Yo, Daniel Blake

9 Nov

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Año: 2016.

Director: Ken Loach.

Reparto: Dave Johns, Hayley Squires, Brianna Shan, Dylan McKiernan, Kate Rutter, Sharon Percy.

Tráiler

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           ¿Para qué variar el discurso cinematográfico y el estilo a él asociado -pensará Ken Loach- si la deriva sociopolítica de Occidente, Europa y Reino Unido se empeña no solo en dar la razón a mis películas, sino en revalorizar la vigencia de su mensaje comprometido?

A quienes afearon la Palma de oro concedida en el festival de Cannes a Yo, Daniel Blake -a la que acusaron de no aportar absolutamente nada a la debida exploración artística del cine y de basarse en modelos ya ampliamente superados-, Loach podría responderles mediante un paseo por las aceras depauperadas del país británico, que son análogas -e incluso arrojan una visión de futuro por los avances liberalizadores emprendidos- a las de cualquier otro del continente en su desprotección del individuo común, su sometimiento de los valores del Estado del bienestar a conceptos puramente estadísticos o su fomento de la fractura de derechos, libertades y oportunidades en base a principios materiales y clasistas. La “necesidad” de una película, en definitiva, entendida de formas totalmente dispares.

           El cine de Loach permanece inamovible porque los problemas que lleva cuatro décadas denunciando permanecen inamovibles. O, si acaso, se agravan ante la apisonadora privatizadora movilizada a escala global a consecuencia de la crisis financiera de 2008. Los hijos de Margaret Thatcher, que se cobran su herencia a manos llenas. Ante el atropello, el director inglés incide -una vez más- en su herencia neorrealista de reivindicar la regeneración moral de la sociedad a partir de la valoración de la dignidad de la persona, preservada a partir de autodefensas ciudadanas basadas en la más elemental solidaridad proletaria.

En esta ocasión, el protagonismo le corresponde a uno de esos individuos catalogados como en riesgo de exclusión: un trabajador veterano, incapacitado por cuestiones físicas -una insuficiencia cardíaca- y desamparado debido a la subasta, privatización y precarización de los mecanismos de redistribución y justicia social que, a priori, deberían ser patrimonio del Estado.

           En su indignación, Loach, de nuevo en estrecha colaboración con el guionista Paul Laverty, se deja llevar por trucos tradicionales, como las concesiones al tremendismo y al maniqueísmo, a fin de potenciar la empatía de su manifiesto político-emocional. Hay tópicos y simplismo en su relato pero, con todo y ello, también hay investigación de campo, capacidad de observación y verdad. Porque, por desgracia, uno no está muy seguro de que las políticas austericidas y la ideología neoconservadora -la del balance de resultados erigido en oráculo incontestable en detrimento de valores inmateriales o morales no cuantificables- no aplique en sus presupuestos prácticos una semejante retahíla de tópicos y simplezas, transmitida además por su maquinaria mediática controlada. Esos clichés, precisamente, contra los que se rebela Blake en su alegato final, en el que rechaza ser un consumidor obediente o un vago subversivo.

           Y en Yo, Daniel Blake, el cineasta exhibe asimismo su característica habilidad para dotar de enorme entidad humana a su personaje principal, redondeada por la naturalidad que le confiere el excelente trabajo de Dave Johns. Aun con la incómoda evidencia de los esfuerzos del realizador para que uno tome consciencia de la situación y secunde los actos del protagonista, es difícil no sentir simpatía por Blake y sus compañeros de desventuras. Es difícil no apreciar en su historia unos problemas capturados a pie de calle, palpables en la cotidianeidad de cualquiera, y ante los que es imposible no sentir vergüenza y rabia.

           ¿Es este suficiente valor para acreditar una Palma de oro? ¿Cambia la perspectiva la inquietante victoria del ultraliberal Donald Trump en Estados Unidos?

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Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 6,5.

11 comentarios to “Yo, Daniel Blake”

  1. Hildy Johnson 11 noviembre, 2016 a 13:05 #

    A mí el cine de Loach siempre me ha llegado. Y con Yo, soy Daniel Blake ha vuelto a hacerlo. Me creo sus personajes. Además, como bien dices, su discurso desde el año 1966 que removió a la opinión pública con su film para televisión Cathy come home no ha perdido vigencia, sino que se ha recrudecido. Me parece que esta vez da una bofetada bien dada. No es un innovador de la forma, pero sabe de lenguaje cinematográfico y puesta en escena… de tal forma que sirven para hacer llegar lo que quiere contar y decir.

    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 11 noviembre, 2016 a 15:15 #

      Yo también considero improcedente exigirle innovación formal a un cine con esta temática, que ha de exponerse con sobriedad. También entiendo que Loach mantenga firme su discurso comprometido y solidario, tanto o más cuando la deriva política le acaba dando la razón en su necesidad. De sus películas aprecio mucha la humanidad y la autenticidad de sus personajes, que están muy vivos, pero hay veces que se pasa de maniqueo y de forzar situaciones para despertar adhesión emocional e ideológica. Creo que ni siquiera le haría falta emplear esos trucos para conseguirla.

      Besos.

  2. kaldina 11 noviembre, 2016 a 21:45 #

    Mira que esta la quiero ver… la voy a chismosiar esta semana y te cuento. 😀

  3. roman ganuza 23 enero, 2019 a 00:45 #

    Ademas, es de una nitidez rotunda ese itinerario burocrático que delata un diseño apasionadamente anticristiano y anti fraternal. Escandaliza. Loach es un predicador, un imprescindible en la escala de Brecht

    • elcriticoabulico 23 enero, 2019 a 13:56 #

      Mira que el tío lleva denunciando décadas unos problemas que no solo no se solucionan, sino que aumentan. Quizás es demasiado bruto en sus discursos, pero también es verdad que ese posicionamiento firme puede ser cada vez más necesario.

  4. roman ganuza 23 enero, 2019 a 15:54 #

    Gracias por todas las respuestas y nuevamente felicitaciones por el portal. Muy bueno en serio

  5. Altaica 16 noviembre, 2019 a 01:11 #

    Nadie discute las verdades como puños que pone de manifiesto esta obra del cineasta británico, pero los evidentes excesos demagógicos por planteamiento y resolución pueril, la manifiesta simpleza y un maniqueísmo que no puede ser soslayado, arruinan todas las sus verdades. Una pelicula necesaria pero plagada de demasiadas evidencias y trucos fáciles. Pornografía social que no ayuda a denunciar una terrible realidad, pues la deja huérfana de la imprescindible limpieza y pulcritud de discurso.

  6. Altaica 16 noviembre, 2019 a 01:26 #

    Curiosamente la mejor película de Loach me parece la menos Loach. “Sólo un beso” es su trabajo más depurado, pulcro, perfecto y curiosamente optimista.

    • elcriticoabulico 17 noviembre, 2019 a 15:50 #

      Es lo que suele pasar con Loach, que es un tío con el que suelo coincidir en las tesis sociales, pero no en cómo las transforma en historias y parábolas. Apunto Solo un beso.

      • Altaica 17 noviembre, 2019 a 17:22 #

        Sólo un beso parece una película de Allen.

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