distribución de la Miramax de Harvey Weinstein, un jerifalte que erigía su poderosísimo imperio a partir de estos pujantes márgenes de la industria, la película a duras penas recuperase lo invertido con las ganancias en taquilla. Lo cierto es que, pese a esta reacción inicial, el cóctel finalmente acertó de pleno con los paladares de la crítica y el público.

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Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 8,1.

Nota del blog: 7,5.

7 comentarios to “Reservoir Dogs”

  1. Deckard 27 junio, 2019 a 12:22 #

    Sí, La revelacion de Quentin Tarantino. Su nombre ya sonaba en Hollywood antes de estrenarse “Reservoir Dogs” Uno de los primeros en fijarse en él fue Tony Scott, que al parecer fue uno de los primeros en postularse para dirigirla (y Monte Hellman también, ambos figuran en los agradecimientos). Pero Tarantino dejó claro que quería que esta fuera su opera prima, y en las copias del guión que circulaban por ahí ponía en mayúsculas y subrayado lo de A FILM DIRECTED BY QUENTIN TARANTINO. Tony Scott también le compró por aquellos días el guión de “Amor a quemarropa”, un libreto con un par de escenas muy llamativas, pero que, en manos de Scott no supo trascender su condición de puesta al día más o menos apañada del “Malas Tierras” de Terrence Malick.

    “Reservoir dogs” ponía sobre el tapete muy rápido las principales virtudes de Tarantino. Para mi, su principal rasgo virtuoso es su oído. Oído para los buenos diálogos y oído para la buena música (otro de los pilares básicos para comprender su éxito a escala mundial, hasta el punto de que se ha convertido en eso tan cursi que ahora se llama un “marcador de tendencias”). Y, por supuesto, no solo la capacidad de reconocer un buen diálogo, sino la capacidad verborreica indudable que tiene para saber escribirlos y desarrollarlos a su antojo.

    Pero “Reservoir dogs” no es el pistoletazo de salida del cine postmoderno como muchas veces se ha pretendido anunciar. Sus principales méritos no son propiamente originales y beben de fuentes clásicas muy reconocibles. Más allá de los chistecitos sobre la supuesta voracidad sexual de Madonna o de las agudas observaciones sociológicas sobre la importancia de las propinas para las trabajadoras de hostelería de los Estados Unidos, Tarantino es un hábil muñidor de películas basadas en su condición de esponja para absorber y asimilar algunas de las mejores lecciones del cine clásico.

    Narrativa y argumentalmente, el principal referente de “Reservoir Dogs” es “Atraco perfecto” de Stanley Kubrick. Sí. Estamos hablando de ingredientes propios del noir americano y del “polar” francés. Porque algún recurso estetico-narrativo también está tomado directamente de “El silencio de un hombre” de Jean Pierre Melville. La narracion acronólogica nos podría remitir también a Kubrick o a “Rashomon” de Akira Kurosawa. En definitiva, que uno de los mayores méritos es haberse sabido erigir en alumno aventajado de muchos grandes maestros. Mérito no menor, puesto que todos sabemos que el mundo está lleno de presuntuosos malos alumnos.

    No estoy de acuerdo en que “Reservoir dogs” hubiera podido ser una obra teatral. No al menos al completo. Muchos de sus golpes de efecto se basan en soluciones narrativas y estéticas muy cinematográficas, que no hubieran sido igual de impactantes sobre las tablas teatrales. El fuera de campo, la irrupción sorpresiva de personajes que ya todos dábamos por “amortizados”, y la impactante función de la ´música como contrapunto no son recursos tan fáciles de adaptar en un escenario teatral. Además de que la narración no cronológica, en teatro, no funcionaría demasiado bien. En el cine basta con cortinilla negra y un rótulo, pero en teatro llevaría a muchas confusiones.

    “Reservoir dogs” es una película que ha alcanzado casi una categoría mítica. Recuerdo a un amigo mío de la universidad que decía que, cuando terminó de verla por primera vez tuvo que volver a verla otra vez más porque no había visto nada parecido en su vida. Yo no llegaría al extremo de decir que es una película “única” ni mucho menos. Ciertamente tiene escenas antológicas y memorables, que hicieron incluso escuela, pero tampoco habría que dejarse impresionar demasiado. Muchas de las opciones elegidas por Tarantino resultan forzadas en su efectismo, e incluso previsibles para un espectador inteligente y atento. El aspecto de la narración acronológica está justificado solo hasta cierto punto, pero si se mira detenidamente, se podría haber prescindido perfectamente de ella, y no hubiera cambiado nada reseñable. Da la sensación de que se eligió esa opción con la única intención de epatar, Una vez más. Se comprenden las ganas de un principiante en el cine de llamar la atención y de buscar un hueco en la industria, pero la verdad es que el resultado podria haber sido bastante mejor y mucho más sobrio.

    Esta es mi opinión al respecto de este clásico contemporáneo.

    Un saludo.

    • elcriticoabulico 28 junio, 2019 a 13:25 #

      De acuerdo con tu puntualización. Evidentemente, esa pericia en el uso del lenguaje cinematográfica es lo que hace que Reservoir Dogs no sea una obra de teatro estática, como podía haber sido en unas manos menos hábiles, y confirma lo que para mí es la principal virtud de Tarantino bastante por encima de sus ocurrencias para los diálogos y, sobre todo, de su exhibicionismo cinéfago (que no me interesa demasiado y muchas veces me satura): su arrolladora fuerza visual como director.

      • Deckard 28 junio, 2019 a 18:46 #

        No te digo que Tarantino no domine el medio, sino que su principal y más obvia virtud es la de guionista (no sólo por sus “ocurrencias” y verborrea, que a mi juicio también muchas veces aportan el picante necesario, sino por la buena armadura y construcción de situaciones y personajes)
        Pero esas soluciones que tu dices que demuestran que domina la realización a mi no siempre me parecen oportunas. Como cinefago enfermo esta claro que las conoce todas, pero no estoy seguro de que su aplicación concreta en cada caso sea la más adecuada. Ya se que es una apreciación mía quizás demasiado sutil, pero a veces me parece algo muy obvio. Sobre esto se podría hacer un cine forum, pero de momento lo dejamos aquí.
        Greetings.

        • elcriticoabulico 1 julio, 2019 a 00:54 #

          No soy demasiado fino para intuir qué otro plano le hubiera sentado mejor a la escena, pero el caso es que las imágenes de Tarantino suelen convencerme bastante.

  2. ALTAICA 27 junio, 2019 a 13:07 #

    Probablemente una de las peores películas de la “histeria” del cine. Sus diálogos son ejemplos paradigmáticos de la banalidad más hueca y vacía. El uso de la música resulta un ejercicio de atroz parvulario metido con calzador. En sí esta película y otras muchas del cineasta, son un pastiche creado por uno de los peores males que le han sucedido al séptimo arte en mucho tiempo. Cuyas influencias eran terribles y sus resultados aún peores, pues si las primeras (películas de kung Fu, western italianos, festivales de Eurovisión, series B de la peor ralea y clásicos mal digeridos) le dejaron al gigantón y cabezón muy tocado, su revisión es un potaje infantil, vacío y bobo aplaudido por casi todo el mundo. Ni que decir tiene que soy yo el que tiene serios problemas y capacidades para asimilar las enormes y maravillosas virtudes de un tal Tarantino. Lamento profundamente que tengáis que ver desnudas mis limitaciones.

    • Deckard 27 junio, 2019 a 13:52 #

      Oye, Altaica, el que no te guste Tarantino, para nada, pero insisto PARA NADA (lo subrayaría pero no sé cómo) es una limitación personal. Es más, es hasta una virtud, porque seguro que hay muchos que piensan como tú pero no se atreven a decirlo porque no se atreven (y eso sí que es una LIMITACION) a decirlo en voz alta por no llevar la contraria a la corriente dominante.

      Es más. Te diré que, pese a que aprecio muchas de sus virtudes para el cine, hay muchos aspectos cinematográficos, críticos y sociológicos del fenómeno que supuso su irrupción que a mi me irritan profundamente.
      Sin ir más lejos, ya ves que El Crítico Abúlico no hace una reseña de Pulp Fiction porque yo creo que a él también le tocan un poco las narices el endiosamiento al que incondicionalmente elevaron algunos sectores cinéfilos (más bien pasivos y acríticos) al bueno de Quentin.

      Y te voy a decir una cosa. Yo no soy PARA NADA, de esos que dividen la Historia del Cine en dos eras. Una la A.T y otra la D.T, es decir Antes de Tarantino y Después de Tarantino. Y de esos son legión. Porque algo que me molestó mucho cuando él irrumpió fue la adoración estúpida que entre gente que yo creía inteligente despertaba un director con muchas virtudes pero tambíen con defectos más que evidentes.

      Y bueno. Desde entonces nos hemos aburrido de ver en el cine a imitadores patéticos de Tarantino hasta hartarnos. Gente que porque le flipa una canción mediocre de rock, hace de ella el centro narrativo de películas ridículas e inconsistentes. Gente que se cree que por una frase medianamente ocurrente de tintes callejeros, cree que con eso se justifica el pago de una entrada y el visionado de infumables largometrajes de dos horas. De imitadores de esos han salido a porrón. Sobre todo en Francia (se conoce que porque ahí hay todavia hay muchos productores a los que le sobra el dinero). Yo, cada vez que veo una película de esas, casi hasta me divierto como si estuviera viendo una película cómica absurda pensando en mi fuero interno: “Ya está otro tarantinito de estos, Otro de los de quieroynopuedo.”

      Así que tú tranquilo, Altaica. Que una cosa es que a mi y a mucha gente nos guste mucho “Pulp Fiction” y respetemos “Jackie Brown” o “Reservoir dogs” y otra cosas es que vendamos nuestro respeto gratis al primer postor. Que aquí todos somos conscientes (incluso él mismo ¿tú qué te crees? Las personas inteligentes también reconocen sus defectos, y´él es inteligente también) de las limitaciones del “último genio” del cine americano.

      Un saludo.

    • elcriticoabulico 28 junio, 2019 a 13:33 #

      Bueno, cada cual tiene sus fobias. Intento no ser tajante con las mías, pero también hay cineastas a los que me cuesta horrores tragarlos. Por mucha coba que les puedan dar (cosa que me trae bastante al pairo).

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