Tom Horn

26 Abr

“El escenario más precioso del mundo no vale una mierda al lado del rostro de Steve McQueen.”

William Friedkin

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Tom Horn

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Tom Horn

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Año: 1980.

Director: William Wiard.

Reparto: Steve McQueen, Linda Evans, Richard Farnsworth, Billy Green Bush, Slim Pickens, Geoffrey Lewis, Elisha Cook Jr.

Tráiler

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            Tom Horn abre sus fotogramas en el atardecer, sobre el que se imprime rotulada la leyenda del protagonista: un hombre de la frontera, héroe de la conquista contra los apaches, que ahora vaga por los últimos espacios libres, en busca de la libertad por la libertad, hasta que se topa con sus últimos días en el Wyoming del comienzo del siglo XX.

Por tanto, no disimula sus intenciones de western crepuscular y marginal, explícitos desde esta simbología y esta prosa primigenias. Y así, en efecto, Tom Horn es todo agotamiento y terminalidad, en el que el otrora forastero errante y salvador ha quedado condenado a ser un monstruo de tiempos remotos o, en el mejor de los casos, un animal del circo ambulante de Buffalo Bill. Es un forajido a la fuerza, en conclusión, porque su libertad innegociable –así como su irreparable radicalidad moral y de acción, propia del superviviente- no tiene cabida en un mundo arreglado, incluso por medio de la ley, a la medida del poder, cómodamente asentado sobre estas vastas tierras roturadas por duros pioneros como él.

             “Me enamoré del Viejo Oeste a través de las novelas”, le reconoce una linda muchacha al bueno de Horn en cierta escena. El romanticismo de este territorio es ya simplemente una cuestión literaria, en absoluto factual. A diferencia de John Ford, quien concedía una retirada inadvertida pero honrosa a este Salvaje Oeste que encarnaba Tom Doniphon, tan valeroso como brutal, en Tom Horn esta redención honorífica no se vislumbra, presa como está del realismo exigido por el cine de su tiempo y por la evolución de un género que había atravesado décadas de crudo desengaño y escéptica revisión.

Aquí, los teóricos buenos se han convertido en una horda de asesinos que se diferencian de los villanos en que delegan su trabajo y, eso sí, pagan a tiempo, aunque con moneda envenenada –la villanía queda y cobarde del populacho, que ya exponía la corriente psicológica del género, en distintas variaciones, a través de obras como El hombre de las pistolas de oro, Cazador de forajidos o, sobre todo, Solo ante el peligro-. En definitiva, si a Cable Hogue le pasaba por encima un símbolo del progreso como el automóvil, a Horn lo que le atropella es un proceso judicial: la imagen de la civilización moderna, con su ley y orden, y que en realidad se encuentra levantada sobre intereses espurios y amañada mediante falsos testimonios.

             Tom Horn es una cinta preparada para el lucimiento de Steve McQueen, productor ejecutivo, cabeza de cartel de la obra y que por entonces se encontraba en un punto incierto de su carrera, con apenas un malogrado estreno desde la taquillera El coloso en llamas y con la huella del cáncer que se llevaría su vida ya impresa en su cuerpo. La función arrastra la carga de una realización brusca e irregular, que no consigue extraer la melancolía necesaria a los fotogramas. Es sin duda producto de la inestabilidad que dominó la silla del director durante la filmación, por la que pasaron cinco personas para satisfacer las exigencias del astro, entre ellas Don Siegel. Aunque, finalmente, y después de que los sindicatos impidieran a McQueen acreditarse al frente del rodaje, terminaría rodándola un director de telefilmes, William Wiard, es de suponer que en funciones de simple testaferro.

McQueen, por supuesto, permaneció a libre su antojo, con la interpretación a su aire. Fallecería menos de ocho meses después del lanzamiento de la película, penúltima de su filmografía y solo sucedida por la discreta Cazador a sueldo, otra elegía de un anacronismo.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7.

2 comentarios to “Tom Horn”

  1. Hildy Johnson 27 abril, 2016 a 13:49 #

    ¡Me ha encantado este texto, mi querido crítico abúlico! Y me has provocado muchas ganas de volver a encontrarme con Steve McQueen.
    Durante aquellos años hubo varios westerns crepusculares donde la modernidad se cernía sobre el salvaje oeste… Ya te he dicho en alguna ocasión el cariño que guardo a El jinete eléctrico.

    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 27 abril, 2016 a 16:08 #

      ¡Gracias, Hildy! Encontrarse con Steve siempre es bueno. Tom Horn no es el mejor western crepuscular, pero tiene cosillas interesantes.

      Besos.

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