Los malvados de Firecreek

26 Nov

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Año: 1968.

Director: Vincent McEveety.

Reparto: James Stewart, Henry Fonda, Inger Stevens, Gary Lockwood, Dean Jagger, Ed Begley, Jay C. Flippen, Jack Elam, James Best, Barbara Luna, Brooke Bundy, Robert Porter, Jacqueline Scott.

Tráiler

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            Si una cinta merecía que los distribuidores españoles la renombrasen como Infierno de cobardes, esa era Los malvados de Firecreek. Seña de identidad del western psicológico donde se adscribe, el filme podría pasar por otra variación de Solo ante el peligro -quintaesencia del subgénero- en su exposición de una violencia que no se produce tanto de forma física, sino sobre todo moral; más terrible en sus consecuencias y más perceptible por un espectador que, despojado de la ficticia fantasía del cine del Oeste, corre el riesgo de encontrarse en los fotogramas con su propio y crudo reflejo.

            Este nuevo antisheriff que protagoniza la obra –un ‘shariff’ de hecho, debido a un expresivo error ortográfico- profundiza en el enfrentamiento del estereotipo y del constructo histórico contra sus naturales flaquezas humanas. En consecuencia, el apacible pueblecito donde transcurre la acción se revela como un pudridero de cobardes y tullidos emocionales, y en el que la irrupción de un grupo de villanos tan solo es la excusa que destapa la miseria del lugar. Desde los más apocados hasta los más terribles, todos los personajes que concurren en Los malvados de Firecreek ocultan algo, ya sea una sombra del pasado, desencanto rampante, melancolía terminal, remordimientos insospechados, vicios inconfesables, codicia corruptora o simple estupidez.

Paradójicamente, las dos caras de esta dudosa moneda, encargados de personificar el enfrentamiento entre opuestos semejantes, son una pareja de actores ejemplares, cada uno a su manera encarnación de los valores ideales del país: James Stewart, representación del estadounidense medio que interpreta a un sheriff honorario atormentado por la disyuntiva entre la obligación y el temor, y Henry Fonda, sublimación del idealismo comprometido que aborda aquí a un pistolero a sueldo que atraviesa un doloroso vacío existencial, consciente de su anacronismo y de su caducidad en marcha –balazo incluido en forma de anticipo-.

            Afín al carácter de ambos, y a pesar de puntuales pero significativas intromisiones –la estética descuidada de los forajidos, la presencia de Jack Elam entre ellos, algún rasgo de agresiva fisicidad en la violencia-, el estilo visual de la producción parece procedente de otra época, ignorante bien por incapacidad, bien por testarudez de los cambios que había atravesado ya el western hasta quedar irreconocible por la vía de la crepuscularidad visceral, el realismo contestatario o la caricatura exótica.

            La violencia y la tensión del argumento, decíamos, es implosiva y palpita a través de estos sentimientos exacerbados, donde atruena el combate entre el deber ético y la pusilanimidad de superviviente. La humillación y la dignidad, la renuncia y la culpa; tan reconocibles y paladeables para cualquier ser humano. No hay aquí un John Wayne que tenga claro a quién disparar para arrancar de raíz el presunto o el potencial Mal que acecha a las buenas gentes, como tampoco aparece un Lee Marvin que materialice esta iniquidad abstracta que merece ser aniquilada sin perder el sueño.

Los malvados de Firecreek padece otro de los rasgos idiosincrásicos del western psicológico: la tendencia discursiva del relato, evidente en algunos diálogos que caen en la verbalización evidente de unos conceptos que ya retumbaban con descomunal fuerza en el interior del espectador. Mensajes que, además, siempre ofrecen la tentación de medirlos con el contexto histórico exterior a la sala de cine, en este caso a unos Estados Unidos envueltos en una tremebunda crisis de identidad donde el comienzo del fin del verano del amor anunciaba una turbia pesadilla que amenazaba la salud de las libertades sociales y democráticas de la nación, hundida además en una guerra en Vietnam cada vez más sanguinolenta e inexcusable. ¿Es así la obra una llamada en contra de esa inacción bélica, disfrazada de pacifismo, frente a los despiadados malvados que amenazan este mundo antagónico de la Guerra Fría? Quizás pudiera leerse de esta manera.

            De un modo u otro, la película conserva pasajes dotados de una intensidad admirable, hasta la explosión de unos personajes que tratan con ira de sacudirse su patetismo, probablemente en vano y con independencia del desenlace al que conduzcan sus decisiones.

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Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7,5.

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