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Fuga sin fin

20 Ene

“Al final, el mundo viejo sucumbe a la vitalidad del mundo nuevo, como debe ser.”

Omero Antonutti

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Fuga sin fin

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Fuga sin fin

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Año: 1971.

Director: Richard Fleischer.

Reparto: George C. Scott, Tony Musante, Trish van Devere, Colleen Dewhurst, Aldo Sambrell.

Tráiler

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           En realidad, tampoco importan demasiado las (escasas) variables argumentales que posee ese subgénero de criminales rocosos, honestos y sobre todo crepusculares que, desde el fin cierto de sus días, se abocan a tumba abierta a la última de sus correrías. Es una vertiente firmemente pautada, con unos códigos y una liturgia muy delimitada que condiciona de manera inexorable un relato que por lo general se fundamenta en la combinación, en distintos grados, de fatalismo y tempus fugit.

Y aun así, a pesar de esta reconocible previsibilidad, es éste uno de los rincones del cine que un servidor disfruta con mayor fruición. El porqué, probablemente, se encuentre así en la potencia del lirismo elegíaco que se logre imprimir en los fotogramas, la melancolía exudada por el antihéroe agotado y por el combate entre su escepticismo de superviviente y la postrera llama de furia o pasión que, de improviso, le devuelve a la contorsionada dimensión de los vivos.

           De título evocador, Fuga sin fin es una nueva revisión de este universo terminal, puro melodrama masculino que bien vale tanto para el western –al fin y al cabo también raíz de la estructura de road movie que posee la presente cinta- como para el noir. Asimismo, su protagonista es un conductor especializado, el más zen de los delincuentes marginales, condenados a cobrarse en B el sueño americano vetado para la mayoría de nosotros -y sí, la vigencia de su mística atraviesa las décadas para encontrarse recientemente en Drive, reflejo en charcos nocturnos y neón de precedentes casi homónimos como Driver-. Como le iluminará la jovencita en el asiento de copiloto, más vale escapar constantemente de la autoridad y de los gánsteres que languidecer a lo largo de otra penosa huida: a la que someten los poderes establecidos –el banco, las facturas, el trabajo, el consumismo- al individuo común.

Si no hay nada que perder, por qué no intentarlo todo una última vez, por más que se marche a combatir contra espejismos improbables –la forma en la que entrega el dinero a su confidente, en la que quema la foto y acomete sus rituales de preparación-.

           El filme conjuga con acierto la elocuente dirección de un artesano dotado como Richard Fleischer –sustituto de John Huston, que abandonó el proyecto por diferencias artísticas con George C. Scott-, una cuidada factura estética –fotografía de Sven Nykvist, banda sonora de Jerry Goldsmithy un guion dueño de una notable ración de frases afiladas y expresivas; todo ello condensado en el rostro de Scott, que aúna en sus hombros el vigor de su pasado criminal y, en sus arrugas, la decepción de un matrimonio hundido y el desgarro de un hijo enterrado.

Aquí, la sempiterna oportunidad de redención para este hombre retirado en el apacible Algarve portugués, lugar donde no pertenece por mucho que lo intente, proviene precisamente de la oportunidad de cerrar estas heridas a partir de un tardío regreso al trabajo –transportar a un preso fugado desde el sur de España hasta la frontera francesa- y de las vicisitudes derivadas de la misión –la inmadurez de este joven que sueña con los grandes gánsteres de los años treinta; el atractivo de la mujer que lo acompaña-.

           De esta forma, la inmersión en la agonía espiritual del conductor, su dignidad inquebrantable y los fulgores de esta resurrección insospechada, concitan el interés de una propuesta donde Scott se halla bien acompañado de Tony Musante y de Trish van Devere, una atípica femme fatale que agrega a su encanto físico una profunda comprensión de la psicología humana. Para el temperamental actor, que accedió a interpretar el papel principal porque le recordaba a las viejas películas de Humphrey Bogart, el proyecto supondrá el salto entre su matrimonio con Colleen Dewhurst –que encarna aquí a la prostituta de buen corazón, el amor melancólico entre desclasados e iguales- y Van Devere, con quien luego compartirá reparto en unas cuantas películas, como El día del delfín, The Savage is Loose o Al final de la escalera

           El vibrante existencialismo de Fuga sin fin, encadenado al rumor del motor de un BMW 506 convertible de 1957, palpita en verbos e imágenes y se funde con el desencanto característico del thriller de los setenta, sin caer además en las tentaciones espurias de una ambientación extranjera caricaturesca –con bastante elegancia dentro de lo exigible, tratándose de territorio ibérico-.

Sobria y doliente, concisa y estilizada a su modo, Fuga sin fin es un pedazo de cine jugoso y con personalidad, disfrutable sin reparo alguno.

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Nota IMDB: 6,4.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 7,5.

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