Archivo | noviembre, 2016

Lo tuyo y tú

21 Nov

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Año: 2016.

Director: Sang-soo Hong.

Reparto: Kim Joo-hyuck, Lee You-young, Kwon Hae-hyo.

Tráiler

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           Las películas de Hong Sang-soo poseen un aura especial y fascinante, destinada a reventar las fronteras. Las fronteras entre la realidad y la ilusión, entre la apariencia leve y la profundidad reflexiva, entre el tono naif y la agudeza analítica, entre el humor y la tragedia, entre la tradición y la experimentación. Dicotomías que caen hacia uno y otro lado de la línea central que surca el relato: la que divide a los protagonistas entre la realización o el fracaso amoroso.

En el penúltimo filme del cineasta, Antes sí, ahora no, esta división se trasladaba incluso a los códigos cinematográficos y dramáticos, ya que a una primera narración sobre un encuentro romántico se le enfrentaba una segunda mitad que enmendaba a la anterior o, cuanto menos, la reensayaba desde una mirada diferente que, a la postre, afectaba a la lectura de la obra en su totalidad; en su aspecto artístico y existencial.

           En Lo tuyo y tú, Hong abunda en esta inquietud emocional a través del dilema de un hombre que rompe con su novia tras echarle en cara su afición al alcohol, alimentada además por los rumores de su círculo de amistades. De esta manera, prosigue su exploración de los mecanismos que rigen las relaciones románticas empleando para ello a unas criaturas extrañas pero que, no obstante, se mueven por sentimientos y reacciones universales y reconocibles, profundamente convencidas ellas de que el amor es el sentido único de la vida.

           El director y guionista expone entonces este objetivo amoroso como un camino inevitablemente patético y espinoso en el que es obligado hacer un esfuerzo descomunal para vencer las barreras existentes, levantadas por las dudas y prejuicios propios, los defectos ajenos y los condicionantes sociales y ambientales.

Un trayecto privado que, además, tiene bastante de engaño autoinducido o de necesidad voluntaria, dado que, desde una perspectiva personal, es imposible saber a ciencia cierta si está realmente justificado, mientras que desde un punto de vista ajeno la locura del amor resulta difícilmente comprensible. Más aún teniendo en cuenta que ese recorrido conduce a un desenlace siempre incierto, precedido de encrucijadas que prometen mil universos posibles, y que en último término también será siempre imperfecto o incluso incompleto, por mucho que se insista en idealizar tanto el concepto de Amor como el ‘objeto’ sobre el que se proyecta: la pareja.

           En resumidas cuentas, Lo tuyo y tú no deja de ajustarse, por así decirlo, a los parámetros clásicos de toda historia, en el sentido de que su protagonista debe emprender un viaje transformador, si bien con la huella estilística del autor surcoreano perfectamente palpable en esas conversaciones de apariencia improvisada e incluso un tanto teatral, en la importancia idéntica de los hechos reales y las situaciones deseadas, manifestada en la forma de plasmarlas ambas con apenas distinciones, o en los chispazos de desconcertante excentricidad que irrumpen en medio de la cotidianeidad de la puesta en escena -dos ejemplos esenciales: la alusión a la madre moribunda y la permanente desorientación que produce el personaje femenino; los dos con su relevancia narrativa y auténtica en entredicho-.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 7,5.

Juárez

18 Nov

La película que condujo a John Huston a embarcarse en la dirección de películas… Nada como un desengaño para iniciar una de las más grandes carreras del séptimo arte. Juárez, el prócer político, el romanticismo anacrónico, el americanismo y los vientos de la guerra europeos, para la sección de cine clásico de Bandeja de Plata.

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The Neon Demon

17 Nov

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Año: 2016.

Director: Nicolas Winding Refn.

Reparto: Elle Fanning, Jena Malone, Karl Glusman, Bella Heathcote, Abbey Lee, Desmond Harrington, Keanu Reeves, Christina Hendricks, Alessandro Nivola.

Tráiler

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            Nicolas Winding Refn es fiel a sí mismo; a su concepción del autor. Ya lo demostró en Solo Dios perdona, para disgusto de muchos de los seguidores que había cosechado con Drive, la película menos representativa de su corpus -su carácter de encargo se revela en que es su único largometraje donde no combina las funciones de dirección y escritura de guion- y probablemente también la más redonda, a su pesar.

            Con The Neon Demon, el cineasta danés redobla su apuesta innegociable por explorar su universo particular, donde elevadas inquietudes existenciales y metafísicas, apegadas empero a pulsiones sórdidas y viscerales, se expresan a través del simbolismo estético, envuelto en ropajes iluminados por luces de neón -como reitera aquí precisamente el título- y música electrónica cuajada con sintetizadores.

Quién sabe si inspirado por el rodaje del anuncio de Gucci Premiere con Blake Lively, en la presente se suma además un mensaje crítico contra el sistema sociocultural y económico imperante -la competitividad exacerbada, el ser humano como pieza desechable, el culto a la belleza y la apariencia- a partir de la incursión del argumento -situado entre el thriller y el terror con base de cuento tradicional- en el mundillo de la moda, desde el que se eviscera un nuevo estudio sobre la voracidad del ‘show business’ y su afición a fagocitar cuerpos y almas -el escenario, como si de una de estas cintas metacinematográficas se tratase, también se ambienta en Los Ángeles-.

            Pero, para diseccionar el cuerpo en busca de sus tumores, Refn emplea un cuchillo de mantequilla, por más que se envuelva la mano en un guante ornado de brillantes ostentosos. La alegoría surrealista que compone a través de esta Alicia en el país de los vampiros, los sacamantecas y los monstruos -interpretada además por Elle Fanning, ya cándida princesa Disney en Maléfica-, es tan burda en su concepción, desarrollo y conclusión que anula los efectos narcotizantes que sí lograba conservar, a mi juicio, la elaborada narración visual de Solo Dios perdona, en la que sin embargo cabe reconocer que sus limitaciones como escritor eran igualmente perceptibles -como presentes estaban asimismo en obras anteriores-.

            Perdido el velo de la hipnosis formalista en gran parte del metraje, se descubre en la pantalla una exposición vulgar de un descenso a los infiernos -internos y externos, por aquello de la dualidad humana- donde la procurada abstracción se torna oquedad y la ironía ridiculez; a la par que se recorre una galería de interpretaciones estrafalarias y, por fin, la deliberada chabacanería en la que Refn inserta a sus criaturas -incluida la banda sonora de nuevo a cargo de Cliff Martínez, versión tétrica del hilo musical del Bershka- termina por volverse en contra del propio creador, revelando la debilidad de sus pretensiones autorales -entre las que no falta la siempre reprobable autocita-.

Fallida.

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Nota IMDB: 5,9.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 4,5.

Doña Clara

16 Nov

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Año: 2016.

Director: Kleber Mendoça Filho.

Reparto: Sonia Braga, Maeve Jinkings, Irandhir SantosZoraide Coleto, Humberto Carrão.

Tráiler 

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           La rebautización española de Aquarius como Doña Clara parece poner el acento en que esta es una película de personaje. Y de actriz. Porque Doña Clara -o lo que es lo mismo, una inmensa Sonia Braga enseñoreándose del papel y del escenario- es el epicentro desde el que Kleber Mendoça Filho explora temas como la mirada desde el final del camino, la importancia del recuerdo y de su conservación; el consiguiente repaso de las cicatrices de la vida, la construcción, pérdida o consolidación de los vínculos afectivos; el filtro existencial que proporciona la vivencia de la muerte -tanto en el pasado como en el presente-, o la autorreivindicación de la persona en el aspecto profesional, social, emocional e incluso sexual -en especial desde una tercera edad relegada a la desaparición en silencio-.

           Es un retrato complejo, pues, al que aspira el cineasta brasileño, que no obstante cuenta a su favor con la guía artística e íntima de Braga, a los mandos de una crítica de música retirada que, atravesando la sesentena, viuda por largos años y habiendo superado un cáncer de mama, observa el mundo que le rodea, donde comparecen influencias positivas -la familia, las amistades, el deseo y la ilusión que no se malogran- y negativas -la soledad que acecha, las deudas con una misma y con los que le rodean, la progresiva pérdida de oportunidades, el acoso de una inmobiliaria para que venda su apartamento donde se ha escenificado su vida, los miedos que no cesan-.

           Como asumiendo el carácter de su protagonista, el filme aborda con elegancia, serenidad y madurez el desafío de reflejar y transmitir este arrollador cúmulo de sensaciones. En paralelo a la semblanza de la mujer -minuciosa y paciente a partes iguales, subyugante en su conclusión-, la lucha del individuo desamparado contra la omnipotencia impune de la gran empresa aporta intriga dramática y crítica social al desarrollo del argumento, descubriendo a su paso la podredumbre que aún persiste en la médula del país sudamericano.

Porque, enseña Doña Clara, el cáncer no está en el pueblo, sino enquistado en el sistema -a pesar de que, por medio de la corrupción de los ideales humanos en ideales materiales, extienda su metástasis hacia o junto a determinados individuos-.

           Curiosamente, Doña Clara resulta más inspiradora en su calado existencial, tan melancólico como enérgico, si bien su compromiso político, trascendido ruidosamente fuera de la pantalla -el equipo artístico de la producción escogería el altavoz del festival de Cannes para calificar de golpe de Estado el ‘impeachment’ contra la presidenta Dilma Rousseff-, le costaría sus aspiraciones a liderar la candidatura brasileña al Óscar a la mejor película de habla no inglesa.

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Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 8.

La doncella (The Handmaiden)

15 Nov

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Año: 2016.

Director: Park Chan-wook.

Reparto: Tae-ri Kim, Min-hee Kim, Jung-woo Ha, Jin-woong Ho, So-ri Moon.

Tráiler

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           La doncella (The Handmaiden) supone el regreso a Corea del Sur de Park Chan-wook después de su aventura americana, Stoker, así como la recuperación de su trabajo como guionista, al que había renunciado en la anterior para desgracia de la producción, que no obstante mantenía unas cuantas líneas recurrentes de la filmografía del cineasta. Porque en La doncella, una vez más, nada es lo que parece. Tanto o más cuando narra la historia de una estafa protagonizada por dos trileros de barrio bajo coreano y una noble japonesa inocente y frágil, a la que pretenden desplumar su herencia por medio de un matrimonio engañoso y su posterior traslado tras los muros del manicomio.

           Park, libre de nuevo de los grilletes de Hollywood, desencadena igualmente su laberíntica arquitectura argumental para acompañarla de su no menos elaborado estilo formal, abigarrado y en ocasiones excesivo, por ejemplo, en el uso de los movimientos de cámara, tan insistentes y raudos como los giros de guion que propicia la estructura dual del relato: el anverso contra su reverso, el truco sobre el truco.

Por medio de estas maniobras pirotécnicas, el filme permanece en constante fluidez, mutando incesantemente para entretenimiento del espectador, que a partir de una intriga sobre fraudes choca repentina y violentamente en su viaje contra un dilema amoroso donde se discute sobre las inclinaciones viscerales del ser humano hacia ambiciones materiales o sentimentales. Y, más tarde aún, contra una farsa sobre la liberación femenina contra todo y contra todos. Virajes, transformaciones y sobresaltos entremezclados todas ellos con literatura erótica, terror psicológico, teatro de la crueldad y fantasía romántica; siempre sin moderación alguna -y hasta provocando evidentes contradicciones discursivas, en el caso de las escenas de alto voltaje sexual-.

           La doncella resulta arrebatadora por esa misma descarada, audaz y divertidísima desmesura, incluso a pesar de defectos como la renuncia de Park a la concisión narrativa, en especial en las fases más explicativas de la función, donde la obra corre el riesgo de perder su complejo equilibrio. Malsana, sarcástica, voyeurística, hechizante. Potentísima. La arrolladora factura visual no es un artificio puramente esteticista, sino que aparte de para deslumbrar la retina sirve también para sumergirse hasta la cabeza en las relaciones de este triángulo delictivo y amoroso, en las migajas de suspense que deja tras de sí la acción, en el estado mental y afectivo que atraviesan los personajes. En la descomunal caja de juegos y sorpresas que conforma este particular universo, en definitiva.

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Nota IMDB: 8,1. 

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 8,5.

Lady Macbeth

14 Nov

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Año: 2016.

Director: William Oldroyd.

Reparto: Florence Pugh, Cosmo Jarvis, Naomie Ackie, Christopher Fairbank, Paul Hilton, Golda Rosheuvel, Anton Palmer.

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           Es inevitable sentir fascinación por las femmes fatales: las han dibujado así. Son parte de una fantasía a la que el cine ha sacado excelentes réditos, generalmente enmarcándolas en tramas desbordadas de adrenalina y erotismo. Y, por tanto, dentro de las convenciones de esa fantasía, se acepta sentir complicidad hacia sus terribles actos, destinados a condenar a la perdición a los incautos que escuchen sus cantos de sirena.

           En Lady Macbeth, su segundo largometraje, el británico William Oldroyd juega precisamente con la empatía hacia este arquetipo femenino que, como recuerda el título del filme, encuentra raíces en figuras literarias como la conspiradora noble escocesa de William Shakespeare. Como aquella, la protagonista del filme se rebela contra los rasgos de carácter que se le suponen a la mujer -la obediencia, la fidelidad, la ternura, la fragilidad-, reforzados además por las estrictas imposiciones de la sociedad victoriana, que esclavizan al individuo -lo que se aplica tanto a ella como prácticamente al resto de habitantes de la mansión-. 

           Un alzamiento contra el patriarcado, pues, que el cineasta plantea argumental y visualmente para que el espectador se ponga de su parte, divertido por el comportamiento anacrónico y por tanto comprensible de la joven Katherine Lester, interpretada además por una magnética Florence Pugh -igualmente actriz de belleza anticanónica-. Retrata de inicio como una pieza de mobiliario o una simple cabeza de ganado, encerrada en la cuadrícula de un sistema represivo -los planos interiores calculadamente simétricos y pictoricistas-, esta violenta escalada se legitima -dentro de los códigos de la ficción, insistimos- al proyectarse prácticamente como una liberación de los corsés literales y metafóricos que la constriñen -un matrimonio comprado, un encarcelamiento doméstico, una obligación conyugal, social y sexual-.

Hasta que, como Michael Haneke en Funny Games -aunque con menor petulancia y mayor elegancia-, Oldroyd da la vuelta al espejo para enfrentar al público contra su propio reflejo, distorsionado por las emociones a las que le mueve el relato pero, a fin de cuentas, real.

           Este cambio desconcertante y demoledor se plasma por medio de una variación puntual -y talentuda- del lenguaje cinematográfico por la cual la narración se torna cruelmente cruda, gélida. Una aguda y desasosegante evolución que sirve, en definitiva, tanto para desarrollar una reflexión sobre la naturaleza social de la violencia como, en paralelo, una exploración de los mecanismos que rigen las fantasías humanas.

           Premio Fipresci en el festival de San Sebastián.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7,5.

Frantz

13 Nov

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Año: 2016.

Director: François Ozon.

Reparto: Paula Beer, Pierre Niney, Eric Stötzner, Marie Gruber, Johann von Bülow, Alice de LencquesaingAnton von Lucke.

Tráiler

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           Es interesante comparar la relación entre los clásicos y sus actualizaciones. Frantz adapta, libremente, una pieza teatral de Maurice Rostand, que a su vez se plasmaría en fotogramas en una de las enseñas del cine antibélico: Remordimiento, de Ernst Lubitsch. Hay que reconocer el valor de atreverse a remodelar un emblema del género, alumbrado por uno de los grandes maestros del séptimo arte. Aquella era una producción que nacía a la par que comenzaban a atisbarse de nuevo las hostilidades que habían desgarrado al Viejo Continente, contra las que, con enorme profundidad y sentimiento, el cineasta berlinés proponía una reconciliación entre enemigos, sellada por el perdón y el amor. En resumen, era una película que, literalmente, surgía de la muerte para concluir en el amor puro. En la vida.

El contexto histórico, insistimos, potenciaba la necesidad de su existencia. Aparte de que obviamente el mensaje humanista de Remordimiento es eterno, quizás François Ozon haya rastreado en él una vigencia rescatable en tiempos turbulentos, agitados por enemigos renovados aunque difícilmente reconocibles -los atentados yihadistas que hacen presa en Francia, frecuentemente de la mano de individuos naturales del país- y por el rebrote del nacionalismo xenófobo, en parte asociado al fenómeno anterior. Su texto no se percibe tan urgente y palpitante como en 1932, en cualquier caso.

           Ozon escoge para Frantz un punto de vista diferente, que no opuesto: el de la joven viuda alemana que acoge al excombatiente francés, por lo que se guarda el fatal encuentro en la trinchera para introducir un giro dramático que fractura la película en dos mitades, unida a un desmayo encargado de romper la escena que cerraba el filme de Lubitsch. Este nuevo enfoque refleja las cicatrices de la guerra y las dificultades para su reparación desde una nueva óptica: la de la pérdida, no la de la culpa. Otro tipo de vacío, del que cabría discutir si es más o menos universal -la mirada de las mujeres a uno y otro lado de la frontera-, o más o menos difícil de restaurar que el arrepentimiento.

Sea como fuere, la aportación de Ozon al asunto es un añadido en el que la muchacha (una encomiable Paula Beer, lo mejor de la función) toma una parte todavía más activa en la reanudación de la vida, detenida por la tragedia del conflicto -la música que cesa, los estudios que se interrumpen, el color que desaparece-. Esta última es una metáfora formal -el cambio del blanco y negro al color en la fotografía, la tonalidad del vestuario de los personajes- excesivamente explícita dentro de una cinta rodada por otro lado con un estilo contenido. Pero, volviendo al argumento, no da la sensación de que, a la postre, el cambio introduzca novedades destacables que estimulen la revisión, a pesar de no mostrarse condescendiente con los códigos melodramáticos que tienden a condicionar el desenlace de la historia -la redención final, en definitiva-.

           Obviamente, Frantz actualiza asimismo el lenguaje escrito y visual del relato, acercándole a una expresión más moderna y natural, acorde a los estándares contemporáneos. Sin embargo, y también inevitablemente, junto con esa teatralidad propia de los años treinta, se pierde también la potencia narrativa con la que Lubitsch -este sí colosal constructor de metáforas visuales- exponía su alegato, enardeciendo su emoción y su trascendencia.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 6.

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