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Salvad al tigre

17 Mar

“Cuando alcanzas lo que los demás definen como éxito, confiando en que todo será genial cuando lo consigas, te das cuenta de que nada cambiará. No es algo que te llene o te complete, lo que para muchos resulta desconcertante.”

Natalie Portman

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Salvad al tigre

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Salvad al tigre

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Año: 1973.

Director: John G. Avildsen.

Reparto: Jack Lemmon, Jack Gilford, Laurie Heineman, Patricia Smith, Thayer David, Norman Burton, Lara Parker, William Hansen, Harvey Jason.

Tráiler

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            ¿Qué hay al final de la escalera que conduce al sueño americano?, lleva preguntándose recurrentemente el arte estadounidense, que en el caso del cine ocurre definitivamente a partir de Ciudadano Kane, protagonizada por un hombre tan rico que solo tenía dinero. El Harry Stoner de Salvad al tigre también tiene a su Rosebud perdido en algún trastero, golpeando insistentemente la puerta de su espíritu desmoronado por la rutina de supervivencia que, ejercicio fiscal por ejercicio fiscal, impone el deshumanizado sistema capitalista, hábil para fomentar esa ilusión de que todo individuo puede ser millonario con el honesto sudor de su frente. La lotería pagada con esfuerzo.

            En un país construido sobre la iniciativa particular –sinónimo de iniciativa comercial-, la salud emocional de su sociedad se calibra a través del estado anímico de los vendedores, como ejemplificaba con desoladora crudeza el documental Salesman o, en tiempos recientes aunque evocados desde un pasado coetáneo a la obra de los hermanos Maysles, la serie Mad Men, prueba de la vigencia de su percepción. Las referencias a la prostitución son constantes en el guion de Salvad al tigre, tanto en una concepción relativamente positiva –la venta de fantasía- como, en especial, negativa –la genuflexión moral de quien ruega por conseguir un objetivo que, visto sin la ceguera obsesiva creada por la espiral de libros de cuentas, puede que en realidad sea por completo nimio, si no directamente miserable-.

            Jack Lemmon, un actor que bien pudo encarnar la representación del estadounidense medio, conjuga así, con su dotada sensibilidad interpretativa, los males de la nación en tiempos del fin de los ideales –la muerte de la ballena Kamu, que nadó a contracorriente- y donde el mercantilismo ha fagocitado valores absolutos como el sacrificio –el veraneo en las ensangrentadas playas de Anzio-, el patriotismo –la bandera estampada en los calzoncillos- o incluso el arte –el Teatro Maya, que exhibe porno nórdico donde otrora se proyectaba Quo Vadis-. Chirría un tanto, quizás por el paso de los años, la neurosis de guerra que también atenaza al protagonista –y la vertiente bélica de los negocios que se le asocia-, pero en conjunto el filme compone un fresco perfectamente desencantado, vívido en su amargura.

Una búsqueda accidental triste e intensa, en conclusión, rematada con un extraordinario golpe de gracia y dirigida con encomiable pulso por John G. Avildsen –cuya obra más popular es curiosamente una rendición al sueño americano tradicional, Rocky, tres años posterior-, enhebrado a través de conversaciones apesadumbradas, vagares desnortados por una deprimente Los Ángeles y un leve suspense empresarial –sinónimo, de nuevo dándole la vuelta al concepto, de suspense existencial-.

            Quizás así, el fracaso en taquilla que sufriría en su estreno sea acorde a su esencia. Y contradictorio, por tanto, el Óscar al mejor actor que cosecharía en cambio Lemmon.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 7,5.

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