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Todo por la pasta

19 Jun

“No llames karma a esas cosas que te pasan por gilipollas.”

Chow Yun-Fat

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Todo por la pasta

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Todo por la pasta

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Año: 1991.

Director: Enrique Urbizu.

Reparto: María Barranco, Kiti Manver, Antonio Resines, Pepo Oliva, José Amezola, José Antonio Rodríguez, Ion Gabella, Pedro Díez del Corral, Caco Senante, Luis Ciges, Pilar Bardem, Ramón Barea, Álex Angulo.

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            Precursor, partícipe y enseña de la rama de neonoir que triunfa actualmente en la industria española, Enrique Urbizu comenzaba a adentrarse en el género en el segundo de sus largometrajes: Todo por la pasta. Con todo, la obra conserva cierto tono de comedia de enredo, precisamente el campo en que había facturado su ópera prima, Tu novia está loca, en la que también encabezaban el elenco Antonio Resines y María Barranco.

            No obstante, en la presente palpitan ya las tenebrosas pulsiones que aflorarán por pleno derecho en rotundos thrillers como La caja 507 o No habrá perdón para los malvados. De hecho, por más que pudiera pasar por un trasnochado Harry Callahan cántabro, el cínico y expeditivo inspector Ángel Estada, que interpreta Resines con autoridad, es un perfecto antecesor del Santos Trinidad de esta última –incluso en su nombre de reminiscencias religiosas-, dueño de unos métodos homologables que, en sentido estricto, están impulsados por un escenario degradado, a su vez hijo de una sociedad de entre cuyas sombras emerge la repulsiva acción criminal de la trama.

Porque bajo las capas gangsteriles de Todo por la pasta, subyace el retrato de una España de Transición falaz o fracasada, desangrada por ese cainismo que caracteriza su Historia y que, en este periodo concreto, se materializa en la situación de guerra no oficial entre el Estado español y la banda terrorista ETA, cuestión que asoma de manera significativa como uno de los cabos terminales a los que conducirá el argumento. Terrorismo de nuevo, el tema que suponía el final de la lucha de Trinidad a pecho descubierto, con tácticas tan suicidas y posiblemente igual de reprobables que las que aquí emplea su pariente directo.

            A juego con esta idea, la dirección artística de Álex de la Iglesia arroja contra la pantalla un Bilbao de mal viaje lisérgico, corrompido por la droga, la delincuencia, la prostitución y la bilis podrida. Un micromundo de apocalíptica sordidez que en nada tiene que envidiar al Madrid milenarista que, esta vez en calidad de director, parirá a modo cuna del mismísimo Anticristo en El día de la bestia.

Pero en cualquier caso, recordemos, gobierna el filme un soterrado velo de humor negro que acoge en su seno a un grupúsculo de personajes miserables entrelazados por un botín de 48 millones de pesetas, por el que compiten recurriendo como arma a su propia naturaleza mezquina. Pocos son los personajes que se salvan de la quema, bien por malvados redomados, bien por idiotas sin remedio, aunque sus procederes están retratados con menor ironía y mayor aspereza de la que podrían haber aplicado los hermanos Coen ante una tesitura semejante.

            A pesar de sus enrevesamientos corales, repletos de objetivos y ambiciones que se cruzan, el guion resulta bastante controlado y coherente –quizás chirría un tanto finalmente el personaje de Kiti Manver-, desplegado con vertiginosa eficiencia por el cineasta vasco, lo que le sirve en definitiva para componer un primer apunte de una de las carreras más sólidas del cine criminal español contemporáneo.

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Nota IMDB: 5,6.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 7.

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