Arrebato

8 Jun

“Los espectadores de cine son vampiros callados.”

Jim Morrison

.

.

Arrebato

.

Arrebato

.

Año: 1979.

Director: Iván Zulueta.

Reparto: Eusebio Poncela, Will More, Cecilia Roth, Marta Fernández Muro, Carmen Giralt, Helena Fernán-Gómez, Luis Ciges.

Tráiler

.

           La supernova de Iván Zulueta, cartelista, fotógrafo, director de cine, heroinómano irreparable, solo podía tener cabida en el contexto de la Movida madrileña. En los estertores del franquismo había estrenado ya la igualmente anómala Un, dos, tres, al escondite inglés, auspiciado por José Luis Borau, a la que seguirían una serie de cortometrajes underground de gran ardor cinematográfico y alucinación parida por el consumo de estupefacientes. Sin embargo, la obra que le encumbraría como una de las enseñas del malditismo cinematográfico español, Arrebato, germina en el caldo de cultivo de este movimiento cultural emanado de la esperanzadora pero dudosa y por momentos desconcertante ruptura con cuarenta años de totalitarismo; libérrimo hasta las últimas consecuencias, hasta contra uno mismo.

           Artefacto heterodoxo, inestable y degradado por naturaleza, Arrebato surge como una película de impulsos, y no tanto narrativa. Una sucesión de ritmos viscerales y existenciales desencadenados por la heroína y la relación obsesiva, esclava y parasitaria que se establece entre el creador y su obra, siempre insatisfactoria e incompleta.

Arrebato es, por tanto, un cúmulo de fetichismos y cuelgues insuflados por la droga, por el celuloide, por la decepción y la melancolía vital. El filme, de hecho, se compone desde los códigos del cine de terror, que son aquellos con los que trata de expresarse -o incluso con los que procesa la vida- el cínico director interpretado por Eusebio Poncela.

           Nacidos y concluidos a partir de un enigma que abarca todo este conjunto de impulsos e inquietudes, los fotogramas desarrollan una poderosa experimentación con la atmósfera que recuerda a los juegos con el color y la percepción de David Lynch; más primarios y espontáneos pero no menos perturbadores, próximos al estilo de los padres próceres del giallo italiano –y que lo mismo intranquilizan que sacan de las casillas, según cada espectador-. Diálogos solapados y entorpecidos, registros sonoros invasivos y estridentes, alargados hasta el desafío; doblajes desconcertantes –la hija de Fernando Fernán-Gómez con la voz de Pedro Almodóvar-, referencias cinéfilas abruptas e incluso irónicas –de nuevo, Fernán-Gómez-, delirios visuales y conceptuales,…

Parida por un experimentador suicida, Arrebato no cierra sus puertas a nada, como tampoco buena parte de las interpretaciones –si procede- que se puedan extraer de ellas acerca de la vida y el séptimo arte.

           No obstante, frente a su potencial hipnótico, enrabietado y doliente, esa vinculación de época, desbocadamente rupturista, también irrumpe hoy inevitablemente envejecida a causa de su insistente, gráfica y epatante –para aquel entonces- plasmación del éxtasis colectivo por la droga y el sexo debocado en mil parafilias, contraste con una sociedad donde la presunta libertad ofrecida desde la política poco o nada ha saciado el apetito largamente ayunado. Obra excesiva y urgente, su mundo permanece muy anclado a un instante concreto, si bien el tiempo y las sucesivas generaciones de cineastas y cinéfilos la han ido encumbrando a un estatus de culto como a tantas otras creaciones de la época, dentro de una tendencia que también tiene mucho de nostalgia y mitificación.

           Después de volcar sus venas Arrebato, que había compuesto con cierta intención testamentaria en mitad de una de sus recurrentes crisis personales, Zulueta nunca volvería a realizar ningún largometraje.

.

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,3. 

Nota del blog: 6,5.

4 comentarios to “Arrebato”

  1. Hildy Johnson 8 junio, 2016 a 17:57 #

    … Me gusta esa cámara de cine vampírica, casi es lo que más me atrae de esta obra de Zulueta. Eran años de experimentación formal y de contenido. Hace nada, antes de irme de viaje, vi por primera vez Bilbao de Bigas Luna, del año 1978. Y sí que veo que son dos películas que dialogan, que hablan entre sí.

    Beso
    Hildy

  2. Chris 8 enero, 2019 a 18:41 #

    El film, poco más de 100 minutos de planos heterogéneos cuya exposición desafía la persistencia retiniana, sólo se presta a la descomposición de sus elementos en virtud de una tecnología (el ojo de la cámara, la congelación de la imagen, los fragmentos de película) que altera la dimensión estética, basada en el choque visual y el anonadamiento psíquico que provoca su desfile. Todo es conmoción, sospecha, distorsión, nada es lo que parece, se investiga lo desconocido, se muestra lo imposible de vislumbrar y, no obstante, esta siniestra función se construye en base a un universo cotidiano; el director experimenta con el argumento (del drama al suspense y desembocando en una inquietante película de terror) mientras concede un papel especial al cine, figura de desconexión con el mundo, capaz de crear un realidad paralela propia y de engullir el alma del ser humano, todo esto sugiriendo más que contando.
    Obsesión, desaparición, dudoso destino, saturación de color, inversión de la banda sonora, perforación y consunción de la película, sutilización de las almas, opacidad psicológica, nacimiento de una monstruosa quimera a partir de una mancha roja, replanteamiento de una vocación testimonial del celuloide al tiempo que celebración magistral de su potencia onírica. “Arrebato” va más allá en la comprensión (por parte del cine) de la depredación imaginaria, de la quiebra de la humanidad y el desencanto del mundo, expuesto por Zulueta a través de males terrenales como el abuso de las drogas, el amor venenoso y la frustración profesional, pero tanto en el plano formal como en el narrativo, la figura dominante es la coalescencia.

    Otra de sus claves es el plantel, donde tenemos a un magistral Eusebio Poncela que conduce la película entre sobrio, inestable, simpático, misterioso, detestable, jugando su personaje un importante rol con respecto al de Will More (un caos de ser humano cuyo aspecto y voz se quedan implantados en nuestra memoria), pues mientras avanza la historia uno parece revelarse como el “doppelgänger” del otro; Cecilia Roth en el plano dramático y Marta Fernández Muro en el cómico son las que logran devolver al espectador al “mundo real”. Curiosa la corta aparición del gran Luis Ciges, aunque más lo es la no acreditada de Pedro Almodóvar, quien pone voz a la hija de Fernando Fernán Gómez, Helena.
    Las complicaciones durante el rodaje y el aumento de presupuesto fueron determinantes, pues la asociación entre Astiarraga y Zulueta no terminó nada bien. “Arrebato” pasó de ser una película maldita al principio, por el estado en el que acabó su director y por su dificultad para estrenarse, a una joya de culto cuya legión de seguidores fue extendiéndose, y cada vez más en nuestros días.

    Como una mezcla entre el cine quinqui de los ’70, el surrealismo de Buñuel y los primeros trabajos de Lynch y Polanski, esta absorbente, perturbadora, arriesgada, visceral y enfermiza propuesta se aloja en la mente cual parásito y de ahí se sabe que no se irá.

    • elcriticoabulico 9 enero, 2019 a 18:11 #

      Arriesgada e impactante son dos adjetivos que están fuera de toda duda, pero también me pareció que los años no le sentaban del todo bien. También es cierto que soy un espectador un poco inconstante cuando me enfrento a obras tan rupturistas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: