Verano 1993

1 Jul

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Año: 2017.

Directora: Carla Simón.

Reparto: Laia Artigas, Bruna Cusí, Paula Robles, David Verdaguer, Isabel Rocatti, Fermí Reixach, Montse Sanz, Berta Pipó.

Tráiler

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           Es encomiable cuando un cineasta apuesta por la sensibilidad sincera y no por el sentimentalismo para intentar transmitir emociones al espectador. Verano 1993 escoge esta primera opción para que las experiencias que vive la niña protagonista se comuniquen con la empatía del público que la contempla. El filme se acerca así a un episodio existencial traumático y lo relata, fundamentalmente, a partir de la relación entre la actuación y las imágenes, no de la palabra.

           Sin condescendencia, sin paternalismos y sin autoindulgencia, con el conocimiento de causa que implica este pedazo de exorcismo particular, en el que ficciona pedazos de su propia biografía, la catalana Carla Simón, que aborda su primer largometraje, compone los fotogramas con pericia estética y madurez sentimental para plasmar un dificultoso y conflictivo proceso de duelo, para componer un complejo retrato psicológico de una chiquilla que sufre, que desea, que vive.

Acompañadas de un gran trabajo de dirección de actores, tanto adultos como especialmente infantiles, las imágenes, asentadas sobre un naturalismo tratado con gusto pero no edulcorado o convertido en recuerdo romántico, contienen la pérdida sin digerir de Frida, el temor atenazador ante la muerte que embarga a la pequeña, la ausencia y el deseo de llenar de nuevo ese vacío de la orfandad recién impuesto; la culpabilidad, la rabia, el amor. Emociones en constante colisión que desembocan en reacciones instintivas y turbulentas, producto del caos y la confusión que la niña -que cualquier persona- padece ante el arduo trance del fallecimiento del ser amado, tanto o más cuando quien lo atraviesa no posee aún los mecanismos de supervivencia psicológica que se adquieren a través del mero hecho de vivir. Las lágrimas que no brotan.

           El duelo nunca puede plantear un escenario cómodo. Simón tampoco ensaya, no obstante, un ejercicio de hostil crudeza o crueldad, puesto que sería igualmente fingido. Por otro lado, escoge -o hereda- un escenario en apariencia contradictorio frente a un argumento en el que se trata de superar una profunda oscuridad interior: ese verano desbordado de luz, calor y colores que, en el cine, es campo abonado para los ritos de paso existenciales. Frida, pues, desarrolla una exploración doble: el constante aprendizaje propio de su edad y otra que, a priori, habría de pertenecer a un mundo más adulto, que aún no debería corresponderle.

           Pero Verano 1993 no descuida en modo alguno el dibujo de los vínculos familiares, ya que los personajes que rodean a Frida también poseen una personalidad trabajada y perfectamente veraz, con sus características propias que en algún caso parecen un tanto más tópicas -la burguesía catalana que encarna la abuela- pero que no por ello resultan plastificadas o irreales -aunque se le repudie, en la mayoría de situaciones con razón, lo cierto es que el cliché está más presente en la realidad que las construcciones intrincadas-.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 8.

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