Che: Guerrilla

21 Abr

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Año: 2008.

Director: Steven Soderbergh.

Reparto: Benicio del Toro, Cristian Mercado, Franka Potente, Jorge Perugorría, Joaquim de Almeida, Othello Rensoli, Armando Riesco, Óscar Jaenada, Pablo Durán, Carlos Bardem, Lou Diamond Phillips, Jordi Mollà, Pedro Casablanc, Eduard Fernández, Yul Vázquez, Matt Damon.

Tráiler

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           A pesar de que en el festival de Cannes se proyectaron conectadas -con unos minutos de descanso entre ambos pases-, Che: El argentino y Che: Guerrilla, los dos episodios del díptico de Steven Soderbergh sobre la trayectoria revolucionaria de Ernesto ‘Che’ Guevara, pueden funcionar perfectamente como entes autónomos. Las diferencias estilísticas y prácticamente de tono son notorias entre sendas mitades. De inicio parecen trazarse ecos entre una y otra, como el saludo en fila a los combatientes de la guerrilla alzada contra una dictadura, en este caso el régimen militar del general René Barrientos en Bolivia. Sin embargo, parecen reflejos destinados a profundizar en la sensación de amargura y desesperación que domina esta segunda cinta en la que el revolucionario rosarino se adentra en las quebradas bolivianas persiguiendo las sombras del libertador Simón Bolívar, precisamente héroe epónimo del país andino.

           En Che: Guerrilla comparece la versión más quijotesca del Che, tanto en el sentido de su lucha idealista -de la que ya por entonces era un icono reconocido universalmente- como de su delirio patético, enmarcado en un proyecto que, a su propia manera, parece encontrarse más con antiepopeyas americanas como la que Ramón J. Sender narraba sobre Lope de Aguirre -luego traducida en fotogramas por Werner Herzog en Aguirre, la cólera de Dios-. Es decir, una aventura que, desde su nacimiento, se percibe con la urticaria del fracaso, condenada como un imposible por el mismo atrevimiento megalómano que lo origina.

Si Che: El argentino se había asentado sobre un relato de estilo visual desmitificado, aquí la gramática del director estadounidense se concentra en una todavía mayor austeridad, expuesta en esta ocasión a través de un esquema lineal que se adentra progresivamente en el descalabro de la misión de la guerrilla de Ñancahuazú, relatada en iluminación fría y colores apagados, entre parajes polvorientos, paupérrimos, degradados e incomprensibles para el ideólogo revolucionario. A tenor de esta formulación estética, es significativa entonces la lectura que pueda extraerse del empleo de un plano subjetivo en el desenlace de la película, cuando la mirada del Che es la mirada del espectador.

           Siguiendo este argumento, es destacable también que, pese que toma asimismo los hechos de los escritos de Guevara, el discurso político apenas aparece en el metraje, o cuando lo hace no posee ni por asomo la reverencia que se le concedía en Che: El argentino, en distinguido blanco y negro y con el público bebiendo sus palabras. Y, en paralelo, las tareas campesinas son penosas, pura supervivencia; alejadas pues de la comprometida entrega con la que el personaje histórico acometía sus labores facultativas y docentes en la anterior. La languidez narrativa que había lastrado la película inaugural aquí se torna un rasgo apropiado, acorde al fondo de lo que se cuenta. No molesto, a mi juicio, sino convertido en una pulsión inevitable y necesaria.

           Che: Guerrilla no es tampoco especialmente incisiva en su abordaje de las dudas que pudiera albergar el mito desconcertado, sometido a un inclemente derribo por las circunstancias adversas. Pero esta perspectiva terriblemente desilusionante adquiere una notable personalidad y proporciona una obra interesante por su clima desapacible, de punzantes sensaciones terminales, a cada paso más desesperada, que exponen que, en la realidad histórica, los crepúsculos no sobrevienen con duelos de romanticismo elegíaco o con un martirio inspirador, como ocurre por ejemplo con el pasional revolucionario Jesús Raza de Los profesionales -un personaje con el rostro rocoso de Jack Palance, quien precisamente había interpretado en Che! a un Fidel Castro con inquina contra Guevara-. El curso de la Historia no acostumbra a respetar iconos.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7.

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