El demonio de las armas

20 Jun

“Mientras haya armas habrá gente que las utilizará. Para eso sirven, ¿no?, para matar. Y si en esas estamos… si se trata de matarnos, pues nos matamos. Y si no, que dejen de fabricarlas. Si hay armas, se usan. Igual que las guitarras.”

Albert Pla

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El demonio de las armas

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El demonio de las armas

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Año: 1950.

Director: Joseph H. Lewis.

Reparto: John Dall, Peggy Cummins, Nedrick Young, Harry Lewis, Anabel Shaw, Russ Tamblyn.

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            Un contrapicado enmarca el rostro frío pero improvistamente conmovido de ella, aunque lo que domina el plano es el revólver que sostiene con firmeza en su mano. Le contesta un contraplano de él, admirado por la visión de sus apetitos profundos: la belleza, el arma. Ella sonríe y dispara contra él, contra la cámara.

Joseph H. Lewis -que no por trabajar a destajo renunciaba a imprimir cierta calidad artística a sus cintas- sintetiza de esta forma tan expresiva el flechazo –pistoletazo, en sentido literal- que encadena las vidas de Bart y Annie, predestinados por el amor irreparable por la pólvora. El demonio de las armas recupera el modelo prefigurado románticamente en la mitología nacional por Bonnie Parker y Clyde Barrow –ya apropiados y reformulados por el cine en Solo se vive una vez y Los amantes de la noche– o los inminentes Charles Starkweather y Caril Ann Fugate; todos ellos parte esencial de un país que siente fascinación por la libertad absoluta del forajido, ajeno hasta a la última norma del Estado, a las ataduras de la sociedad establecida.

            El demonio de las armas es una película de pequeños detalles visuales que propulsan con su fuerza un paradigma que, si bien siempre atractivo, quizás cuenta con ejemplos mejores –las dos antes citadas, por ejemplo-. Probablemente esto sea debido a que la elemental composición de los protagonistas debilita el potencial del relato: mientras él es un dibujo prácticamente de una pieza, establecido en el prólogo por apuntes psicológicos y encarnado por la mirada limpia de John Dall; ella arroja una perversa ambigüedad de vampiresa –por si fuera poco es extranjera- la cual, finalmente, se resolverá con escasa credibilidad.

No por nada, el título original del filme es Deadly Is the Female –“mortal es la mujer”, en traducción cruda-, lo que parece un indicio de que, en principio, la apuesta de la producción no es por reconstruir el entorno pernicioso que crea, alimenta y destruye a ambas criaturas, sino por estimular esa versión masculina del cuento del ogro y la princesa en apuros que representan las historias de las femmes fatales. “Me siento como si no fuese yo”, reconocerá el hombre embrujado después de uno de los atracos que puntúan la espiral delictiva del matrimonio, fundado y sostenido sobre el arma -de nuevo como los propios Estados Unidos-.

            Así las cosas, sobre el libreto de Dalton Trumbo –intermediado por Millard Kaufman a causa de su marginación por la lista negra anticomunista-, las imágenes de Lewis sobresalen de la rutina y aportan chispazos de ardor visual por medio del uso del encuadre, la composición del plano o la construcción de secuencias tan nerviosas, inmediatas y modernas como las del asalto al banco rodado desde el asiento de atrás de un automóvil. El duelo de puntería como cortejo, el asesinato simbólico a través del espejo, la elipsis entre casas de empeño, el desencuadre azorado de Dall, la niebla en el pantano de cuento trágico. Los fotogramas son más elocuentes que las palabras.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 6,5.

2 comentarios to “El demonio de las armas”

  1. Hildy Johnson 20 junio, 2016 a 16:49 #

    Te cuento algo curioso. Tenía muchas ganas de ver esta película y la encontré en un pack con otra del mismo director: Agente especial. Si bien disfruté de la película por esa mitología que construye de la pareja de fugitivos, como bien explicas en el texto (y con las buenas referencias que señalas), la que supuso toda una sorpresa y descubrimiento fue Agente especial.
    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 22 junio, 2016 a 13:57 #

      Pues apunto la curiosidad, que Lewis, además de stajanovista, parece un director interesante.

      ¡Besos y gracias por el apunte!

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