Un franco, 14 pesetas

13 Dic

Carlos Iglesias debuta como director con una reivindicación de los emigrantes que venían a España en busca de porvenir y, dos por uno, le sale una profecía de futuro para los orgullosos españolitos del ¿milagro? del pelotazo económico. Para Ultramundo, donde además se puede disfrutar íntegra y con un completito making off.

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“Son españoles los que no pueden ser otra cosa.”

Antonio Cánovas del Castillo 

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Un franco, 14 pesetas

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Un franco, 14 pesetas

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Año: 2006.

Director: Carlos Iglesias.

Reparto: Carlos IglesiasJavier Gutiérrez, Isabel Blanco, Nieves de Medina, Iván Martín, Tim Fredric Quast, Isabelle Stoffel, Ángela del Salto, Eloisa Vargas, Aldo Sebastianelli, Iñaki de Guevara.

Filme

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           En 2006, España se hallaba subida a la cresta de la ola. Aún faltaban al menos un par de años para descubrir que, en efecto, no se trataba de una ola, sino de una burbuja. En cualquier caso, España, plantada con orgullo en la vanguardia del primer mundo, como si siempre hubiera pertenecido a él por la gracia de Dios, podría pasar perfectamente por la revisión soleada, de toros y paella, del sueño americano. Desde el Magreb e Hispanoamérica, la vieja piel de toro era la tierra prometida donde tratar de encontrar la fortuna desaparecida en dichas regiones. Incluso desde la derecha política se alertaba del peligroso efecto llamada que, en teoría, alentaban la permeable legislación inmigratoria del gobierno socialista; como si esa atracción por acudir al límite sur de Europa dependiera de un puñado de normas escritas con intrincado lenguaje administrativo y no de la imagen que arrojaba el ciudadano medio, con capacidad para disfrutar de tres móviles, dos coches y un apartamento en la costa.

En este boyante contexto histórico y social patrio, el popular Carlos Iglesias escogerá precisamente para su debut en la dirección una llamada a la conciencia y la empatía más elemental, que es aquella en la que uno descubre que es exactamente igual que ese Otro a quien observa con recelo e ignorancia. Los títulos de crédito que cierran Un franco, 14 pesetas contraponen, intercaladas, dos series de fotografías: unas en blanco y negro, protagonizadas por españoles y realizadas en el extranjero, y otras en color y definición digital, protagonizadas por extranjeros y localizadas en barrios reconociblemente españoles. Dos series de fotografías distintas, dos periodos históricos diferentes y, señala Iglesias mediante esta especie de uso estático del montaje dialéctico, un único relato -el cual hasta podría remontarse, como se aludirá en un diálogo, a apenas una o dos décadas más atrás, a otro tipo de flujo migratorio desbocado como fue el éxodo rural; aquel sobre el que levantaba acta José Antonio Nieves Conde en Surcos defendiendo una postura ideológica de raigambre falangista y a la vez que configuraba un imprescindible giro social dentro de una industria cinematográfica local envilecida a golpe de irrisorio cine populachero-. “A ellos. A todos ellos”, decíamos, reza la dedicatoria de Un franco, 14 pesetas. La idea, además, se refrendará dos años más tarde de la mano de un documental de algo menos de cuarenta minutos de metraje, Un Euro, 3,6 Lei, en el cual el cineasta retrata en esta ocasión la aventura cotidiana de varios inmigrantes rumanos -un titulado en teología, una bordadora de trajes de luces, una empleada de una fábrica,…- y en el que, para abundar en su tesis primigenia y profundizar en este sentimiento de identificación antes descrito, intercalará las imágenes documentales con fotogramas de, por supuesto, Un franco, 14 pesetas.

           Las razones de este firme compromiso saltan a la vista, si uno investiga la biografía del artífice. Iglesias bien conocía la situación. Autor del libreto a la par que director, el madrileño encuentra inspiración en el álbum familiar más cercano. En concreto, en los recuerdos de su padre y de él mismo, inmigrantes en Suiza en la década de los sesenta. Así que, en cierta manera, Un franco, 14 pesetas es la historia del padre de Iglesias, hecha ficción para la ocasión y situada como un espejo en el tiempo y en la distancia frente a los dramas sociales coetáneos protagonizados por los inmigrantes de un país que, tiempos aquellos, se escandalizaba incluso por la situación de los trabajadores mileuristas, por entonces una lacra perpetrada contra una de las generaciones de jóvenes mejor preparados y peor pagados.

No obstante, el regreso a esa España entrante en el desarrollismo, arroja ya las alargadas sombras que, resistentes a la evolución cultural, todavía pululan, como espectros indestructibles, en la España de hoy y del mañana. A fin de cuentas, como resumirá con sabiduría un personaje con una frase vigente sea cual sea el momento, “en este jodido país siempre estamos en crisis”. Diseminados por el guion, aparecen así elementos identificables del tejido socioeconómico de la España atávica y presente, caso de la exaltación del ladrillo y la propiedad de la vivienda como anhelo necesario, la estafa del prójimo como herencia de la bienamada picaresca del Siglo de Oro, el enchufismo como llave maestra para el empleo, la chapuza como marca de fábrica, la preeminencia de curas y militares en el retrógrado escalafón social franquista, la mojigatería y la represión sexual, la miseria financiera traducida en miseria moral, el cainismo y la animadversión entre el centro y la periferia que no cesa incluso en tierra ajena, el patriarcalismo, la afición por apalear animales y el patriotismo de bandera raída y tópico rancio.

En contraposición a esta España de extrarradio y descampado, feísmo y opresión, se encuentra la semblanza de una Suiza casi idílica, arropada por la bucólica cordillera de los Alpes, ornada por las acogedoras construcciones forradas de madera y alfombrada por verdes e infinitos pastos de suave hierba, coronados por lagos de aguas cristalinas, todo ello entre la dulce música de la banda sonora. Un país donde las parejas exhiben su amor sin prejuicios, la basura se deposita en las papeleras, se duerme con edredón nórdico en invierno, se usa papel higiénico y no periódico para limpiarse el culo, la confianza en el prójimo no resulta sospechosa, se puede ofrecer café gratis en los albergues e, incluso, no hay problema en bañarse en pelotas delante de desconocidos.

           El posicionamiento que adopta Iglesias al respecto de estas memorias es, en resumen, un tanto maniqueo, lo cual en este caso tampoco está reñido con lo inverosímil –un caso muy semejante al que ocurre en paralelo con la mujer del protagonista (el poderoso rostro de Nieves de Medina), encarnación de un buen puñado de estos defectos patrios y, en cierto modo, la ‘mala’ de la película con sus caprichos, sus intransigencias y su cabezonería; aunque sea por otro lado una mujer fuerte, aguerrida y alegre-. No es en cualquier caso un esquinamiento extraño, puesto que, en el espacio privado de la memoria, cualquier tiempo pasado tiende a ser mejor. Iglesias, por ende, fía todo el potencial de su ópera prima a la empatía con el espectador, a quien ofrece una tragicomedia de sabor dulce, cargada de emociones identificables como el nerviosismo de la aventura por venir, la desorientación del exiliado en tierra ajena, la nostalgia de familia y amigos, y la ilusión y el desencanto que se alternan en cualquier experiencia vital.

En este sentido, se agradece la buena capacidad evocadora de Iglesias, puesto que su recopilación de batallitas y anécdotas, sumada al conocimiento de los personajes y de sus vivencias, consigue componer a unos seres humanos de trazo sencillo pero queribles en definitiva, dignos de ser acompañados en su epopeya secreta, interpretados por un reparto que, gracias a su elección por el director entre gente de confianza, consigue transmitir la familiaridad y la camaradería que luego se respira en el escenario. Tal es así que, en su mayor parte, repetirán asimismo en las sus dos siguientes producciones, Ispansi (¡Españoles!) -nueva crónica sobre emigrantes españoles, esta vez en la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial-, y, por descontado, 2 francos, 40 pesetas, segundo episodio de este díptico parcialmente autobiográfico.

           En correspondencia a esa visión polarizada por los estereotipos de ambos países, el cineasta madrileño también controla los límites del afecto por su propio relato y, aunque evidentemente nostálgico, no se despeña en un ternurismo empalagoso. En consecuencia, la cinta evita que el espectador se agote por el camino y el pulso se mantiene firme, con giros dramáticos creíbles y adecuadamente ejecutados que amenizan los minutos y describen la evolución afectiva y personal de unos personajes que, a fuerza de intentar ganarse la vida contra viento y marea, buscan una nueva vida sin lograr desprenderse de la que les precede, son de todas partes y de ninguna, ni se sienten españoles ni tampoco son suizos, poseen los valores de ambos mundos y también la soledad de encontrarse en medio de los dos.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7

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