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Profundo carmesí

4 May

“La pasión es lo único que lo justifica todo, hasta el más horrible de los crímenes.”

Luis Buñuel

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Profundo carmesí

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Año: 1996.

Director: Arturo Ripstein.

Reparto: Regina Orozco, Daniel Giménez Cacho, Julieta Egurrola, Marisa Paredes, Verónica Merchant.

Tráiler

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            Encontrar al ser amado, abandonar todo para entregarse a él en un viaje sin fin y enfrentarse contra el mundo hostil, a tiros si es necesario, por defender un romance vetado y marginal en el que la pasión ardiente colisiona y se funde con la melancolía de lo imposible. La de los amantes forajidos es una de las grandes fantasías de la ficción romántica, de apabullante capacidad seductora y que, en el cine, puede apreciarse en iconos dolientes y con variable grado de violencia como Solo se vive una vez, Los amantes de la noche, El demonio de las armas, Bonnie & Clyde –principal referencia real de este mito constantemente renovado-, Malas tierras o Asesinos natos.

En Profundo carmesí, él asegura parecerse a Charles Boyer, mientras que ella sueña, embebida en las revistas de chismorreos, con emprender un idilio de película con el actor francés –o con cualquiera que se preste a ello, en verdad-. La cinta de Arturo Ripstein se dedica a asestar mazazos a este paradigma de amantes a la fuga hasta transformarlo en una tragedia grotesca donde, por medio de los excesos de sus protagonistas, se derriba la fachada romántica del asunto para dejar al descubierto las pútridas entrañas de dos criminales esposados por una relación enfermiza y nauseabunda, casi forzosa a causa de las circunstancias y de la naturaleza de los implicados.

            La revisión planteada es interesantemente desmitificadora. El problema es que a los quince minutos de metraje se ha acumulado ya una cantidad de patetismo tan tremenda que cuesta trabajo digerir semejante carga y continuar la inmersión en la aventura antiépica de este embaucador al que le quedan grandes por igual los ropajes de caballero y de malvado, y de esta enfermera metida a Medea de derribo que además, con su físico adiposo y sus acciones obsesivas que nunca logran despegarse de una perturbadora sensación de esperpento, encarna por su parte la destrucción de otro arquetipo sublimado por el séptimo arte: el de la femme fatale.

            Sumergidos en una atmósfera permanentemente depresiva, antitética a la libertad que tradicionalmente parecen buscar los jóvenes de este subgénero, la pareja a la fuerza de Profundo carmesí emprende su trayecto hacia el desastre encadenando una serie de escenarios cerrados, de habitaciones de colores lánguidos repletas de sombras, moho y decadencia. Decorados desbordados por la degradación y a través de los cuales se retrata asimismo una sociedad cuyos habitantes viven consumidos por la soledad, sin poder agarrarse siquiera al autoengaño para salvarse de la miseria emocional en la que penan sus días, tan lamentables como estos dos rebeldes en armas.

            El filme, no obstante, evita emitir juicios severos contra sus criaturas y se muestra incluso comprensiva hacia la desesperación de estos monstruos cotidianos, cuyas deformidades son tan comunes como la calvicie, la gordura o la halitosis.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 6.

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