Archivo | abril, 2017

Soy Cuba

19 Abr

La potencia estética es la potencia de la Revolución cubana. Soy Cuba, una obra monumental incluso en su malditismo, donde la belleza cinematográfica expresa la belleza de las ideas; un atronador rayo propagandístico en medio de la asepsia del mensaje político contemporáneo. Para la sección de cine clásico de Bandeja de Plata.

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Narciso negro

18 Abr

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Año: 1947.

Directores: Michael Powell, Emeric Pressburger.

Reparto: Deborah Kerr, David Farrar, Kathleen Byron, Sabu, Jean Simmons, Judith Furse, Flora Robson, Jenny Laird, May Hallatt, Eddie Wahlley Jr., Esmond Knight.

Tráiler

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          El purgatorio de las monjas es un serrallo indio aislado en el Himalaya, poblado por objetos y lenguas paganas, ornado con pinturas eróticas, enfrentado a una diosa desnuda y a un santón de trascendencia inexpugnable, resonante de ecos de misterios ancestrales, a las puertas de los placeres de la carne, situado al borde del abismo.

Narciso negro es una película compuesta a través de terribles duelos: la mujer reprimida contra el hombre desengañado, el cristianismo contra las divinidades exóticas y arcanas; la fragilidad humana contra la hostil naturaleza que se manifiesta en los elementos y la orografía; la capacidad personal contra la presión del deber, la devoción contra la tentación, las cárceles psicológicas contra las liberaciones espirituales, las monjas contra sus jerarquías de poder y sus deseos enfrentados; cada una de ellas contra sí misma.

          Michael Powell y Emeric Pressburger, The Archers, componen con extraordinaria hermosura y con punzante profundidad la atmósfera del palacio donde cinco monjas pretenden levantar una escuela, un hospital y un convento. “No es lugar para fundar un monasterio”, les advierten. Los cineastas construyen para ellas un escenario de sobrecogedor poder telúrico y de desconcertante exuberancia, creación de deidades superlativas a las que nada interesa el recogimiento, el sacrificio y la contrición; sino que se regodean en la belleza natural y humana, en el deseo satisfecho, en la expresión desatada de los potenciales y las emociones.

Un universo desconocido y deslumbrante de luz, color y pureza en comparación con los tenebrosos muros donde las religiosas acostumbran purgar su vida terrenal al servicio de Dios. The Archers ponen a prueba la firmeza de sus convicciones infiltrando signos infieles en sus hábitos cotidianos, con frescos hindúes y campanas budistas. Atruenan los estímulos de vida ante la mirada de unas religiosas sometidas a un examen espiritual que se torna gradualmente en existencial, a medida que se presentan los fantasmas del pasado, de las ilusiones rotas, de las oportunidades aún posibles. Cada mañana, una de ellas ha de tañir la campana a los pies del colosal precipicio.

          Con idéntica habilidad expresiva, Powell y Pressburger cultivan y espolean la tensión del drama, abonada por esta sucesión de dilemas íntimos y colectivos, desencadenados por la pérdida de las referencias de una vocación obsesivamente abnegada que esconde traumas enquistados de tiempos pretéritos, enterrados pero no muertos.

En el encierro todo se magnifica. Especialmente en una celda desbordada de pasiones y gozos ante los que solo cabe ignorarlos, abstrayéndose en una búsqueda metafísica, o entregarse a su llamada primaria y visceral. Un lápiz de labios contra una Biblia.

El elemento sobrenatural palpita en este mundo fascinante y perturbador que la hermana superiora Clodagh es incapaz de comprender y frente al que no sabe reaccionar -algo semejante a lo que le ocurrirá de nuevo a Deborah Kerr en Suspense, donde encarna a otra mujer piadosa recluida en compañía de fuerzas irracionales y desasosegantes-. Ya se le percibía durante la presentación de la cuidadora del gineceo, quien aparece en perfecta conexión con los misterios naturales, precedida por el viento, en comunicación con las aves. También en el incesante azote de las corrientes que descienden desde las montañas. Pero con los ojos como espejo del alma -y con algunos planos realmente impactantes todavía hoy-, su clímax se alcanza en el desenlace, narrado con la gramática propia de un filme de terror, y luego ratificado de nuevo por la influencia de los fenómenos atmosféricos -la niebla, la lluvia-.

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Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 8.

The Hunted (La presa)

17 Abr

Benicio del Toro también comería cosas que harían vomitar a una cabra. El síndrome posbélico se perpetúa en The Hunted (La presa), dentro de la segunda entrega del especial de Cine Archivo sobre William Friedkin.

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El otro lado de la esperanza

11 Abr

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Año: 2017.

Director: Aki Kaurismäki.

Reparto: Sherwan Haji, Sakari Kuosmanen, Simon Al-Bazoon, Ilkka KoivulaJanne Hyytiäinen, Nuppu Koivu, Niroz Haji.

Tráiler

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           Aki Kaurismäki es un desencantado con esperanza, aunque cada vez parezca que le cuesta más esfuerzo sostener esa línea de defensa terminal frente a las tendencias de la sociedad occidental, en los últimos tiempos sometidas a la destrucción de los equilibrios sociales a causa de la crisis económica -el hundimiento de la clase media, el nacimiento de redes de solidaridad popular, los crecientes desajustes nacidos de los privilegios y elitismos económicos-, los dilemas y paradojas de la convivencia multicultural -la aceptación del inmigrante, la competencia social, el choque de costumbres, la paranoia del terrorismo islamista- y la estridencia del resurgir de movimientos políticos de ultraderecha.

A pesar de que, con extraordinario juicio, el autor finlandés siempre cita a Charles Chaplin como el ideal del séptimo arte, su cine tiene algo de Buster Keaton. Y no solo en el estatismo de sus imágenes, análogo a la cara de palo de Keaton y utilizado con similares efectos cómicos, como si fuese una metáfora de su estoicismo frente a los vaivenes del porvenir. También porque, desde ese mismo estoicismo, sus personajes sacan fuerzas de la flaqueza y tratan de sobreponerse a las circunstancias que los asedian. Son serios en su naturaleza patética, pues la tienen asumida y, con técnica de expertos judocas, hasta la pueden utilizar en su favor.

           La situación social y geopolítica de Europa y el mundo no ha progresado en nada desde el estreno de El Havre hace seis años, último largometraje dirigido en solitario por Kaurismäki -entre medias se encuentra su respectivo episodio en la película coral Centro histórico– y en el que, con tierno optimismo, consideraba que aún podían obrarse milagros en un Viejo Continente cada vez más enfermo de insolidaridad -especialmente desde un punto de vista institucional-.

Así las cosas, Kaurismäki toma el pulso de nuevo al paciente y no lo encuentra en mejores condiciones; más bien al contrario. El drama de la emigración se ha recrudecido, incluso. En El otro lado de la esperanza, Khaled no llega a costas finesas solo en busca de un futuro mejor, sino que es refugiado de la guerra Siria. Y quienes lo hostigan en esta nueva tierra -aparte de la sempiterna Administración, deshumanizada hasta el ridículo- no son un vecino desaprensivo, como aquel que delataba al pequeño Idrissa por pura malicia, sino jaurías de neonazis entregados a una xenofobia sin cuento, totalmente lamentable en sus motivaciones. “¡Maldito judío!” le espetará uno de ellos en cierta escena dejando tras de sí la más negra muestra del lacónico y corrosivo sentido del humor del cineasta nórdico. Será porque, como observa uno de los refugiados iraquíes, conviene siempre tener una disposición alegre, puesto que a los tristes son los primeros a los que repatrian. Haremos bromas, pero bromas tristes; aunque solo sea por sobrevivir al desastre.

Quizás por todas estas cuestiones, el retrato humano que compone El otro lado de la esperanza posee menor grado de calidez, o de abierta ternura, que el que arrojaba la reconfortante El Havre. En Finlandia el sol luce menos que en la costa normanda.

           Pero, contra viento y marea, contra las soberanas palizas que traen consigo los acontecimientos, Kaurismäki, como haría Keaton, persevera. Maestro de la composición de atmósfera y tono narrativo, en El otro lado de la esperanza la melancolía fluye a ríos, impulsada por la decepción, si bien la corriente impacta ocasionalmente contra rocas o, mejor dicho, contra objetos absurdos anclados en el cauce, y que son dueños de una comicidad insospechada, que salpica y refresca momentáneamente. En El otro lado de la esperanza chocan entre sí la huida hacia adelante de Khaled y la huida hacia delante de sí mismo que emprende Wikström, un comercial de camisas hastiado de su trabajo y de su matrimonio, y que entrega al simple azar su reconversión en empresario de la hostalería. Otro desheredado de la tierra, por otros motivos distintos.

De esta forma, el filme traza un encuentro semejante al que protagonizaban el viejo limpiabotas Marcel Marx y el joven Idrissa, arrinconados en unos márgenes donde, rebelde, se ha conformado una especie de comunidad de parias, último refugio de los que no tienen nada. Aquí, esa comunidad se concentrará en un bar-restaurante de ánimo tan desorientado como su gerente, que solo pretende hallar su sitio en medio de toda esta farsa tragicómica.

“Amo Finlandia, pero si sabes cómo puedo salir de aquí, avísame”, dice Khaled. La felicidad es un derecho negado para un inmigrante, para un nativo y para un extranjero que desea naturalizarse. Es un problema todavía más grande, de orden universal, parece insistir el realizador y guionista, quien lleva décadas sumergido en las ruinas de la clase proletaria. Y, sin embargo, Kaurismäki no desiste de cerrar la función con una sonrisa, aunque esté bañada en amargura.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 8.

Your Name

10 Abr

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Año: 2016.

Director: Makoto Shinkai.

Reparto (V.O.): Ryûnosuke Kamiki, Mone Kamishiraishi, Ryô Narita, Aoi Yuki, Nobunaga Shimazaki, Kaito Ishikawa.

Tráiler

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            El amor es superior al destino; es una fuerza redentora frente a cualquier tragedia o cataclismo. En Las tres luces, Fritz Lang plasmaba la odisea de una mujer por salvar a su amado de la guadaña de la Parca, que le concedía insólitamente tres oportunidades de librarle del fatal destino que pesa inexorablemente sobre la existencia humana. Emociones que son más grandes que la propia vida, que se encuentran en sintonía con el universo mismo.

Algo de ello hay en Your Name, que parece arrancar bajo la premisa cómico-romántica del intercambio de cuerpos -aquí una muchacha que reside en un aislado pueblecito y un joven natural de Tokio- para, paulatinamente, adentrarse en cuestiones místicas, adscritas a una cosmovisión sintoista, que empujan al argumento hacia un territorio en el que el destino de estos dos adolescentes se entrelaza a través del tiempo y el espacio en una trama de salvación que es, al mismo tiempo, sentimental y literal -la caída de un meteorito-.

            A pesar de tamaña complejidad -o de tamaño popurrí temático- el cóctel logra funcionar durante buena parte del metraje, con una evolución en la que no se aprecia impostura dentro de la notable ambición filosófica y poética que subyace en el texto. Deja gotas de humor que se incorporan con eficiencia al desarrollo, sin que entren en contradicción con el afloramiento de las lecturas espirituales y trascendentes de la historia, o con la dimensión onírica, fantástica e incluso astral en la que se mueve la película, a la vez tan apegada al paisaje natural y urbano del país -con su belleza particular, con sus paradojas, con su nostalgia y sus cambios presentes- como a elementos intangibles y misteriosos -el crepúsculo como seno de todos ellos-. Y, asimismo, aunque con menor fortuna, hace concesiones populares por medio de una estridente banda sonora de notas pop, esta sí bastante chirriante.

Son puertas que se cierran y que se abren, lazos trenzados que se extienden por aquí y por allá, uniendo o distanciando el relato vital de los seres humanos.

            Pero es en el desenlace, cuando las vidas paralelas de los personajes comienzan a confluir, cuando Your Name pone el filme a unas revoluciones tan excesivas, exige tanta atención para los giros espaciotemporales y recurre a tantas repeticiones verbales y visuales para clarificar el discurso, que la parte emocional de la función, que debería explosionar en este clímax trepidante, termina resintiéndose, ahogada en la agitación.

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Nota IMDB: 8,6.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 6.

Mi gran noche

9 Abr

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Año: 2015.

Director: Álex de la Iglesia.

Reparto: Raphael, Pepón Nieto, Blanca Suárez, Carlos Areces, Jaime Ordóñez, Mario Casas, Marta Guerras, Marta Castellote, Tomás Pozzi, Hugo Silva, Carolina Bang, Carmen Machi, Luis Callejo, Santiago Segura, Carmen Ruiz, Enrique Villén, Ana Polvorosa, Luis Fernández, Antonio Velázquez, Terele Pávez, Daniel Guzmán, Toni Acosta, Eduard Casanova, Ignatius Farray.

Tráiler

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           Apenas median seis años entre El ángel exterminador y El guateque, estrenadas en 1962 y 1968, respectivamente. Pero, más allá de satisfacer sus pulsiones cinéfilas, Álex de la Iglesia parece exponer en Mi gran noche que la sociedad occidental -sea mexicana, estadounidense o española- apenas ha avanzado cuatro décadas después, ya que continúa siendo igual de absurda y padeciendo el mismo patetismo.

           Las variables coyunturales, no obstante, también afloran en este retrato de farsesca festividad de la España contemporánea, definida por uno de los eventos más casposos, falsos y desopilantes que sobrevive a gastos pagados generación tras generación: una gala de Nochevieja grabada en octubre y donde salen al escenario los protagonistas del presente nacional. Esto es, la precarización laboral, la rampante esclavización del ciudadano común, la sustitución de referentes morales por ídolos frívolos, la corrupción generalizada, la incultura del pelotazo, la degradación educativa, la desgraciada tramoya de la supuesta magia de la televisión que ya aparecía en Muertos de risa… Y, mientras, la ciudadanía queda reducida a simple figurante -aunque eso en el mejor de los casos, visto alguno de los ejemplos anteriores-.

           De la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría emplean una coralidad azconiana para recomponer este puzle que, como la fiesta que ejerce de decorado, parece asentarse en el pasado, el presente y probablemente el futuro. De esta manera, pueden encadenar una multitud de tramas sin que haya que decantarse por una en concreto que posea un mayor peso argumental y, por ende, exija un mayor desarrollo. Gracias a ello no aflora del todo uno de los principales defectos que acompañan a la trayectoria del director y guionista vasco: el agotamiento de un planteamiento ocurrente. Así las cosas, Mi gran noche resulta una película relativamente más equilibrada que otras como Balada triste de trompeta, si bien puede deberse asimismo a que en ningún momento alcanza cotas de genialidad -en la anterior los títulos de crédito, una obra maestra en sí misma, fijaban un listón inalcanzable para el resto del metraje-.

           En Mi gran noche se observan de nuevo detalles de notable comicidad -ese Raphael rebautizado como Alphonso y villanizado en un trasunto de Darth Vader, la casquivana estrella juvenil de la que Mario Casas saca buen partido- en tanto que otras no funcionan a igual nivel o no terminan de explotarse del todo ante la avalancha de idas y venidas del relato que, por momentos, parece aquejada de los mismos males que una gala de Nochevieja -o una Enrique Cerezo Pictures-; atropellada, sainetera, ciclotímica, inocua en su orgulloso exceso.

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Nota IMDB: 5,9.

Nota FilmAffinity: 5,1.

Nota del blog: 6,5.

En el corazón del mar

7 Abr

En el corazón del mar

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Año: 2015.

Director: Ron Howard.

Reparto: Chris Hemsworth, Benjamin Walker, Cillian Murphy, Tom Holland, Brendan Gleeson, Ben Whishaw, Michelle Farley, Frank Dillane, Osy Ikhile, Gary Beadle, Joseph Mawle, Paul Anderson, Charlotte Riley.

Tráiler

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            No deja de resultar paradójico el planteamiento de En el corazón del mar, que parece aspirar a encontrar la realidad detrás de la historia concebida en Moby Dick -relato fundamental de la literatura estadounidense y universal-, pero al mismo tiempo termina por entregarse a lecturas alegóricas y trascendentales semejantes a las de una novela ubérrima en interpretaciones morales y merafísicas.

            La traducción del mito literario a realidad factual -bastante similar esas innecesarias precuelas que buscan la recomposición psicológica de personajes populares concebidos prácticamente desde la abstracción-, se orienta en En el corazón del mar hacia la exposición de un mensaje de actualidad -la superposición del beneficio económico sobre cualquier otra consideración, la rebeldía que supone regresar a valores humanísticos y ecológicos-, en el que el elemento precipitador es, de nuevo, una ballena de proporciones y comportamiento sobrenaturales -el acecho sigiloso como un monstruo de cine de terror, su contacto sensorial y casi místico con el protagonista, su identificación con la tormenta como instrumentos de la voluntad, las admoniciones y las enseñanzas de fuerzas superiores al hombre-.

            Aunque narrada con pulso solvente -a pesar de decisiones estéticas cuestionables en algunos primerísimos planos de fotografía demasiado digital o con exceso de añadidos veristas- esta situación deja al filme navegando entre dos aguas y sin terminar de adentrarse en ninguna de ellas, puesto que ni es una película de aventuras marinas y supervivencia particularmente vibrante -le falta fisicidad, sensación de sufrimiento entre tanto trabajo de ordenador- ni su faceta reflexiva y/o espiritual posee demasiado calado -también con tópicos del género como el duelo en cubierta entre personalidades antagónicas-.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 6.

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