Cartas a Iris

20 Feb

Después de abordar la ópera prima de Martin Ritt, Donde la ciudad termina, en la primera parte del especial de Cine Archivo dedicado a su figura, en esta ocasión corresponde acometer el cierre de una filmografía que jamás perdió de vista su compromiso con la sociedad de su tiempo. Cartas a Iris, la despedida de un cineasta concienciado para Cine Archivo.

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Año: 1990.

Director: Martin Ritt.

Reparto: Jane Fonda, Robert De Niro, Swosie Kurtz, Martha Plimpton, Harley Cross, Jamey Sheridan, Feodor Chaliapin Jr.

Tráiler

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           Incluso en sus películas a priori más convencionales, Martin Ritt no perdió de vista el compromiso social y de izquierdas que caracteriza su filmografía, desde sus inicios hasta su final.

Aunque con Loca de por medio -una mezcla de intriga y drama que luce asimismo su correspondiente coartada reivindicativa- el cineasta neoyorkino concluiría su obra con El romance de Murphy y Cartas a Iris, dos cintas románticas de corte esencialmente amable y que comparten un esquema fundamental que se define bajo la premisa de la segunda oportunidad que concede el autoproclamado país de las oportunidades. Un arco temático que en ambos casos se identifica tanto con el progreso económico-laboral -la consolidación desde la nada de un rancho de caballos en la primera, el aprendizaje de la lectura y la escritura en la segunda- como con el restablecimiento de la esperanza sentimental -la reparación de la soledad en una pareja en principio chocante por la personalidad de sus miembros potenciales y en la que una de las partes sufre la ausencia del cónyuge fallecido mientras que la otra está cohibida por el rechazo que le produce cierta condición de marginalidad debida bien a que es un recién llegado, bien a que posee limitaciones para relacionarse a causa de su trayectoria vital-. Dos vertientes que, combinadas, se traducen en la regeneración de la dignidad de estas personas que se encuentran en los márgenes de los grandes relatos.

En cualquier caso, si se podría equiparar perfectamente el concepto de sueño americano con la lotería -en el sentido de que representa una idea que, bajo toneladas de ilusión propagandística, oculta un escasísimo porcentaje de opciones reales de materializarla-, es posible afirmar de la misma manera que esta noción de segunda oportunidad, intermediada por supuesto con el deber de la superación personal, sería el reintegro que concede la casa, igual de falaz en su composición teórica y, en último término, conformista respecto del status quo del país norteamericano, en paradójica oposición con muchos de los postulados defendidos por Ritt en su discurso cinematográfico. “Iris, nada es imposible”, resume Stanley en la última línea de diálogo de la función.

           No obstante, en descargo de Ritt, cabe reiterar los detalles de rebeldía que aparecen en el argumento de estos dos filmes. Cartas a Iris comienza amoldándose a la sinfonía de una ciudad que amanece, Waterbury, Connecticut, que es intercambiable con cualquier otra urbe mediana de los Estados Unidos. Dibuja su realidad observando sus longevas fábricas, sus caudales de tráfico y la existencia anodina de sus suburbios, pues es esta la realidad que habitan los protagonistas: gente corriente con sus desencantos y sus ilusiones. En concreto, se trata de una operaria de la factoría pastelera local, Iris (Jane Fonda), y uno de los cocineros de la cantina de la misma, Stanley (Robert De Niro). Y es cuando Ritt acerca el plano hacia estos individuos cuando, por la proximidad del detalle, empiezan a descubrirse los desperfectos que deslucen esta imagen del arranque, levemente poético y apacible a su modo. Aparecen entonces el desempleo rampante, la delincuencia asociada a la desesperación, la explotación del proletariado, la desprotección social de las clases humildes, la desestructuración del núcleo familiar…

Suponen apenas apuntes, entreverados con alicientes melodramáticos quizás un tanto envejecidos o que no terminan de funcionar adecuadamente -el embarazo juvenil y las discusiones con la hija; un caso de analfabetismo no demasiado verosímil-, pero son en definitiva elementos significativos para componer el contexto en el que se desarrolla este drama de amor maduro, en el que la compañía se torna casi una necesidad fisiológica, como alimentarse o dormir. En este aspecto, comparecen paralelamente en el libreto otras tantas reivindicaciones, en absoluto ajenas al realizador, en favor del empoderamiento femenino, puesto que el liderazgo de la acción pertenece a una mujer fuerte que se convierte en baluarte familiar -y hasta de la comunidad- frente al desmoronamiento sentimental que la acecha -las deudas y fracasos afectivos- y, sobre todo, frente a las dificultades materiales a las que trata de sobreponerse. Una mujer que, en otro rasgo de integridad nada baladí por parte de los artífices de la película, también expresa abiertamente sus necesidades sexuales, no solo románticas.

           A pesar de estar inspirada en una novela de la británica Pat Barker, resulta lógica la coherencia de Cartas a Iris con el corpus de Ritt, también porque se encargan de elaborar la adaptación -que deja pocos trazos reconocibles del texto original- el tándem de guionistas preferido por el director: Harriet Frank Jr. e Irving Ravetch, con quienes había colaborado anteriormente en El largo y cálido verano, El ruido y la furia, Hud: El más salvaje entre mil, Un hombre, Conrack, Norma Rae y precisamente El romance de Murphy. Merece la pena señalar que ninguno de ellos volvería a escribir un guion después de la película aquí comentada, tras cuyo estreno fallecería Ritt pasados apenas diez meses. Y no sería la única despedida que acogiera la obra, si bien en este caso temporal: Fonda no retornaría a la gran pantalla hasta más de 15 años después, con La madre del novio.

           Recibida negativamente por la crítica y la taquilla, Cartas a Iris propone una película un tanto convencional en su estructura, pero es también una película que está narrada desde un solvente clasicismo -que no academicismo- y que profundiza con calidez y atención en la vida emocional de sus personajes, a los que retrata con cuidado en sus aprietos y sus anhelos, en sus contradicciones y sus fortalezas.

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Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 6,5.

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2 comentarios to “Cartas a Iris”

  1. Hildy Johnson 20 febrero, 2017 a 19:07 #

    Pues la vi solo una vez… y me recuerdo en la sala de cine cuando se estrenó. Y fui ilusionada por ver a Robert de Niro y a Jane Fonda. Y sé que la sentí plácida, que salí tranquila, sonriendo. Recuerdo una bicicleta, recuerdo la vestimenta y los pelos de Fonda, recuerdo cómo se va dando cuenta de que el personaje de De Niro no sabe leer… Me dejó una bonita huella. No, no me importaría volver a verla.

    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 21 febrero, 2017 a 22:54 #

      Ya es un dato significativo que una película logre dejar huella, pero quizás que sea plácida no termina de ser una virtud. Puede que le falte un poco de rabia. Pero a Jane Fonda, ¿cómo no acordarse de Jane Fonda allí donde aparece?

      Besos.

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