Mala sangre

18 Feb

El amor fou, la fábula irrealizable en una realidad miserable, la decepción. Las claves del cine de Leos Carax, que se consolidan y definen. Mala sangre para la sección DVD de CineArchivo.

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“Creo que una película se debe parecer a la vida, y ésta oscila entre el consciente y el inconsciente.”

Emir Kusturica

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Mala sangre

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Mala sangre

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Año: 1986.

Director: Leos Carax.

Reparto: Denis Lavant, Juliette Binoche, Michel Piccoli, Julie Delpy, Hans Meyer, Carroll Brooks, Hugo Pratt, Serge Reggiani, Jérôme Zucca.

Tráiler

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            Mala sangre es el segundo largometraje de Leos Carax, quien continuaba labrándose el epíteto de enfant terrible y reafirmando su estatus de autor adentrándose ahora, por primera y casi única vez en su carrera –salvando la excepción que supone la heterogénea y heterodoxa Holy Motors-, en una película que podría calificarse como cine de género.

En efecto, la trama sobre la que se asienta la propuesta parece coincidir con los parámetros del cine criminal, al menos en su planteamiento. Surge así un conflicto entre sociedades de gánsteres donde, presuntamente, se detectan pulsiones de muerte y violencia en medio de alusiones a suicidios, alias propios del polar francés y referencias a deudas sin saldar. No obstante, avanzando el metraje estas pulsiones de muerte acaban por apreciarse más en el carácter crepuscular y agonizante de estos mafiosos que planean el robo de un fármaco como pago para satisfacer un chantajista ajuste de cuentas con ‘La americana’, otra criminal más boyante y poderosa –aunque, como ellos, también terminal-. Tipos, en definitiva, ejemplificados por Marc (Michel Piccoli), que ve su vejez gobernada por el miedo a la proximidad de la Parca –sea por cuestiones delictivas, sea por cuestiones puramente biológicas- y a quienes, en una muestra de la expresividad incontenida y desacomplejada del realizador, los ojos del protagonista descubrirán en esa especie de vitrina o de museo decadente que ejerce las veces de repletas de vivienda, oficina, lugar de encuentro y epicentro del filme.

            Obviamente, dada la sensibilidad de Carax, todo este asunto del atraco a una gigantesca y siniestra corporación farmacéutica no es más que un simple ‘mcguffin’ que, además, envuelve el filme en una tenue capa de distopía cercana donde los amantes frívolos están condenados a la muerte por una extraña enfermedad, el STBO –es decir, el amor en los tiempos del Sida-. El meollo de la cuestión, por tanto, no es la cuestión criminal, sino la exaltada y anómala relación romántica que se traba entre el joven taciturno Alex (Denis Lavant, actor fetiche del director) y la sensual e inocente Anna (Juliette Binoche, que por su parte sería pareja sentimental del cineasta a partir de esta colaboración).

Dos universos cinematográficos, sensitivos y emocionales convocados de forma elocuente, con una traducción visual repleta de fuerza, proclive a la excitación poética y también tendente al exceso admisible –esos decorados que, a la par que la acción, se perciben tan antinaturales, donde bajo la influencia alucinada del cometa Halley los incluso ajados cartelones publicitarios pueden convertirse en collages de Henri Matisse-. Un conglomerado singular que abarca igualmente la exudación de filiaciones y referencias –en esta, el cine mudo y Jean-Luc Godard, fundamentalmente- y de detalles de innecesario e irrelevante sello de autor –los puntuales cortes a negro-.

Son formulaciones artísticas privadas, ora viscerales ora exhibicionistas, y que para Carax resultan innegociables, aunque sea a costa de que el aspecto narrativo de la función quede un tanto desequilibrado, sometido a los irregulares dictados de la imaginación del autor –y por extensión de sus protagonistas-, que de igual manera afecta a un guion sublimado en su particular esencia lírica y que, debido a esta arriesgada y personal apuesta, puede resultar tan fascinante como repelente, según cada cual.

            Como se puede intuir por el nombre del personaje principal, Mala sangre forma parte de esa especie de ‘trilogía de Alex’ iniciada con la experimental e iconoclasta Chico conoce a chica, descendiente legítima de la nouvelle vague, el surrealismo y el expresionismo; más tarde prolongada por la aquí comentada y clausurada por la posterior Los amantes del Pont-Neuf, culminación estilística y narrativa de la filmografía de Carax, de nuevo con Binoche como musa. Tres proyectos encadenados por el nombre del protagonista, siempre interpretado por el peculiar Lavant, y que arrojan estas constantes recurrentes de los amores traumáticos, insatisfechos, errados o sin cicatrizar; una combinación pasional que, agitada por la visceral perspectiva interna de los personajes, también volcada directamente sobre los fotogramas, da lugar a una violenta colisión entre esperanza romántica e inexorable desencanto.

Siguiendo esta línea de coherencia y continuidad, se rastrean en Mala sangre otras inquietudes habituales de Carax, como la simbología psicologista del peso de la herencia, manifestada en la presente por la contradictoria decisión de Alex de suplantar la figura de su padre en el plan criminal –con quien “no se hablaba” y del que parecía ansiar la orfandad como sinónimo de libertad personal- y que aparecerá asimismo en Los amantes del Pont-Neuf a través de la alegórica figura de Hans –el padre freudiano del que hay que desprenderse para avanzar en la vida- y de la controvertida y fallida Pola X –la huella del padre y sus fantasmas en el armario, plasmados por otro lado en ciertos objetos recibidos, como una motocicleta, que se van destruyendo durante el desarrollo del argumento-.

            Y, en paralelo y desde la lejanía, brotan en Mala sangre ciertas concomitancias de los amantes fugitivos y dolientes de Nicholas Ray, condenados por una realidad que rechaza su amor cándido y sin reservas.

Sin embargo, esta revisión parece proceder más de la mente alterada de Alex, sugestionado de improviso por una borrosa imagen femenina, apenas una idea de mujer, que, de forma determinante, al igual que les sucede a sus héroes literarios, capaces de tirar su vida por la borda a causa de una simple frase, le impulsa a construir un autoengaño de fantasía amorosa cuyo artificio, o cuanto menos su equivocación, parece revelarse en el desenlace –otra vez otra aparición-. Tanto o más cuando Anna parece ser una de esas muchachas fuertes del noir que ni siquiera desean –es más, ni siquiera necesitan- ser salvadas. Una situación, en resumen, no demasiado disímil a la del anterior Alex de Chico conoce a chica, que vagaba por las calles de París imaginando para sí mismo escenas cargadas con tópicos paradigmáticos de la ficción romántica.

            El amor fou, la fábula irrealizable en una realidad miserable, la decepción. Las claves del cine de Carax, que se consolidan y definen.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 6.

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2 comentarios to “Mala sangre”

  1. Hildy Johnson 19 febrero, 2016 a 12:18 #

    ¡Tengo que verla! Y esa huella de los amantes fugitivos y dolientes de Nicholas Ray me ha convencido totalmente. Disfrutando con tu texto.

    Beso
    Hildy

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