Lejos del cielo

4 Dic

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Año: 2002.

Director: Todd Haynes.

Reparto: Julianne Moore, Dennis Quaid, Dennis Haysbert, Patricia Clarkson, Viola Davis, James Rebhorn, Ryan Ward, Lindsay Andretta.

Tráiler

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          Es significativo que Mad Men, la gran obra contemporánea en la que se exponen y desmontan los principios sociales y psicológicos del American Way of Life de los años cincuenta y sesenta, esté ambientada en el mundillo de la publicidad, agente constructor de este imaginario sublimado a todo color y todo sonrisas. Pura propaganda de un país, los Estados Unidos, que ha sabido como ninguno implantar y exportar una serie de constructos ideales mediante los cuales se presenta al mundo y a sí mismo. El país de la libertad, el país de las oportunidades, el país de la felicidad material.

Desde este mismo contexto actual, películas como Revolutionary Road, Lejos del cielo o Carol recuperaron las esencias del melodrama de Douglas Sirk para abundar en la destrucción de los tópicos que levantaban una de las vigas maestras de esta cosmovisión: la institución familiar como refugio esencial, el matrimonio como cuento de hadas, la maravilla inmaculada de la paternidad, la infancia como bastión de la inocencia, el hogar como sancta sanctorum de la realización personal.

          Las dos últimas están firmadas por Todd Haynes y, precisamente, encuentran puntos de coincidencia con el filme más celebrado del cineasta de origen alemán, Imitación a la vida, en la exposición de las frustraciones sentimentales que arrastran los amores cercenados por las imposiciones de la sociedad. Además, en Lejos del cielo, también es reseñable que la protagonista y su marido protagonicen anuncios de televisores, electrodoméstico estrella del periodo y, por ende,  un elemento simbólico de gran relevancia en la mencionada cinta de Sirk.

Como en las pinturas de Norman Rockwell y en numerosas películas de la época -de la que parece extraerse asimismo una banda sonora clásica y sostenida durante prácticamente todo el metraje-, el color adquiere una importancia capital en Lejos del cielo. De inicio, sirve para recobrar esa atmósfera pretendidamente idílica de la vida en los suburbios, entre enormes casas ajardinadas, opíparas reuniones comunitarias y lujos materiales de toda clase. Esto será así en la presentación de la protagonista del relato, Cathy (Julianne Moore), pero en el caso de su marido, Frank (Dennis Quaid), el cromatismo de los fotogramas es igualmente intenso, aunque en cambio arroja combinaciones agresivas en medio de una ambientación nocturna, marcada por contrastes desapacibles que avanzan la presencia de un tormento interior que amenaza con aflorar a la superficie y contaminar el escenario.

De hecho, en este aspecto de la realización, las tornas se invertirán progresivamente a lo largo de un argumento que plantea el despertar ante una situación que, en efecto, nada tiene que ver con la maravilla prometida por una vida, literalmente, de revista.

          Por acumulación, las premisas dramáticas de Lejos del cielo poseen potencial para derivar en una narración tremendista, e incluso, si se apura, telefilmero en su desarrollo de acontecimientos. Sin embargo, Haynes es un maestro de la contención -hasta el punto de que en ocasiones es entendido como frialdad o desapasionamiento por parte de algunos espectadores-. Retrata al monstruo con suaves pinceladas, mediante las que da forma al entorno restrictivo, represivo, vigilante, racista y clasista que habitan los protagonistas.

A partir de ahí, al mismo tiempo comprensivo y sin rastro alguno de afectación, Haynes otorga entidad a estos personajes en conflicto y los deja obrar con naturalidad para que, poco a poco, el espectador presencie y sienta como suyas sus preocupaciones, sus pesares y sus desengaños. El director y guionista angelino tampoco es despiadado en la tragedia, ni las conclusiones de este proceso emocional y existencial tienen por qué ser estrictamente pesimistas. Lejos del cielo se abre en unas hojas a punto de caer por el otoño, pero se cierra con la imagen de una rama florecida.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 8.

4 comentarios to “Lejos del cielo”

  1. Hildy Johnson 4 diciembre, 2017 a 20:03 #

    Adoro esta película y también a su director. Y, sí, Lejos del cielo es un paso más allá de lo que se quiere contar tanto en Solo el cielo lo sabe e Imitación a la vida de Douglas Sirk, dos grandes melodramas.
    Respecto a Julianne Moore es perfecta en roles de esa América de los años 50: no solo lo demostró en esta, sino también en Las Horas… y ahora está a punto de estrenar la nueva de Clooney, Suburbicon. Por otra parte, también fue protagonista de un remake maravilloso de una película preciosa de los años 50. La película original era Vivir un gran amor… y era una historia de los años 40. La de Moore, fue El fin del romance de Neil Jordan, otra joya. De verdad.
    Y Haynes ha dado más vida y más pasos para un género como el melodrama no solo en esta que tan bien reseñas, sino en una miniserie fantástica, Mildred Pierce.

    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 11 diciembre, 2017 a 15:27 #

      Listaza de películas (y miniserie) para ver, que no las conozco. La de Clooney supongo que caerá en breves fechas. ¡Un beso, Hildy!

  2. Altaica 9 diciembre, 2017 a 10:50 #

    Magnífica crítica inundada de vinculaciones que sirven para entender y ubicar mucho mejor la historia en su superficie y más aún en trastienda. Solo dos precisiones, una que no se puede olvidar el aspecto religioso cuando se habla de los elementos que definen o configuran esa América de “anuncio” y lo importante que es cuando se cuentan terribles dramas personales y familiares, de los que se derivan obvios fantasmas y corsés sociales; el rigor y exquisito distanciamiento premeditado que sabiamente emplea su director, a sabiendas que es la mejor manera de dotar de veracidad a la historia y no caer en el fácil melodrama. Un abrazo

    • elcriticoabulico 11 diciembre, 2017 a 15:28 #

      Pues tienes razón, el puritanismo es un elemento amalgamador de todas estas tendencias. Por otra parte, el dominio de Haynes del melodrama me parece ejemplar. Hace peliculones con historias que, en otras manos, podrían haber dado pie a auténticos horrores. Un abrazo, Altaica.

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