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La podadora (El gran cuchillo)

14 Oct

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Año: 1955.

Director: Robert Aldrich.

Reparto: Jack Palance, Ida Lupino, Rod Steiger, Wendell Corey, Wesley Addy, Everett Sloane, Nick Dennis, Paul Langton, Jean Hagen, Shelley Winters, Ilka Chase.

Tráiler

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           Robert Aldrich estrenaría su compañía, Associates & Aldrich, escogiendo un tema sobre el que gravitarán varias de sus obras más vitriólicas, cargadas de una violencia tan extremada como implosiva: las entrañas podridas de la industria del espectáculo. Los llantos detrás de las risas. El juguete roto. La subasta de los ideales en aras del éxito. El precio del sueño.

           La podadora -también conocida en países hispanohablantes como El gran cuchillo– antecede así a películas oscuras, desbordantes de hiel, como ¿Qué fue de Baby Jane?, La leyenda de Lylah Clare y El asesinato de la hermana George. Para tal propósito, el cineasta acoge una pieza de teatro de Clifford Odets, dramaturgo deseoso de ajustar las cuentas con el monstruo que lo había fagocitado tras emplearlo como simple guionista de reemplazo.

Y, tal cual, vuelca su escrito sobre los fotogramas, manteniendo una estructura muy teatral en la que el compás del drama lo marcan los diálogos, encerrados en escasos decorados donde se reconcentran las sombras que se ciernen sobre el infortunado protagonista: un actor exitoso que ha subastado su romanticismo de juventud para triunfar como el producto-estrella-basura de un gran estudio regido con tácticas puramente mafiosas por un trasunto principalmente, aunque no solo, de Harry Cohn y Louis B. Mayer.

           El filme describe la lucha interna y externa de un hombre por recobrar su vida y su dignidad, asediada no ya por las tentaciones materiales del estrellato, sino por la presión asfixiante de un sistema corrompido que lo parasita y consume para, finalmente, se intuye, desecharlo llegado el momento. Embarcado en un melodrama claustrofóbico –y un tanto excesivo en lo tocante al caso de la actriz de cuarta que encarna Shelley Winters, si bien la cara oculta del coloso nunca deja de sorprender por su fealdad, como ejemplifican las recientes acusaciones de pederastia generalizada-, La podadora construye un descenso moral por las cloacas de Hollywood que, paradójicamente, vierten sus aguas pestilentes sobre las mansiones de lujo de Bel-Air, el nuevo Olimpo de los dioses. Un infierno psicológico en el que apenas se intuyen vías de escape.

          Aldrich vierte pasión en los fotogramas, imbuidos de una poderosa sensación terminal pero que, no obstante, permanecen un tanto estáticos, demasiado encadenado a los discursos, monólogos y declamaciones de los personajes, interpretados asimismo con intensidad dramatúrgica –que no cinematográfica, como debiera ser- por actores como Jack Palance o Rod Steiger, en una nueva muestra de su tradicional propensión a los estallidos de histeria.

           Si bien la censura no cerniría sus garras sobre el rodaje, Aldrich culparía al rechazo que Hollywood sentía hacia su relato del fracaso comercial de la cinta y de su marginación en ciernes en el negocio del séptimo arte.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 6.

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