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Puro vicio

18 Dic

“Para mí, el cine es vicio. Lo amo íntimamente. Siempre he creído que es el arte de nuestro siglo.”

Fritz Lang

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Puro vicio

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Puro vicio

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Año: 2014.

Director: Paul Thomas Anderson.

Reparto: Joaquin Phoenix, Josh Brolin, Katherine Waterston, Joanna Newsom, Hong Chau, Owen Wilson, Jena Malone, Reese Witherspoon, Benicio del Toro, Martin Short, Maya Rudolph, Martin Donovan, Serena Scott Thomas, Eric Roberts.

Tráiler

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            Paul Thomas Anderson tiene la costumbre de retorcer los géneros a su antojo, en muchos casos para adecuarlos a un retrato íntimo, desde un prisma absolutamente particular, de la sociedad americana y por extensión de la naturaleza de los Estados Unidos. En esta línea, se intuye cierto análisis de la construcción histórica del país en sus tres últimos proyectos: Pozos de ambición, The Master y Puro vicio. Son retrospectivas fundadas a partir de tortuosas relaciones de combate y antagonismo épico entre dos corrientes que, personalizadas en personajes contrarios e iguales al mismo tiempo, colisionan, se funden y se desgajan para finalmente, en cierto modo, transformar el paisaje que les circunda.

            La última de esta terna, Puro vicio, supone la primera adaptación cinematográfica del esquivo escritor de culto Thomas Pynchon, así como el retorno de Anderson a la comedia después de aquella iconoclasta ‘screwball comedy’ que era Embriagado de amor. A través de la mirada psicodélica del detective privado ‘Doc’ Sportello, el autor se retrotrae al comienzo de los setenta californianos y, de nuevo, se encuentra con una dualidad irreconciliable: la del amor libre y el libertinaje sexual, la de las drogas recreativas y los caídos por la aguja, la de la paz cósmica y los asesinatos de La Familia, la de las reivindicaciones sociales y la represión parafascista del advenimiento de Richard Nixon. Es decir, el detective privado ‘Doc’ Sportello (el perfectamente narcotizado Joaquin Phoenix) y el detective de la policía de Los Ángeles ‘Big Foot’ Bjornsen (el perfectamente tenso Josh Brolin).

Las dos Américas, ambas jodidas y ambas dependientes de sustancias estupefacientes, sea la marihuana, sea el whiskey. Ambos atrapados en una trama criminal embrollada al estilo chandleriano cuyas ramificaciones, intrincaciones y desequilibrios bien podrían formar parte de la mente alterada del bueno de Sportello, hasta el punto de tornarla voluntariamente incomprensible, encadenada y zarandeada por los conceptos de muerte y redención, constantes en el metraje.

Conspiración o paranoia hippie, se trata en cualquier caso de la misma América delirante, de utopías derrotadas y donde todo –la droga y la rehabilitación, el triunfo y el fracaso, los ideales y el trabajo, el conservadurismo y el progresismo,…- es un producto que subastar convenientemente empaquetado y etiquetado para hacerse rico con los beneficios y, por ende, cumplir el propagandístico sueño que define a la nación.

            Puro vicio es, además, una investigación en los días del ácido. La atmósfera iguala en alucinación al argumento que la alberga, sumergiéndose en una densa niebla de humo de canuto tan sabrosa y fascinante como aturdidora. La textura de su imagen, corrompida y deslumbrada, remite a fotogramas caducados, similares a la perspectiva con la que el protagonista, hasta el culo de maría, debe observar las particularidades de este caso circular y sin sentido que, de la mano de una aparición espectral, la seductora Shasta (Katherine Waterston), y bajo la mirada omnisciente de otro espíritu femenino, Sortilège (Joanna Newsom), le impulsa a recorrer de arriba abajo la viciada Los Ángeles de la época, desde las amplias y lujosas mansiones hasta los estrechos y sórdidos callejones del lumpen, a lo largo de un viaje de una extensión desmesurada y desafiante –tanto o más cuando se trata de una comedia lisérgica-.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 8.

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