Carol

9 Feb

“La mirada hace todo: es el reflejo permanente de la llama interna que anima al héroe.”

Anthony Mann

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Carol

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Carol

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Año: 2015.

Director: Todd Haynes.

Reparto: Rooney Mara, Cate Blanchett, Kyle Chandler, Sarah Paulson, Jake Lacy, John Magaro.

Tráiler

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             A pesar de su origen literario –una novela de Patricia Highsmith donde relata un episodio semiautobiográfico-, Carol podría haber sido perfectamente un melodrama silente. Es una película que se resuelve sin palabras, entre miradas. Primero, entre las miradas de control que hostigan en el trabajo a la joven dependienta o las de su vecina que traspasa incluso el recato de la mirilla para imponer su ley de la decencia en el rellano del portal; dos ejemplos de la presencia atmosférica, luego sugerida también por las líneas de guion, del paranoico Comité de Actividades Antistadounidenses y su persecución implacable e invasiva de un presunto enemigo rojo infiltrado, quintacolumnista en el país de la Libertad y subversivo frente al imperio del innegociable status quo. Y, contra estas miradas inquisitorias, se oponen y después alzan en rebeldía la insinuante melancolía de los ojos de Carol (Cate Blanchett), inclinados para seducir pero nublados por una sombra de desdicha que los embarga, y la inocencia temblorosa y deseosa que brota de los ojos de Therese (Rooney Mara), agresivos también cuando, por fin, defienden unas convicciones hasta entonces nunca halladas.

             Carol es la confluencia del trabajo y la química de sus dos actrices principales –la prestigiosa Blanchett, experta en componer creaciones premiables, y el talento más discreto pero extraordinariamente preciso de Mara- con la narración visual del cineasta Todd Haynes, quien también cuenta en gran medida desde la ausencia de palabras, por medio de las imágenes y los símbolos. El tiempo que se detiene de improviso, las conversaciones ajenas amortiguadas por la ausencia del ser amado, la vida que se despeña a través de círculos irrompibles. La soledad, la gelidez, la desolada postal hopperiana de esta nación-anuncio.

             La liberación –personal, social- de Therese y Carol no es estruendosa; no cabalgan unidas de la mano hasta despeñarse por un cañón delante de los machos que las acosan. Lo más parecido a ello es una potente proclama en el despacho de un abogado matrimonial: sencilla y rotunda, rehuyendo el maniqueísmo –el personaje del marido, al igual que los roles masculinos en general, está bastante menos dibujado, aunque al menos cumple su función-, sin extenderse más de lo justo y sin subrayar el momento con un crescendo de la banda sonora de Carter Burwell, contenida y elegante, como el filme.

Algo semejante ocurre en el desarrollo de la relación romántica de ambas, que captura un encuentro en el que cada una de sus partes carga con un bagaje privado –los miedos y anhelos, las frustraciones y experiencias- y un bagaje impuesto –la diferencia de edad y de clase social; la paternidad y la conquista del espacio propio en el futuro profesional- capaz de decantar el idilio bien hacia el éxito, bien hacia el fracaso. Los pálpitos decepcionados que desprende el arranque en homenaje a Breve encuentro –la huella de otro amor secreto y prohibido-; la valentía de apoderarse del cuerpo y el alma propios.

             Carol tampoco recurre a la estridencia para inflamar la pasión de este encuentro imprevisto y revelador -aunque quizás termine pagándolo en ocasiones con un punto menos de intensidad, el cual no tendría por qué estar reñido con esa delicadeza predominante-. Y en consecuencia, libres de esa tópica demagogia cinematográfica, sus dos mujeres solo derriban los muros –psicológicos, sociales, de la puesta en escena- que pueden derribar. Que no son pocos.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 8.

4 comentarios to “Carol”

  1. Hildy Johnson 13 febrero, 2016 a 11:33 #

    Fas-ci-nan-te… Me ha encantado esta película que junto a Lejos del cielo y Mildred Pierce forma una antología de los 50 en EEUU y sus formas de representación extremadamente interesante. Todd Haynes me conquista con una pieza exquisita y meditada que sin embargo ofrece un libre pulso.

    Beso
    Hildy

  2. altaica 19 junio, 2016 a 01:06 #

    Una maravilla. Pura seda formal, narrativa y afectiva, que desde la sensibilidad nos deja una obra sublime. Todo es un milagro.

    • elcriticoabulico 19 junio, 2016 a 17:01 #

      Intuía que te podía gustar, tiene una contención muy estimable, aunque por ello también ha sido acusada de frialdad.

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