Los odiosos ocho

25 Ene

“La moda es la manada, lo interesante es hacer lo que a uno le da la gana.”

Luis Buñuel

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Los odiosos ocho

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Los odiosos ocho

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Año: 2015.

Director: Quentin Tarantino.

Reparto: Samuel L. Jackson, Jennifer Jason Leigh, Kurt Russell, Walton Goggins, Tim Roth, Michael Madsen, Demián Bichir, Bruce Dern, Channing Tatum.

Tráiler

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            Supongo que el asunto con Quentin Tarantino es hasta qué punto uno es capaz de soportarle a él, a su personalidad invasiva, a cambio de disfrutar de una de sus ingeniosas historias, representadas con abrumadora torrencialidad e incontenible pasión. Porque, a la par que desarrolla su excepcional capacidad para contar, refundir y alumbrar relatos, Tarantino también abrasa a su audiencia con cargantes apartes en los que explica cuáles son las películas con las que alimentaba su cinefagia en el videoclub, destripa repelentes y onanistas autorreferencias, cuela canciones con calzador para seguir dando gusto a su fetichismo nostálgico –las cuales, cabe reconocer, suelen aportar momentos de disfrute a posteriori, escuchándolas ya en casa-, invita a participar a lamentables amigotes –como Michael Madsen-, se le va la mano con hipérboles innecesarias –el gore- y siente la necesidad de elevarse por encima de la historia en cuestión dando la nota con exhibicionismos tales como los capítulos señalados con intertítulos, una repentina voz de narrador omnisciente o el ensayo de variaciones tonales –el flashback de la mercería- que, por un momento, rompen el hechizo creado y devuelven la atención del público hacia este demiurgo egoísta que le recuerda que, si está jugando con uno de sus juguetes, es únicamente porque así le sale a él de la entrepierna.

            Hasta ahí, las cartas sobre la mesa. Luego, dicho esto, si a Tarantino uno le quiere como es –o al menos le tolera-, eso significa que puede disfrutar de varias horas –aquí casi tres- de entretenimiento trepidante, gamberro y dueño de un extraño y particularísimo sabor que proviene de la acertada mezcla de ingredientes olvidados o despreciados con una sensibilidad propia, desarrollada por el estudio minucioso y obsesivo del cine, sus rudimentos y su potencial de fascinación. Los odiosos ocho supone una nueva inmersión del cineasta en el universo del western sucio, aunque a decir verdad, como uno de sus sempiternos y agitados pastiches, en ella confluyen mimbres del noir y la intriga al estilo de El bosque petrificado o Cayo Largo –o incluso su opera prima Reservoir Dogs-, películas claustrofóbicas, planteadas en un único escenario y con un amenazador suspense que resolver por lo civil o por lo criminal –ante tanta violencia y misterio no está de más citar tampoco La cosa (El enigma de otro mundo), filme de terror nevado que protagonizaba precisamente Kurt Russell y mencionada insistentemente por el mismo Tarantino, ansioso por desmenuzar su imaginario y su proceso creativo, para variar-.

            Fundada a partir del cobro de la recompensa por la cabeza de una peligrosa mujer (Jennifer Jason Leigh) como eje vertebrador, y con reverberaciones audibles de los traumáticos e irreconciliables cañonazos de la Guerra de Secesión estadounidense, todavía sin sofocar, Los odiosos ocho arroja contra la pantalla una elaborada pieza de cine donde la cuidadosa construcción de cada personaje y de su ambigüedad, confrontada a continuación en una especie de partida de Cluedo o de Risk -todo estrategias, alianzas y giros que atañen asimismo al espectador, progresivo conocedor de la naturaleza de los contendientes-, fructifica en una propuesta por completo absorbente y divertida.

En este aspecto, la poderosa dirección de Tarantino aporta siempre la atmósfera apropiada para cada fase de la función, engrasando su férrea evolución dramática para que la maquinaria avance sin piedad, sin hacer prisioneros y sin que nadie se acuerde en la sala de que lleva un reloj en la muñeca. Las evocaciones del guion se subliman así por una puesta en escena de enorme fuerza visual, dominio de la sensorialidad en sentido amplio –el sonido, la música de Ennio Morricone, la sordidez palpable- y carisma interpretativo por parte de una troupe entonada en líneas generales –algo más tópica Leigh, Madsen con su incompetencia habitual, Walton Goggins caricaturesco en su tradicional rol de sureño ‘red neck’ pero atractivo y no inadecuado a efectos prácticos-.

            De este modo, aunque todavía imperfecto por la incidencia de los irrefrenables excesos del autor y que lastran su consagración definitiva como indiscutible obra mayor, el artefacto consigue conservar el equilibrio entre sensatez, talento artístico, temperamento propio y delirio desatado que quizás se echaba en falta en la precedente Django desencadenado –poseedora de una soberbia primera mitad que se tornaba un tanto fatigosa una vez atravesado el ecuador del metraje-.

Imagino pues que, para un servidor, el precio a pagar es justo.

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Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 8.

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