A cada uno lo suyo

16 Mar

“El tiempo de los poetas pensando en las nubes ha pasado”. Elio Petri adopta un tono serio, intermediado por el cronista oficial de la Sicilia contemporánea, Leonardo Sciascia, y comenzaría a consolidar su nombre como cineasta con A cada uno lo suyo, una investigación personal en el reino de la Cosa Nostra. Para la sección de estrenos en DVD de Cine Archivo.

.

.

.

Año: 1967.

Director: Elio Petri.

Reparto: Gian Maria Volontè, Irene Papas, Gabriele Ferzetti, Giovanni Pallavicino, Mauro Scaccia, Luciana Scalise, Salvo Randone, Luigi Pistilli, Franco Tranchina.

Tráiler

.

          “Me siento obligado a hacer películas, digamos, útiles. Creo que actualmente la situación política es tan grave que un cineasta no puede abandonarse a sus debilidades, a su puro y simple talento o a ciertos filones de su formación intelectual”, confesaba en cierta ocasión Elio Petri en referencia a sus deseos de emprender una incursión en el género musical. “El tiempo de los poetas pensando en las nubes ha pasado”, le explica al protagonista de A cada uno lo suyo, como reflejando la posición innegociablemente fiscalizadora del director romano, un sacerdote desengañado que conoce al dedillo los mecanismos ocultos de poder que controlan y determinan el destino de los habitantes de Sicilia.

Después de trabajar como guionista y auxiliar de realización, Elio Petri había debutado en 1961 en la dirección de largometrajes de ficción con El asesino, una cinta que define ya en buena medida sus rasgos de estilo fundamentales: la caricaturización farsesca de una sociedad italiana corrompida e inmoral, dominada por la decadencia de los valores políticos, sociales, culturales y, en definitiva, humanísiticos. Seis años más tarde, en su quinta película en solitario, su trayectoria doblaría uno de sus principales cabos con el estreno de A cada uno lo suyo, que comenzaría a conferirle mayor notoriedad a su figura de cineasta comprometido y de izquierdas. Sin embargo, el tono narrativo que escoge en este filme está alejado de cualquier comicidad —a excepción significativamente de sus conclusiones finales, lo que, dado el contexto precedentemente expuesto, multiplica con eficiencia la amargura de la obra y su dimensión crítica—.

          A cada uno lo suyo se basa en una novela de Leonardo Sciascia, el gran cronista de la Sicilia contemporánea —en el Séptimo Arte destacarán las aproximaciones de otros directores también de gran conciencia política a otros tantos relatos mafiosos: Damiano Damiani con El día de la lechuza y Francesco Rosi con Excelentísimos cadáveres. Al igual que Petri, el escritor había estado afiliado al Partido Comunista, alejándose posteriormente de su dogmatismo acrítico —esa pregunta compartida a los protagonistas de El asesino y la aquí comentada acerca de si “siguen votando al partido”—. Petri volverá a su corpus en Todo modo.

Y es que se trata de un director fiel a su gente, que va desde el editor Ruggero Mastroianni hasta el guionista Tonino Guerra —con quien ya había compartido redacción de libretos en su etapa anterior—, pasando por rostros habituales como su actor fetiche, Salvo Randone, omnipresente en su filmografía, o Gian María Volonté —Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha, La clase obrera va al paraíso, Todo modo—, que comenzaba entonces a labrarse su propia carrera como intérprete de prestigio y comprometido con la realidad de su tiempo aprovechando la popularidad cosechada en los spaghetti western Por un puñado de dólares y La muerte tenía un precio, y en la exitosa comedia medieval La armada Brancaleone. Por el contrario, más independiente se mostraría Petri respecto de los productores. Receloso de la dominación de los grandes capos del cine italiano, se decantaría en esta ocasión por un neófito, Giuseppe Zaccariello, que se amoldase a sus deseos de libertad artística.

          Ambientada en la hermosa localidad de Cefalú —cuya notoriedad en el cine vendrá sobre todo de la mano de Cinema Paradiso—, A cada uno lo suyo desgrana la investigación que, a título particular, desarrolla un profesor tras el asesinato impune de dos amigos. Desde la fundacional En el nombre de la ley, un magnífico western sículo, el cine del país se había asomado al abismo centenario de la Cosa Nostra a partir de sus sanguinolentas manifestaciones, que revelan la sociedad hermética y férreamente estratificada bajo la estructura alternativa —o superpuesta— al Estado que ofrece el poder mafioso. Cabe resaltar también en esta década de los sesenta el decisivo ‘film-inchiesta’ de Francesco Rosi Salvatore Giuliano, ya huérfano de cualquier lirismo romántico sobre el ‘fuorilegge’ e incursión en la naturaleza turbulenta de la auténtica protagonista de esta película de tintes cercanos al documental: una isla que ni es Europa ni es África, dueña de una idiosincrasia particularísima en la que se entremezcla sin solución de continuidad pasión y violencia, belleza y pobreza; todo desgarro y donde “tutto è política”.

Una sentencia que hace propia la propuesta de Petri, donde las actividades criminales se incardinan en la existencia cotidiana —y, por tanto política— de la región, a espaldas del Gobierno de Roma, que lo desdeña como asuntos “pueblerinos” casi sacados de una película de “Chicago, Texas o Dallas” —un apunte de rabia contra la presunta superioridad social y moral de los Estados  Unidos—, pero, al mismo tiempo, perteneciente a un sentir típicamente italiano que se manifiesta en dicotomías tales como que el recorte de la palabra “morir” exhiba en el anverso el sello papal que lustra el diario L’Osservatore Romano o que los individuos que han hecho del homicidio negocio conserven aun así un firme sentido religioso que les obligue a persignarse al transitar lugar sagrado.

También en la identificación absoluta de los crímenes violentos con los crímenes de honor, en la constitución del “cornudo” como máxima humillación que legitima un resarcimiento igualmente incontenido, en la convivencia de la vigilancia de la comunidad —el cotilleo y las habladurías— con la reclusión en el atemorizado aunque cómplice silencio delictivo —la ‘omertà’—.

          Es posible que A cada uno lo suyo le falte rugosidad y aristas en su estudio social, o quizás despegarse de los personajes principales para no dejar ese paisaje antropológico y político del territorio en meros bosquejos. En cambio, domina la obra una decepción que podría interpretarse que está materializada simbólicamente en la incapacidad sexual del protagonista, vertiente que por otro lado aporta un añadido pseudoromántico de escaso interés y que, peor aún, traba ocasionalmente el ritmo y la profundidad de la narración y hace previsible la evolución de los acontecimientos. Sin embargo, sí consigue reforzar la amargura y la sensación de impotencia que destila la película, rematada por un desenlace por completo ceniciento, tremendamente hostil en su ironía y muy elocuente en su propósito de revestir a sus tesis de una atmósfera poderosamente desilusionada.

          A modo de coda, hay que destacar que A cada uno lo suyo obtuvo el premio al mejor guion en el festival de Cannes, ex aequo con la francesa Jeu de massacre.

.

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: