Life Feels Good

14 Ene

“Hasta a una ameba habría que tratarla como quiere ser tratada.”

Jean-Dominique Bauby

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Life Feels Good

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Life Feels Good

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Año: 2013.

Director: Maciej Pieprzyca.

Reparto: Dawid Ogrodnik, Dorota Kolak, Arkadiusz Jakubik, Helena Sujecka, Mikolaj Roznerski, Katarzyna Zawadzka, Anna Karczmarczyk.

Tráiler

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           “Soy una persona encerrada en un cuerpo que es una broma”, se lamentaba el protagonista de La escafandra y la mariposa, traslación al cine de las memorias de Jean-Dominique Bauby, exitoso redactor jefe de la revista Elle al que un accidente cardiovascular dejó tetrapléjico en 1995, postrado en el lecho y prácticamente sin capacidad para comunicarse. Sin capacidad para ser persona. Con todo, su relato en papel y en el cine era una apuesta por la vida y no por la muerte, fundado sobre la falta de autocondescendencia y la descripción fidedigna de sensaciones y emociones, desde las más oscuras a las más luminosas, que eran perfectamente compartibles por cualquier espectador al otro lado del libro o de la pantalla.

Precisamente, la película que nos ocupa, un recorrido por la ejemplarizante biografía de Mateusz, un hombre nacido con parálisis cerebral y condenado por sus semejantes a ser un simple vegetal, hace hincapié en ese ansia de vitalidad desde su mismo título, Life Feels Good, ‘la vida sabe bien’ -si bien creo que el epígrafe original en polaco se traduce literalmente con un ‘quiero vivir’-.

Dentro de esta comparativa aventurada, la principal diferencia con la cinta de Julian Schnabel estriba en que el protagonista de la presente nunca ha disfrutado de la dignidad –o cuanto menos del estatus o la respetabilidad social- que sí poseía Bauby antes de este decisivo suceso médico. El argumento de Life Feels Good no es así una redención o una regeneración –mucho más accesible y empatizable para el observador ajeno gracias a su poso de autoayuda-, sino una conquista en pleno derecho, partiendo de la nada y cimentada sobre la épica personal e infatigable, erigida heroicamente contra todo y contra todos. Contra la incomprensión de la ciencia, de parte de la familia y de la sociedad en general, cínicamente adocenada para evitar el esfuerzo solidario de no solo atender, sino comprender y valorar al diferente –lo que no se centra exclusivamente en lo físico, sino que se extiende a lo intelectual-. Siguiendo esta idea, cierta escena en la que Mateusz comparece ante un tribunal evaluador bien podría haber estado sacada del encuentro de George Taylor con el consejo de sabios de El planeta de los simios, tal es la distancia entre ambas partes.

           Además, huelga decirlo, Life Feels Good es en paralelo una conquista contra la incomprensión del cine, campo abonado para un paternalismo que no deja resquicios de ambigüedad ni matices humanos para las personas con discapacidad, reducidas a mero vehículo para un sentimentalismo reconfortante que, a fuerza de ser olvidable debido a los convencionalismos del subgénero, no suele revestirse de la necesaria capacidad de resultar incómodo y, en consecuencia, remover conciencias. De ahí la relevancia de filmes maduros como La escafandra y la mariposa o Life Feels Good, así como de obras comprometidas como el documental español Yes, We Fuck!, a propósito de las reivindicaciones sexuales de este colectivo, al que las mentes cándidas e indulgentes acostumbran a despojarle de elementos indisociables de la existencia de toda persona como son aquí el sexo o, en otras, la violencia –ramal esta vez sí explotado por la reciente producción ucraniana The Tribe, con su poco de tremendismo-.

           De nuevo, parte de la forma en la que el director y guionista Maciej Pieprzyca aborda el asunto remite directamente a la obra de Schnabel. Es por ejemplo del tono de la narración, establecido en primera persona por la voz interior del protagonista, que combina frustración con espíritu de superación y, como factor destacado, un jugoso sentido de la ironía. Incluso las similitudes también atañen a un puñado de planos destinados a construir la psicología del personaje, análoga por descontado a la de cualquier individuo de su edad: esto es, los planos subjetivos que apuntan sin disimulo a los escotes y los pechos femeninos.

Aunque en definitiva las reminiscencias son desaconsejablemente excesivas, Life Feels Good goza de entidad propia y transmite emociones genuinas en su aproximación a la vida de un hombre –con sus aprendizajes, sus fiascos, sus ilusiones y sus desengaños universales-, a la par que, de fondo, dibuja la evolución de Polonia y, en general, de la relación de la sociedad contemporánea con la discapacidad.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7.

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