Archivo | febrero, 2016

El árbol del ahorcado

20 Feb

“El Oeste –palabras que van directas a ese lugar del corazón donde los americanos sienten el orgullo de su herencia del espíritu del Oeste- significa el triunfo de la voluntad personal sobre cualquier obstáculo, natural o humano.”

John Wayne

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El árbol del ahorcado

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El árbol del ahorcado

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Año: 1959.

Director: Delmer Daves.

Reparto: Gary Cooper, Maria Schell, Ben Piazza, Karl Malden, George C. Scott, Karl Swenson, Virginia Gregg.

Tráiler

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             “Parece que llegamos a la civilización”, espetaba ante la visión de un ahorcamiento Clarke Gable, abriendo así Los implacables. En el western, la justicia y sus símbolos cobran una tajante radicalidad, que expresa de este modo las condiciones que gobiernan el escenario. La reacción impulsiva de uno de los mineros del yacimiento de oro recién abierto en la Montana indómita donde transcurre la acción de El árbol del ahorcado, disparando con su rifle a un ladrón de pepitas, no es más que una prolongación de este concepto de justicia directa e implacable, propia de unos tiempos forjados por el hombre a tumba abierta, sin la intermediación de instituciones colectivas que configuren un marco regulativo común, frío y razonado, capaz de imponerse sobre las apetencias de la víscera.

             El árbol del ahorcado plantea una situación esencial en el género, como es la confrontación entre esta corriente salvaje y las tendencias civilizadoras, encarnadas aquí por otro ejemplo ordenador, el médico, que se contrapone a la ley de la horca y, directamente, a la influencia supersticiosa y atávica del curandero. Un conflicto desarrollado en paralelo a otro traumático proceso de civilización alegórica que, en este caso, compete al interior del protagonista –la conquista de sus remordimientos, el dominio de la violencia que brota en él a causa de sus pecados pretéritos-.

A medida que avanza el metraje se impone esta segunda vertiente más psicológica y melodramática, encauzada a través de la tortuosa relación de sanación y dominio que se establece entre el enigmático Joseph Frail (Gary Cooper, protagonizando su último western) y la cándida forastera Elizabeth Mahler (la austríaca Maria Schell), quizás en ligero detrimento de ese violento contexto social que enmarca la obra, tan prometedor en su contundencia y brutalidad –aunque, para ser justos, no menos brutal que la intrigante ambigüedad que embarga la figura del personaje principal-.

             Delmer Daves –que debido a una enfermedad tuvo que ser temporalmente reemplazado en la silla de director por Karl Malden- consigue que ambos dramas convivan equilibrando el interés de la cinta hasta que, por las chispas de ese roce, el argumento se inflame en un incendio de enorme simbolismo.

El árbol del ahorcado es una película narrada con eficiencia y bien interpretada por un reparto donde el clasicismo y la elegancia de Cooper y Schell confluyen y chocan asimismo con la intensidad de Malden o del debutante George C. Scott. Por su parte, el cineasta sabe aprovechar la opresión soterrada que crea ese pueblecito accidental y encerrado en sí mismo -a pesar de enclavarse en un espectacular escenario natural- y capturar en los fotogramas los pavorosos fantasmas que acompañan en su deriva al atormentado doctor.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7,5.

Mala sangre

18 Feb

El amor fou, la fábula irrealizable en una realidad miserable, la decepción. Las claves del cine de Leos Carax, que se consolidan y definen. Mala sangre para la sección DVD de CineArchivo.

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Un lugar donde quedarse

15 Feb

“Si el hombre simplemente se sentara y pensara en su fin inmediato y en su horrible insignificancia y soledad en el cosmos, seguramente se volvería loco, o sucumbiría a un entumecedor o soporífero sentido de inutilidad. Porque, podría preguntarse: ¿por qué debería molestarme en escribir una gran sinfonía o luchar para ganarme la vida, o incluso amar a otro, cuando no soy más que un microbio momentáneo en una mota de polvo dando vueltas por la inmensidad inimaginable del espacio?”

Stanley Kubrick

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Un lugar donde quedarse

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Un lugar donde quedarse

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Año: 2011.

Director: Paolo Sorrentino.

Reparto: Sean Penn, Frances McDormand, Ewe Hewson, Kerry Condon, Olwen Fouere, Judd Hirsch, Sam Keeley, Shea Whigham, Heinz Lieven, David Byrne.

Tráiler

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            Conociéndome como me conozco (poco y mal), lo natural es que no me gustase la interpretación de Sean Penn en Un lugar donde quedarse, donde reluce un copioso esfuerzo de composición gestual, estudio de pose física y aderezos en forma de tics recurrentes. Sin embargo, contradictoriamente, termino por creerme a su rockero en horas bajas, siempre con una maleta de remordimientos y soledad a rastras. Más aún, me da la impresión de que el actor sí desaparece bajo las capas de laca y maquillaje del personaje y le dota de identidad autónoma, independiente de su marcadísimo carácter y su estatus en la industria.

Algo semejante ocurre con el filme, que dentro de su tremenda irregularidad y sus flagrantes imperfecciones y desmesuras –siempre a un paso de hacer descabalgar la obra- logra hacerme partícipe del viaje existencial del protagonista y resultar en conjunto una obra cálida y entrañable. Paolo Sorrentino, entretenido en crear ‘set pieces’ elaboradísimas, articula así el periplo íntimo de una criatura frágil y avergonzada de sí misma, escondida tras su artificiosa parafernalia y, aun así, incapaz de desprenderse de ese simbólico mechón de pelo que le estorba.

            La evidente artificiosidad que aplica a la función el cineasta napolitano no desentona con la naturaleza y las circunstancias vitales de esta estrella angustiada, aislada en su ensimismamiento. Su estilo en la dirección de actores parece también patente en el trabajo de Penn, que construye una máscara análoga a las que Toni Servillo, histrión fetiche de Sorrentino, lucía en L’uomo in più,  Las consecuencias del amor, Il divo premio del Jurado en Cannes, en el que el intérprete estadounidense era precisamente integrante- y La gran belleza.

Por otro lado, el esquema narrativo de esta última, consagración definitiva del realizador con su Óscar a la mejor película de habla no inglesa, tampoco dista demasiado de la que Un lugar para quedarse desarrolla, donde lo relevante no son tanto los individuos y subtramas que descubre el protagonista en su vagar errático –por tanto, sin importar que puedan quedar un tanto descolgadas o inconclusas-, sino lo que expresa cada encuentro insospechado acerca de su convulsa intimidad –con frecuentes y explícitas verbalizaciones, incluso- y, en consecuencia, lo que aportan respecto a su evolución interior.

En este sentido, la puesta en escena surge potente en su juego con el exceso, el desequilibrio y hasta lo onírico para ilustrar esta búsqueda de silenciosa desesperación, sometida a los sempiternos designios judeocristianos de la culpa y la redención, el imperativo espiritual de encontrarle un sentido a la existencia y la necesidad de amor.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 7.

Down by Law (Bajo el peso de la ley)

14 Feb

Polos iguales que se repelen, cárceles exteriores e interiores y un personaje antijarmuschiano que revienta por los aires la soledad, la incomunicación y la desidia habituales en las criaturas del autor estadounidense. Down by Law (Bajo el peso de la ley), una neo-beat-noir-comedy. Tercera toma de Jim Jarmusch para Ultramundo.

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El hijo de Saúl

13 Feb

“Me rebelo, luego somos.”

Albert Camus (El hombre rebelde)

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El hijo de Saúl

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El hijo de Saúl

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Año: 2015.

Director: László Nemes.

Reparto: Géza Röhrig, Levente Molnár, Urs Rechn, Todd Charmont, Jerzy Walczak, Sándor Zsótér, Kamil Drobowolsky, Mihály Kormos.

Tráiler

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             La única rebeldía posible contra el mundo enajenado, la única que tiene sentido, es aquella que reivindica hechos a priori insensatos, iluminados, pero que una vez descubierta su trascendencia verdadera, sirven para enfocar con claridad una realidad antes consciente o inconscientemente velada.

             La febril odisea del sonderkommando Saul Ausländer por enterrar decentemente el cuerpo de un muchacho en un campo de exterminio es la rebeldía irracional y desesperada de un hombre que carga a su espalda con la marca de la muerte y en el rostro congelado la imagen de la deshumanización, en este caso necesario refugio contra otro tipo de deshumanización monstruosa: el Holocausto. Saul cambia sus pasos precisos y automatizados a fuerza de fría supervivencia por movimientos azarosos, obsesivos. Suicidas. Y su levantamiento, realizado incluso en oposición a otras promesas de esperanza, banales en su imposibilidad auténtica, constituye un acto supremo de rebeldía que enfoca, con pavorosa nitidez, una realidad atroz. El Horror.

             Al estilo de excelentes obras como La hora 25 también con la Soah y la Segunda Guerra Mundial en general o Masacre: ven y mira con el Frente Oriental de este conflicto, el itinerario de Saul, en lucha permanente contra la corriente que le arrastra y devora, reconstruye el infierno sobre la Tierra. Registrada mediante ruidos de fondo, entre estrechos y difusos fotogramas, tensísimos fueras de campo y personajes rugosos, la pesadilla que captura resulta todavía más vívida y escalofriante. La anti-Lista de Schindler, considerará Claude Lanzmann, voz autorizada.

             El expresivo prólogo, que configura escenario global y conflicto personal con rotundidad, es absolutamente devastador. El hijo de Saúl arranca con una potencia atronadora, pero no se detiene ahí. Encadenando veraces y absorbentes planos secuencia -fundidos todos ellos con la perspectiva sensorial de su protagonista- László Nemes le agarra a uno por las solapas y no le suelta. La potencia de su narración es descomunal, impropia de un debutante en el largometraje. El filme fluye como un río embravecido, arrollando todo a su paso. Perturbando las emociones y la razón.

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Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 9.

La conquista de Albania

11 Feb

“El reino que defiendo a ultranza es el Reino de Navarra. Soy navarro de pura cepa, como mi madre. El navarro es noble, leal, va de frente y es amigo de sus amigos.”

Alfredo Landa

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La conquista de Albania

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La conquista de Albania

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Año: 1983.

Director: Alfonso Ungría.

Reparto: Chema Muñoz, Xabier Elorriaga, Klara Badiola, Walter Vidarte, Miguel Arribas.

Filme 

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            La transición democrática española tendría como una de sus consecuencias la descentralización de la política después del totalitarismo del régimen franquista, materializada en el denominado como Estado de las autonomías. La cesión de presupuestos y prerrogativas administrativas particulares a cada comunidad autónoma alentaría el desarrollo, en ocasiones paralelo a reivindicaciones históricas de corte nacionalista, de un cine con denominación de origen, semilla cultivada de una deseada industria propia.

La conquista de Albania es hija de estas circunstancias, puesto que, generosamente respaldada por el gobierno de Euskadi, es la recreación de un episodio de expansión internacional -y por ende de reivindicación nacional- del Reino de Navarra: las aventuras de la Compañía blanca en las costas del Adriático.

Pero, precisamente, es curiosa la elección. No solo por la relevancia histórica de los hechos, llamativa aunque anecdótica, sino en especial por el enfoque que se proyecta de los mismos. Porque, por así decirlo, y salvando por supuesto las debidas distancias, La conquista de Albania se acerca más a la antiepopeya delirante e irracional de Aguirre, la cólera de Dios que al tono operístico, romántico y exaltado de Excalibur, a pesar de los fulgores heredados que restallan en ciertos fotogramas –la armadura y la espada, símbolos relucientes de la épica y la divinidad- durante la presentación del filme –donde el idealismo del protagonista aún permanece intacto, es cierto, arropado asimismo por una visión idílica de la vida en los valles del Baztán-. No en vano, el propio narrador proclamará en sus conclusiones lo absurdo de la empresa acaudillada por el infante Luis de Navarra, gobernante legítimo de los exóticos ducado de Durazzo y Reino de Albania por derecho de su matrimonio con Juana de Anjou.

            Es esta sorpresa inesperada la que, a decir verdad, enaltece los resultados de la película –y por el contrario, para aquellos que esperen adrenalina, heroicidad y gloria, los defenestrará sin remedio-. La conquista de Albania es una obra sin duda imperfecta –la banda sonora deudora de la época; el desarrollo de personajes y conflictos dramáticos internos es un tanto tosco y hasta incompleto-, pero también capaz de destilar una insólita sensación de desencanto a lo largo de esta expedición desorientada en la que se enrola esa suerte de Príncipe Valiente y la cual, como él mismo comprobará en sus carnes, es de todo menos caballeresca, ejemplarizante o redentora –el crudo enfrentamiento entre la mentalidad anacrónica del personaje conductor del argumento contra la de los estamentos militares o la soldadesca llana, de dibujo esencial pero contundente, muy agradecido en el último caso por su cinismo desengañado-.

            Incluso la relativa pobreza de medios casa bien con este carácter antiépico y bien le vale al madrileño Alfonso Ungría para exaltar el infortunio que la presunta gesta navarra a través de los paisajes yermos de las Bárdenas Reales y en los crepúsculos tintados, los cuales, dentro de sus limitaciones, ofrecen un mejor rendimiento que las algo acartonadas escenas de acción –donde se reseña apenas una breve batalla-. Son secuencias estas que quedaban bajo responsabilidad de la segunda unidad comandada por Carlos Gil, quien por entonces había adquirido experiencia como ayudante en reseñables blockbusters como En busca del arca perdida y Nunca digas nunca jamás. Asimismo, destaca la acertada elección fisionómica de un elenco de aceptables prestaciones, donde se reivindica la importancia del rostro como elemento compositivo.

            Una interesante anomalía.

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Nota IMDB: 5,7.

Nota FilmAffinity: 5,2.

Nota del blog: 6,5.

Carol

9 Feb

“La mirada hace todo: es el reflejo permanente de la llama interna que anima al héroe.”

Anthony Mann

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Carol

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Carol

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Año: 2015.

Director: Todd Haynes.

Reparto: Rooney Mara, Cate Blanchett, Kyle Chandler, Sarah Paulson, Jake Lacy, John Magaro.

Tráiler

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             A pesar de su origen literario –una novela de Patricia Highsmith donde relata un episodio semiautobiográfico-, Carol podría haber sido perfectamente un melodrama silente. Es una película que se resuelve sin palabras, entre miradas. Primero, entre las miradas de control que hostigan en el trabajo a la joven dependienta o las de su vecina que traspasa incluso el recato de la mirilla para imponer su ley de la decencia en el rellano del portal; dos ejemplos de la presencia atmosférica, luego sugerida también por las líneas de guion, del paranoico Comité de Actividades Antistadounidenses y su persecución implacable e invasiva de un presunto enemigo rojo infiltrado, quintacolumnista en el país de la Libertad y subversivo frente al imperio del innegociable status quo. Y, contra estas miradas inquisitorias, se oponen y después alzan en rebeldía la insinuante melancolía de los ojos de Carol (Cate Blanchett), inclinados para seducir pero nublados por una sombra de desdicha que los embarga, y la inocencia temblorosa y deseosa que brota de los ojos de Therese (Rooney Mara), agresivos también cuando, por fin, defienden unas convicciones hasta entonces nunca halladas.

             Carol es la confluencia del trabajo y la química de sus dos actrices principales –la prestigiosa Blanchett, experta en componer creaciones premiables, y el talento más discreto pero extraordinariamente preciso de Mara- con la narración visual del cineasta Todd Haynes, quien también cuenta en gran medida desde la ausencia de palabras, por medio de las imágenes y los símbolos. El tiempo que se detiene de improviso, las conversaciones ajenas amortiguadas por la ausencia del ser amado, la vida que se despeña a través de círculos irrompibles. La soledad, la gelidez, la desolada postal hopperiana de esta nación-anuncio.

             La liberación –personal, social- de Therese y Carol no es estruendosa; no cabalgan unidas de la mano hasta despeñarse por un cañón delante de los machos que las acosan. Lo más parecido a ello es una potente proclama en el despacho de un abogado matrimonial: sencilla y rotunda, rehuyendo el maniqueísmo –el personaje del marido, al igual que los roles masculinos en general, está bastante menos dibujado, aunque al menos cumple su función-, sin extenderse más de lo justo y sin subrayar el momento con un crescendo de la banda sonora de Carter Burwell, contenida y elegante, como el filme.

Algo semejante ocurre en el desarrollo de la relación romántica de ambas, que captura un encuentro en el que cada una de sus partes carga con un bagaje privado –los miedos y anhelos, las frustraciones y experiencias- y un bagaje impuesto –la diferencia de edad y de clase social; la paternidad y la conquista del espacio propio en el futuro profesional- capaz de decantar el idilio bien hacia el éxito, bien hacia el fracaso. Los pálpitos decepcionados que desprende el arranque en homenaje a Breve encuentro –la huella de otro amor secreto y prohibido-; la valentía de apoderarse del cuerpo y el alma propios.

             Carol tampoco recurre a la estridencia para inflamar la pasión de este encuentro imprevisto y revelador -aunque quizás termine pagándolo en ocasiones con un punto menos de intensidad, el cual no tendría por qué estar reñido con esa delicadeza predominante-. Y en consecuencia, libres de esa tópica demagogia cinematográfica, sus dos mujeres solo derriban los muros –psicológicos, sociales, de la puesta en escena- que pueden derribar. Que no son pocos.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 8.

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