Beasts of No Nation

22 Jun

“Vivimos en un mundo que a veces es mucho peor que cualquier cosa que podamos imaginar.”

David Lynch

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Beasts of No Nation

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Beasts of No Nation

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Año: 2015.

Director: Cary Joji Fukunaga.

Reparto: Abraham Atta, Idris Elba, Emmanuel Nii Adom Quaye, Teibu Owusu Achcampong, Annointed Wesseh, Kobina Amissah-Sam, Ama K. Abebrese, Frances Weddey.

Tráiler

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           No hay mayor contraste posible para expresar la dualidad moral del ser humano que enfrentar la pureza de la infancia contra la abyecta ferocidad de la guerra. El sacrificio de los inocentes, víctimas de la maldad acumulada por un cuerpo adulto que ha perdido de vista, hasta las últimas consecuencias, los valores innatos de buen salvaje rousseauniano que se les presume a los niños.

Si bien la fórmula más habitual, campo abonado para el pañuelo moquero, es la de introducir al pequeño en un ambiente bélico para convertirlo en víctima sacrificial –y acaso redentora, mediante un martirologio de Cristo redivivo-, también hay obras que le incluyen como parte activa en el conflicto, yendo un paso más allá en el retrato de esas contradicciones entre la esencia de vida que ha de encarnar la infancia –el futuro, el goce, la maravilla- y la crudeza a la que le enfrenta la degradada naturaleza humana –la violencia contra el prójimo, la muerte, el horror moral-. Ambas soviéticas y ambientadas en la Segunda Guerra Mundial, ahí dejan su ejemplo La infancia de Iván y Masacre: ven y mira.

Pero quizás este conflicto específico, dadas sus características y su lejanía temporal, no es el más favorable para capturar la sensibilidad actual a propósito de la figura del niño soldado. Más reciente en el estreno y la ambientación, cabría mencionar la mexicana Voces inocentes, relato autobiográfico del guionista Óscar Torres acerca de su reclutamiento por el ejército gubernamental de El Salvador en su lucha contra el FMLN. También Alias María, en Colombia. Sin embargo, la perspectiva euro-anglocéntrica vincula este problema especialmente con África, sobre todo por el dominio público de las correrías de señores de la guerra como el ugandés Joseph Kony y su Ejército de Resistencia del Señor. En el cine, este particular ya ha sido abordado frontalmente por cintas como la liberiana Johnny Mad Dog: Los niños soldado, la alemana Heart of Fire o la canadiense Rebelde (Rebelle), nominada al Óscar a la mejor película de habla no inglesa. Este tema sería el escogido por Netflix para continuar con su consolidación como productora y distribuidora de prestigio.

           La plataforma de entretenimiento audiovisual en streaming adquiría así los derechos de Beasts of No Nation, un proyecto en el que el cineasta Cary Joji Fukunaga llevaba trabajando más de un lustro, auspiciado ahora, definitivamente, por el prestigio crítico cosechado con la serie True Detective -que, a su modo, era otro viaje inmersivo en la descomposición moral del hombre contemporáneo-.

Basada en una novela superventas del nigeriano Uzodinma Iweala, Beasts of No Nation captura el viaje al infierno de un niño de un país anónimo del África subsahariana al que las circunstancias arrastran al frente de batalla. La estética escogida por Fukunaga para componer en imágenes la narración de Iweala, adaptada por él mismo, tampoco diferirá en exceso del refinamiento estilístico mostrado en la serie de la HBO, puesto que la pesadilla febril en la que se va sumergiendo el argumento alcanza un grado de elaboración onírica semejante, incluso con recursos formalistas como el coloreado de los fotogramas. A partir de ahí se establece una virulenta confrontación entre la violencia física y psicológica del relato -cristalizada en el correspondiente aunque puntual y contenido grafismo que manan algunas secuencias- y la persistencia enconada de la mirada infantil.

El viaje, de hecho, parte de una situación en la que el filme, salvando las distancias, se esfuerza en asimilar la vida de este niño en territorio neutral con la del espectador occidental, enfatizada a través de elementos como la calidez familiar, las convicciones éticas cristianas, el reflejo divertido de las inquietudes y procesos mentales típicos de su etapa vital, o por detalles ‘civilizados’ que quieren separar el escenario del costumbrismo regionalista, caso de la creencia ingenua del chaval de que los leones solo habitan en los zoológicos. Esta intención de crear una empatía completa entre el ignorante hombre blanco y el sufriente protagonista, a priori tan distante de su contexto cotidiano por localización geográfica como por situación sociopolítica, se refuerza con el empleo de la voz en off con la que el crío verbaliza los sentimientos que despierta en él esta experiencia traumática -este descenso forzado a los infiernos-, subrayando el tono moral del discurso.

           El catalizador de esta espiral demencial y alucinada es la figura carismática, iluminada y barbárica del Comandante, líder anónimo de una facción rebelde que encuentra en el secuestro de niños la base de su batallón. No obstante, su irrupción se percibe pareja inicialmente al resto de monstruos que pueblan el tablero de juego, a espaldas del interés de los países dominantes del orbe o, en el peor de los casos, bajo su anuencia y respaldo –con todo, no vayamos a abusar de criticismo, el personaje foráneo que comparece con mayor claridad ante la cámara tiene de rasgos chinos-.

La influencia a uno y otro lado de la pantalla de este Kurtz nativo, alejado de los vapores lisérgicos y metafísicos de los setenta, terrible por su verosímil proximidad a citados modelos reales como Joseph Kony, es uno de los factores más poderosos de Beasts of No Nation, gracias a la habilidad del realizador para imponer su hechizo sobre el escenario, esté o no presente en él. Aunque, obviamente, aquí la pieza clave es la imponente presencia física de Idris Elba. Aun así, el debutante Abraham Atta no se ve arrastrado por la arrolladora contundencia del líder del reparto y consigue que su protagonista combine, conmovedoramente, dulzura y dureza en sus gestos.

           Hay ocasiones en las que se echa en falta una pizca más de concreción, ya que el metraje queda un tanto descompensado, sobre todo en un tramo final, cuando la campaña se desploma bajo el peso de su propia irracionalidad e inaceptabilidad a la manera de la epopeya de Aguirre, la cólera de Dios o de su emulación coppoliana en Vietnam –resuenan ecos distantes entre las trincheras de la paupérrima mina de oro y el puente de Do Lung-. Un segmento donde, esta vez, parece perderse un tanto la fuerza precedente, pese a ser más proclive para haber abundado en este concepto de enajenación alucinada.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7.

2 comentarios to “Beasts of No Nation”

  1. Hildy Johnson 23 junio, 2016 a 11:13 #

    Qué ganas tengo de ver esta película, de verdad. Me apetece muchísimo. Y más al leer tu texto. No he visto True detective… pero de su director disfruté mucho su versión cinematográfica de Jane Eyre.

    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 24 junio, 2016 a 15:27 #

      Pues yo creo que incluso la puedes ver con el mes de prueba que ofrece Netflix… ¡Por medios que no sea!

      Besos.

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