Roma

16 Feb

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Año: 1972.

Director: Federico Fellini.

Reparto: Federico Fellini, Peter Gonzales Falcon, Stefano Mayore, Franco Magno, Marne Maitland, Pia de Doses, Renato Giovannoli, Gore Vidal, Ana Magnani.

Tráiler

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         “Roma me ha creado y yo la recreo como en un juego de espejos”. En la obra de Federico Fellini, la inclusión de su propio apellido a modo de coda de sus películas está plenamente justificada. Su cine parte desde una percepción o desde una cosmovisión innegociablemente subjetiva -aunque no avara hacia el espectador, al que se tiene en cuenta respeta como observador invitado-. En esta línea, la Roma de Fellini no es un documento que pretenda realizar un homenaje fidedigno a la ciudad milenaria, al modo de las sinfonías urbanas de los años veinte y treinta, sino un canto personal y sentimental que recrea una localización casi mitológica, reconocible pero erigida con el material con el que se construyen los sueños, los deseos, las pasiones, la melancolía de un pasado -e incluso un presente- que es, al mismo tiempo, real y fabulado.

“Cada uno debe hacer lo que quiera”, explica desde el interior de su película el cineasta a unos jóvenes politizados. Es una frase que, a partir la perspectiva irónica que maneja el autor -sintetizada por el “¡imbéciles!” que por su parte, sin más razón que la de tocar las narices, un conductor le dedica a él y a su equipo de rodaje-, ejerce de manifiesto, de justificación y de disculpa.

         En este sentido, Roma presenta una variación en la senda de La dolce vita en el sentido de que, con un procedimiento semejante a la de aquella, viaja por el escenario a través de distintos capítulos los cuales, en conjunto, conforman un retrato impresionista, caleidoscópico y complejo de una ciudad que, en sí misma, es un modo de vida, una psicología colectiva, una manera de entender y afrontar la existencia. Por ello, Roma también anticipa a Amarcord (Mis recuerdos), un año posterior, en su concepción como crónica sublimada que registra e inmortaliza en fotogramas una pequeña mitología contemporánea, con sus hitos históricos, sus deidades de derribo y sus caóticos campos elíseos.

Pero, en mayor medida que esta última, la estructura de Roma es volátil y anárquica, briosa y necesariamente irregular -hay escenas como la del teatro o la del desfile de moda eclesiástica que son deslumbrantes por momentos, pero quizás resultan demasiado alargadas-. Un maremágnum constituido por retazos y bosquejos que navegan entre el ayer -distintos periodos de los años treinta bajo la dictadura fascista de Benito Mussolini– y el ahora -los comienzos de los años setenta revolucionarios en lo social y lo político-, amalgamados por su sentido circense, onírico y expansivo de la vida, y por la suntuosidad del estilo cinematográfico con el que lo plasma.

         La Roma de Fellini, por tanto, es un centro del universo eterno y frágil, antiquísimo y vanguardista, soñado y pesadillesco, vodevilesco y artístico, pío y pecaminoso, maternal y voluptuoso… Fellini observa y recuerda, homenajea y satiriza, se mimetiza y se refleja en ella. Y compone así un fresco amantísimo y, sobre todo, fascinante.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 8.

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