Límite: 48 horas

28 Ene

La madre de las buddy movies y uno de los mayores éxitos de su director, que además dispararía al estrellato a Eddie Murphy (tiempos…). Límite: 48 horas para la primera parte del especial Walter Hill de Cinearchivo.

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“Siempre he dirigido westerns o he colado fundamentos del western en películas modernas. Ah, y el género noir, porque permite un protagonista, un antagonista y una confrontación.”

Walter Hill

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Límite: 48 horas

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Límite 48 horas

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Año: 1982.

Director: Walter Hill.

Reparto: Nick Nolte, Eddie Murphy, James Remar, Sonny Ladham, Anette O’Toole, David Patrick Kelly, Frank McRae, Brion James, Margot Rose, Jonathan Banks.

Tráiler

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            Por supuesto que hay abundantes antecedentes en la historia del cine, dado que se trata de uno de los esquemas argumentales más sencillos y populares, pero la ‘buddy movie’ pareció encontrar su configuración definitiva y su particular punto álgido en el cambio de década entre los ochenta y los noventa -por otra parte, territorio de reinado en taquilla de la acción más explosiva-. Un tiempo de esplendor que, en especial, restalla a partir del bombazo de público de Arma letal, cinta en la cual el encontronazo racial en el corazón de la sociedad norteamericana –policía negro y policía blanco- se subvertía en cierta manera –el inadaptado o marginal era el personaje de Mel Gibson, antitético al ordenado y familiar teniente interpretado por Danny Glover– para proponer una aventura policíaca que hacía equilibrios entre la acción tradicional y el humor de contrastes. Andando el tiempo, su éxito daría pie a multitud de variopintas relecturas sobre esta base cómica de equipo a la fuerza, a cada cual más trasnochada, y que abarcará, entre otros, a compañeros de patrulla tan insólitos como un ruso de tiempos de la perestroika soviética –Danko: calor rojo-, un extraterrestre que serviría para redoblar la apuesta por la tensión racial –Alien Nación-, un baboso dogo de Burdeos –Socios y sabuesos-, un crío de ocho años –Un policía y pico– o incluso la anciana progenitora de uno –¡Alto!, o mi madre dispara-.

No obstante, un lustro ante del estreno de la conocida e influyente película de Richard Donner, Walter Hill, uno de los mejores representantes del ‘actioner’ de la época, ya había ensayado su incursión en este subgénero policíaco con Límite: 48 horas. Uno de los firmantes de este libreto –en el que también participa Hill- será Roger Spottiswoode, un cineasta por lo general más centrado en labores de dirección y a quien, precisamente, cabe imputarle dirección y guion de Socios y sabuesos y -esta vez solo dirección- de ¡Alto! o mi madre dispara, lo que le otorgaría cierta especialización en la fórmula –un dudoso honor, a tenor de la deriva que experimentarán estos productos-. Tres cuartas partes de lo mismo podría achacársele a Hill, que, además de Límite: 48 horas, firmará más adelante su secuela –48 horas más-, aparte de la citada Danko: calor rojo y la reciente, nostálgica y decadente Una bala en la cabeza.

            Límite: 48 horas juega por tanto con la colisión entre clichés que por un lado permite lucirse al tipo duro mientras se le ofrece la oportunidad de agregar agradecidos matices de humor a su estereotipo, mientras que, por el otro, proporciona un cómo vehículo de lucimiento para una estrella del humor con gancho en la platea. Lo dicho, acción y humor: doble entretenimiento. ¿Qué puede salir mal?

En Límite: 48 horas este primer arquetipo queda encarnado por Nick Nolte, un tipo rocoso, perfecto para encarnar a individuos hoscos por su intimidante presencia física, su voz rasposa y su impetuosidad ruda –todo ello en absoluto exento de talento interpretativo-. Su desastroso y testarudo Jack Cates es una revisión del icónico Harry Callahan que hiciera inmortal Clint Eastwood en Harry, el sucio. No solo porque su hábitat policíaco se encuentre en San Francisco, una de las capitales indiscutibles del noir, sino porque su carácter y procedimientos son igualmente maquiavélicos –la violencia como herramienta para extraer un fin, una querencia por los tiroteos rayana en la sociopatía, la misantropía galopante y pararracista- y también vienen secundados por el largo cañón de la mágnum 44. No está de más, pues, recordar que Harry Callahan es uno de los precedentes manifiestos de estas citadas ‘buddy movies’, entonces como parte de una calculada –e indigna- estrategia destinada a limar sus incómodas asperezas originales encadenándole sucesivamente, desde la tercera entrega de la saga, a una dulce fémina –Harry, el ejecutor-, a un bulldog llamado Mentecato –Impacto súbito– y a un novato asiático –La lista negra-. De hecho, no por casualidad, Límite: 48 horas había sido concebida en los setenta expresamente para que la protagonizase Eastwood, quien debería hacer frente a los chascarrillos y cucamonas del cómico de moda, Richard Pryor –que más tarde colaborará con Hill en El gran despilfarro, película con la que la aquí comentada guarda una evidente relación en cuanto a elementos argumentales, artísticos y hasta materiales-.

El asunto es que si Nolte había heredado el rol justiciero y agresivo de Eastwood, quien se haría con el contrapunto bufonesco será un humorista afroamericano de 21 años que destacaba desde 1980 en el legendario programa televisivo Saturday Night Live pero que nunca había pisado un set de rodaje de cine: Eddie Murphy. Nominado al Globo de Oro a actor revelación de la temporada, Límite: 48 horas será su catapulta al estrellato y para convertirse en uno de los hombres mejor remunerados de Hollywood, trayectoria ascendente a la que inmediatamente contribuirá la serie iniciada por Superdetective en Hollywood, donde el personaje protagonista no difiere en exceso del que aquí acometerá el histrión neoyorkino –avanzando el tiempo, ya en el comienzo de su declive comercial, Murphy recuperará de nuevo la ‘buddy movie’ en Showtime, una película que nace ya caducada y en la que une fuerzas junto con otro titán inmerso en su triste e irreparable ocaso, Robert de Niro-. Volviendo a Límite 48: horas, Murphy aporta en conclusión este alivio cómico de la función como contrario del detective Cates: un recluso mujeriego, elegante y desenfadado que quedará en libertad durante las 48 horas del título con el único propósito de colaborar a la detención de un antiguo colaborador criminal, Albert Ganz (James Remar), un sanguinario delincuente que va dejando tras de sí un reguero de muertes después de fugarse de prisión.

            Resulta extraño que Hill no aprovechase las vicisitudes del relato para trazar una de sus frecuentes emulaciones de su admirado Sam Peckinpah, cineasta que acostumbraba a fundar la esencia de sus obras más intensas sobre la estrecha amistad viril entre dos hombres idénticos y hermanados por su condición marginal o agonizante, si bien enfrentados por los avatares de una sociedad deshumanizada. En cualquier caso, en el filme estos respectivos arquetipos se ciñen a sus fronteras, sin mayor complicación, con el artesanal objetivo de hacer buena esa aludida combinación de acción y humor que tan buenos réditos económicos propiciaba. La historia, consabida y previsible, sufre por ende el envejecimiento lógico desde la perspectiva del espectador curado de espanto ante las mil repeticiones que ha visto de historias de semejante pelaje. El proceso de homogeneización, asimilación y paz social que se entabla entre los protagonistas en las antípodas, paralelo al encauzamiento y resolución del caso criminal que ejerce de argamasa de unión entre ellos, es consabido. Un bromance de manual, como se etiquetaría ahora. Los personajes al menos mantienen la respetabilidad, todavía no demasiado deformados por la explotación y retorcimiento del subgénero.

La capacidad de supervivencia del filme, por tanto, depende de la síntesis narrativa de Hill –que los personajes sean clichés ayuda asimismo a su concisa presentación-, así como de su sentido del pulso, capaz de enhebrar el desarrollo del guion con escenas dotadas de nervio visual –lo que comprende también secuencias estáticas como los tres minutos sin cortes y excelentemente coreografiados dentro de la comisaría, esos planos de la ciudad siempre crispados por los innumerables cables que rompen el campo de visión, o el uso dramático de la luz de neón tan característico del thriller de la década y tan homenajeado en el thriller contemporáneo-.

            Considerado hoy un pequeño clásico en su género, Límite: 48 horas entró entonces en la lista de diez mejores recaudaciones de 1982 en los Estados Unidos, lo que será un notable acicate para la elaboración ocho años después de una segunda parte, situada también a rebufo de, como señalábamos al principio del texto, el gran triunfo de Arma letal.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 6,5.

2 comentarios to “Límite: 48 horas”

  1. Hildy Johnson 28 enero, 2016 a 18:06 #

    Lo confieso: me faltan estos clásicos de los ochenta, tanto la saga Límite 48 horas como la de Arma letal. Pero últimamente voy rescatando pelis que me perdí en los ochenta y estas están en la lista. Hace nada vi por primera vez la primera de La jungla de cristal o me lo pasé pipa con Golpe en la pequeña China. Hablando de Russell, en su momento me reí una barbaridad y me entretuve un montón con su buddy movie, Tango y Cash.

    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 29 enero, 2016 a 16:51 #

      Ostras, pues no es los ochenta mi década favorita para rescatar cosas…. Si además suya te las rescata la cartelera a golpe de remake, homenaje e influencia rampante. ¡Ánimo con ello, Hildy!

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