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La viuda alegre

20 Oct

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Año: 1935.

Director: Ernst Lubitsch.

Reparto: Maurice Chevalier, Jeanette MacDonald, Edward Everett Horton, George Barbier, Una Merkel, Minna Gombell, Ruth Channing, Sterling Holloway, Donald Meek, Herman Bing.

Tráiler

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          El concepto de guerra de sexos, un paradigma tradicional de la comedia romántica, adquiere en La viuda alegre tintes casi literales, de igual modo que, andando la filmografía de Ernst Lubitsch, también lo hará en Ninotchka a partir de una visionaria guerra fría entre el hedonista Occidente y el disciplinado bloque comunista, tornada finalmente en alianza cálida merced a la sonrisa de la Garbo.

          Apropiación de la célebre opereta -por otro lado profusamente adaptada al cine: antes de ésta se contaban ya cuatro versiones-, en La viuda alegre Lubitsch juguetea con una conquista amorosa transformada en misión política, económica y sexual a cargo de un país ficticio, Marsovia, que se vanagloria de desplegar sus estandartes bélicos solo en pos de la conquista femenina.

Un combate cuerpo a cuerpo en el que las tropas marsovias están oficiosamente encabezadas por su campeón de duelos, el conde Danilo (Maurice Chevalier, justificando la leyenda que le atribuye ser la inspiración del Pepe Le Pew de los Looney Toones), experto en trabar ‘relaciones diplomáticas’ con el bello sexo y que debe seducir a una viuda extremadamente acaudalada para salvar a su nación de la bancarrota. Frente a él, repite su principal pareja artística en este tipo de producciones musicales, Jeanette MacDonald, en la cuarta y última de sus populares colaboraciones con Lubitsch –o quinta, si se cuenta la versión en francés de la película que se rodó simultáneamente-.

          El guion, firmado por Samson Raphaelson y Ernest Vajda, fieles aliados del autor, desarrolla así un torrente de diálogos y sentencias ricas en dobles sentidos y alocadas confusiones. Es ahí donde chispea la vis cómica de la obra, en ocasiones con descacharrante inspiración, y estimulada además por el extraordinario tempo que el cineasta alemán les aplica desde la realización. Lubitsch sabe asumir la naturaleza ligera del original potenciando sus gags y espoleando su faceta coqueta y adúltera sin renunciar por ello a la calidad de la dirección y la creatividad narrativa, desplegada en refinados ambientes aristocráticos y extraordinariamente precisa para dibujar el contexto social y la esencia psicológica de los personajes –como, por ejemplo, la sombra negra que es la viuda transitando por su níveo palacete, donde sus ropajes de luto e incluso su perro faldero son, no obstante, frívolas piezas de su armario, perfectamente intercambiables al antojo de la situación-.

          Vistas desde el presente, estas virtudes humorísticas y los hallazgos expresivos se conservan más frescas que las escenas musicales que jalonan la obra, no especialmente deslumbrantes a pesar de un par de aparatosas coreografías colectivas por los salones y pasillos de la embajada. El tiempo ha pasado por ellas, relegándolas a lo incómodamente accesorio.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 7,5.

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