That Gang of Mine

27 Jun

Estajanovistas con estilo. That Gang of Mine: Joseph H. Lewis en las cadenas de producción de Hollywood, para el especial de Cinearchivo.

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“Hoy en día, califico al cine de industria. Y pensar que podría haber sido un arte, pero lo han convertido en una industria. Han matado al arte.”

Fritz Lang

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That Gang of Mine

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That Gang of Mine

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Año: 1940.

Director: Joseph H. Lewis.

Reparto: Bobby Jordan, Leo Garcey, Clarence Muse, Dave O’Brien, Joyce Bryant, Ernest Morrison, Milton Kibbee, David Gorcey, Donald Haines.

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           En 1940, Joseph H. Lewis fijará su récord personal de estrenos de cine en un mismo año. Serán nada menos que siete las obras firmadas por él, todas ellas de alrededor de una hora de metraje, que llegarán a las salas estadounidenses en ese espacio de doce meses –el cuarteto de westerns Blazing Six Shooters, The Man from Tumbleweeds, Texas Stagecoach y The Return of Wild Bill, más el terceto Boys of The City, That Gang of Mine y Pride of the Bowery-; una cifra que marca distancias frente a las cinco que saldará en 1942, su segundo año más prolífico, o las cuatro –una, The Gold Racket, sin acreditar- que había dirigido en 1937, su primer curso como realizador.

El dato ofrece una muestra de la personalidad cinematográfica de Lewis, disciplinado en el servicio a los estudios, dentro de su sección B en estos primeros compases de su filmografía, y con un ritmo de trabajo frenético que, a buen seguro, le serviría como campo de preparación para su posterior traslado a los seriales televisivos, que llegará en el intercambio entre la década de los cincuenta y de los sesenta y donde participará en shows como Dick Powell, Bonanza o La ley del revólver, si bien destacarán fundamentalmente los 51 capítulos que rodará para El hombre del rifle –cuyo episodio piloto, por cierto, había sido facturado en 1955 por Sam Peckinpah-.

           That Gang of Mine –que en español vendría a ser “mi pandilla”, enunciado con tono afectuoso y un tanto nostálgico- es por su parte otra muestra de esta, digamos, predestinación de Lewis a la dirección de series, puesto que es la tercera cinta de la extensísima saga de películas protagonizadas por los conocidos como East Side Boys y producidas por Monogram Pictures, iniciada ese mismo 1940 y que se prolongará durante el lustro siguiente –si bien algunos de los de los actores o de los personajes provenían de exitosos seriales previos como la seminal y más infantil La pandilla, los Dead End Kids, nacidos en el teatro de Broadway e importados a Hollywood por Samuel Goldwyn, o los Little Tough Guys; que son básicamente variaciones sobre un universo semejante y que, en el mundo del largometraje, tendrán su momento de mayor gloria en Ángeles de caras sucias y Han hecho de mí un criminal-. Así, a That Gang of Mine le anteceden dos filmes dentro de este grupo concreto -la epónima East Side Kids y la antes citada Boys of The City-, mientras que le seguirán otras diecinueve entregas –la inmediatamente posterior, Pride of the Bowery, también suscrita por Lewis-.

Se trata de historias de por sí concisas y repetitivas, de ambientes, tramas y sensibilidades juveniles, y en las cuales el dibujo preconfigurado de los personajes, a priori ya conocidos para el espectador gracias a anteriores presentaciones, permite aligerar el planteamiento del argumento en una narración cuya concisión se ve espoleada asimismo por el reducido presupuesto de estos proyectos elaborados prácticamente en cadena de montaje.

           En That Gang of Mine todo queda sintetizado en un prólogo de escasos minutos en el que reencontramos al soñador Muggs Maloney (Leo Gorcey), al inventivo y carismático Danny Dolan (Bobby Jordan) o al alegre Scruno (‘Sunshine Sammy’ Morrison) en el mismo estado en el que se les había dejado en las precedentes cintas, ahora atentos al nacimiento de una nueva e insólita aventura: las pretensiones del primero de convertirse en jockey profesional para, de una vez por todas, olvidar su marginalidad de chico de la calle y “ser alguien” admirado por la sociedad que le rodea.

El relato propone así un arco dramático en el que exponer de nuevo la esencia de esta heterodoxa e inclusiva pandilla –conformada desde por herederos de una familia acomodada hasta por un chaval afroamericano que encarna los clichés de su comunidad, pasando por un grueso de chicos de clase baja-; un marco humano donde este conjunto de diferencias individuales queda unificado por un fuerte sentimiento de pertenencia y lealtad grupal reforzado además por unas características comunes de inconformismo, solidaridad, determinación y rebelión adolescente de corte amable –o al menos así se percibe desde una desencantada evolución social de 76 años de duración-. La médula misma del país norteamericano, en resumen.

           Película de factoría, armada a partir de elementos estereotipados perfectamente asequibles para el público ‘teen’, That Gang of Mine se desarrolla de una manera tan previsible como sugieren sus premisas, que sirven para incardinar una retahíla de moralejas tradicionales a propósito de la realidad del éxito –concepto esencial en la idiosincrasia cultural estadounidense- y su combinación, contradicción o identificación con otro conglomerado de valores positivos aunque frecuentemente arrinconados por ideas absolutas de naturaleza más ambigua como la ambición.

Sin embargo, sí pueden percibirse en los fotogramas detalles de esa huella de talento y atrevimiento formal que el propio Lewis reivindicaría luego para tratar de elevar su estilo por encima de las sencillas pretensiones de artesano a sueldo y que, con el tiempo, sería igualmente valorada, dentro de las teorías del autor, por cinéfilos iconoclastas como Martin Scorsese o Peter Bogdanovich. Es sencillo por ejemplo identificar esos trávelin y movimientos de cámara que le valdrían el apodo de “Wagon-Wheel Joe” –“Joe carretillas”, en traducción libre-, así como apreciar el nervio que luce la decisiva carrera en el hipódromo, una prueba de su dominio del montaje dentro del escaso margen artístico que, por otro lado, consiente la necesidad de mantener una cadencia de producción estrictamente estajanovista.

Quizás por ello no es esta la mejor obra para detectar las señas de identidad del cineasta neoyorkino, más evidentes en periodos futuros de menor estrés productivo y mayores medios de filmación, como los que vendrán en tiempos posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: -.

Nota del blog: 4,5.

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