Bill, qué grande eres

21 Dic

“Yo creía en la América de John Wayne. Mi padre era republicano y me enseñó que el Vietnam era una guerra buena porque los comunistas eran los malos y teníamos que luchar contra ellos. Por otra parte, yo tenía la imagen romántica de la Segunda Guerra Mundial a través del cine. Nada más lejos de la realidad.”

Oliver Stone

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Bill, qué grande eres

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Bill, qué grande eres

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Año: 1950.

Director: John Ford.

Reparto: Dan Dailey, Collen Townsend, Corinne Calvet, William Demarest, Evelyn Varden, Jimmy Lydon, Lloyd Corrigan.

Tráiler

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           Confluyen dos curiosas corrientes en Bill, qué grande eres.

Por un lado, John Ford, cuyo patriotismo norteamericano no puede ponerse en tela de juicio –acudiría a zona de combate durante la Segunda Guerra Mundial para rodar documentales propagandísticos e incluso recibiría heridas bélicas en su transcurso-, entrega una reivindicación inspiradora en tiempos de la gestación de la Guerra Fríala Unión Soviética había probado la bomba atómica y la Guerra de Corea estallaría pocos meses después del estreno- a propósito del necesario heroísmo del hombre común, argamasa de América, quien impulsado por sus ardorosas entrañas y sus convicciones morales hijas de la tierra de la Libertad, decide alistarse en valerosa defensa de su nación amenazada –lo que incluye números musicales con la aparición estelar del Tío Sam-.

Por el otro, su visión de este heroísmo está tiznada de cierto desencanto –a pesar de la dulzura que impregna el tono narrativo y del obligado desenlace del discurso, claro-. Las increíbles aventuras de Bill Kluggs (apropiado Dan Dailey), un muchacho algo simplón de un pueblecito cualquiera de los Estados Unidos -casi un prototipo de Forrest Gump-, son crueles hasta extremos hilarantes, marcados por esa comicidad extemporánea de Ford, cándida, nostálgica y costumbrista.

           Nacido para la gloria –el primero de su municipio para alistarse en el ejército-, condenado a la infamia –destinado a su pueblo natal, se ve reducido a promocionar constantemente por buena conducta como adiestrador de tiro en la academia de formación-, el libreto no se reserva ningún golpe sarcástico en su burla hacia el desesperado muchacho –la colección de galones que acumula, la comparación entre la peligrosidad de pilotar con reclutas frente a los avatares de la guerra en el Pacífico-. Hasta que le llega la hora de los elegidos, donde su contribución a la causa es de nuevo tan humorística como sádica, paródica en su épica, épica en su parodia.

           Bill, qué grande eres se presenta como una película cálida y divertida aunque también tenuemente hosca y apesadumbrada. Una obra relatada con el firme pulso y la elegancia melancólica del cineasta norteamericano y donde los gags despiertan una simpatía que, a causa de su juego de contrastes, deja a su vez un interesante y muy particular poso agridulce, rebosante del escepticismo humanista que caracteriza la filmografía de Ford.

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Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 7.

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