El asesinato de la hermana George

4 Sep

Robert Aldrich vuelve a la carga, una vez más, contra el showbusiness y su colección de juguetes rotos. El asesinato de la hermana George para la segunda parte del especial sobre el cineasta estadounidense en Cine Archivo.

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Año: 1968.

Director: Robert Aldrich.

Reparto: Beryl Reid, Susannah York, Coral Browne, Patricia Medina, Ronald Fraser, Hugh Paddick, Rosalie Williams

Tráiler

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          Uno de los temas preeminentes en la filmografía de Robert Aldrich, en el que el cineasta volcaba además una tremenda virulencia psicológica, es el de los sueños y juguetes rotos del showbusiness. De hecho, el cineasta estrenaría su propia compañía, Associates & Aldrich, con La podadora (El gran cuchillo), tomada de una pieza teatral en la que Clifford Odets ajustaba cuentas con Hollywood por haberlo fagocitado tras emplearlo como simple guionista de reemplazo, y lo hacía a través del relato de la lucha interna y externa de un actor por recobrar su vida y su dignidad, asediada no ya por las tentaciones materiales del estrellato, sino por la presión asfixiante de un sistema corrompido que lo parasita y consume para, finalmente, desecharlo llegado el momento. Más tarde, en este turbulento escenario se ambientará también una de las obras más célebres de su filmografía ¿Quién mató a Baby Jane?, una tétrica exploración del odio enquistado entre dos actrices decadentes, situado entre el melodrama familiar y el terror psicológico, que en paralelo se tradujo en un igualmente comentado rodaje en el que saltaban las chispas entre Bette Davis y Joan Crawford. Y, seis años después, Aldrich estrenaría dos películas más acerca de la entraña pútrida de la industria del espectáculo: La leyenda de Lylah Clare, sobre maldiciones heredadas entre actrices, y El asesinato de la hermana George, crónica de la caída de una actriz madura que intuye el fin de su contrato estelar en una popular serie de televisión de la BBC británica.

          Son cuatro filmes estos que poseen entre sí numerosos rasgos en común, en los que el retrato de la desesperación de estos seres humanos se traduce en una atmósfera opresiva, cargada de estrechos escenarios interiores y penetrantes sombras, donde se desarrolla un drama de fuertes ecos teatrales -en ocasiones derivados en el acartonamiento de la narración visual-, desbordado de diálogos tan extensos como venenosos, y juegos con la representación a uno y otro lado del telón -la función teatral o cinematográfica enfrentada a la función de la vida, en la que comparecen semejantes actuaciones impostadas, estereotipos sobados, máscaras engañosas y traiciones de opereta-.

Siguiendo esta línea, El asesinato de la hermana George está tomado de una obra firmada por Frank Marcus -dramaturgo de adopción inglesa que no tendrá mayor presencia en la gran pantalla- y en la que Beryl Reid había interpretado ya el papel principal, galardonada con un premio Tony. Impulsando la denuncia de la humillación a la que está expuesto el ídolo crepuscular -infortunio que se narra desde que el cine adquirió consciencia de sí mismo-, esa sensación de farsa existencial funda precisamente la base del argumento, evidenciada en detalles como que la protagonista se haga llamar por el nombre del personaje también fuera del plató y en su defensa de la ‘realidad’ de la serie bajo el razonamiento de que supone “una forma de vida” para millones de espectadores. Este cimiento dramático se completa con el intercalado y contraposición entre la naturaleza de la hermana George, una monja enfermera que viaja en moto cantándole al amor y a la vida -producto de una cursi telenovela que pretende reflejar una sociedad idealizada y por ende frustrante en su inevitable impostura-, y la de ella misma, alcohólica impenitente, ególatra vulnerable, deslenguada y rebelde, capaz incluso de ultrajar a una pareja de novicias irlandesas a bordo de un taxi.

          Aldrich venía de triunfar en taquilla con Doce del patíbulo y, con su revitalizada Associates & Aldrich, prefirió lanzarse a la reconquista de argumentos más personales y más próximos a sus inquietudes. Y nada más opuesto a la aventura bélica de una docena tipos de pelo en pecho que una tragedia íntima de una mujer mayor y lesbiana atrapada en la implosión de su propio mundo -no exento, no obstante, de agresiva y atormentada violencia-. La homosexualidad es solo uno de los rasgos que sustentan la fatalidad de la actriz June Buckridge -por quien se había interesado Bette Davis y tanteado a Angela Lansbury-, pero resultaría sin duda el más controvertido de la producción. La explicitud de las escenas sexuales -los besos en el bar, el encuentro de cama del desenlace-, impropia para la época, le valdría no solo despertar la polémica entre la audiencia, sino también problemas en su distribución británica y la calificación X en los Estados Unidos. Aldrich gastaría unos 75.000 dólares batallando sin éxito contra una etiqueta que consideraba injustificada y que, en efecto, damnificó notablemente la recaudación de la cinta al otro lado del Atlántico. Además, su amigo y compositor Frank de Vol, escandalizado con el asunto, cesaría sus colaboraciones con el director durante cuatro años, hasta La venganza de Ulzana.

Al respecto, bien merece la pena recordar que, en el Reino Unido, mantener relaciones homosexuales fue considerado delito en Inglaterra y Gales hasta 1967, en Escocia hasta 1980 y en Irlanda del Norte hasta 1982, y que precisamente el cine, a través de obras críticas como Víctima, en su día también calificada como X en las salas del país, contribuyó en parte a la aceptación de este tabú fuertemente arraigado en la sociedad de las islas.

          De cualquier modo, la mirada de El asesinato de la hermana George no es particularmente favorable hacia la realidad lésbica, pues lo que aparece en las imágenes es una maraña de dominación y sometimiento -un factor de fetichismo sadomasoquista ya latente en ¿Qué fue de Baby Jane?-, de celos, ofensas y puñaladas que, de esta manera, desembocan en una secuencia de conquista, punto álgido del despojamiento de la dignidad de Buckridge, que está formulada casi al estilo de una escena propia del cine de terror, toda tensión cortante, nerviosimo en la gestualización y punzante música de violines luego cercenada en un silencio irrespirable. Este fragmento concreto sería censurado en algunas exhibiciones y durante largo tiempo.

          Estereotipado y envejecido en su faceta entonces morbosa -la actuación de Susannah York como cierta representación de la inocencia y de la salvación romántica de la protagonista resulta un tanto confusa-, y algo inflado de metraje en general, El asesinato de la hermana George destaca en intensidad cuando aborda la situación con el irreverente y descarnado humor negro que mana de la viperina lengua de Buckridge, que Reid vuelve a hacer plenamente suya dotándola de preciosos matices que rebajan adecuadamente la crueldad inherente a la acción.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 6,5.

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