Mountains May Depart

11 Nov

“El peor enemigo de la revolución es el burgués que muchos revolucionarios llevan adentro.” 

Mao Zedong

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Mountains May Depart

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Mountains May Depart

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Año: 2015.

Director: Jia Zhang-ke.

Reparto: Zhao Tao, Zhang Yi, Liang Jin Dong, Dong Zijian, Sylvia Chang.

Tráiler

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             La filmografía de Jia Zhang-ke compone un fresco colosal sobre la China contemporánea y su ciclópea escalada a la cúspide del poder mundial. Es sin embargo un retrato disidente, que con innegociable coherencia sospecha del entusiasmo generalizado y, en cambio, se detiene a analizar con lucidez y profundidad las transformaciones, o no, que experimenta de la sociedad sometida a sus efectos. Como buen observador, Jia Zhang-ke es escéptico hacia los milagros, que siempre requieren un sospechoso acto de fe y la voluntad colectiva de comulgar con ruedas de molino. Sus anotaciones son, por supuesto, aplicables tanto para éste como para otros volátiles prodigios económicos del mundo actual.

             Jia Zhang-ke avanza con Mountains May Depart en su crónica social, cultural y económica del gigante asiático vertebrando su discurso a través de una cronología que encadena, rima y hace dialogar el pasado, el presente y el futuro del país. Desde la moribunda y eternamente empobrecida clase proletaria, depredada por el capitalismo arrogante e insaciable, hasta la progresiva pérdida de la identidad nacional y el imperativo retorno a las raíces que el autor prevé para un provenir inmediato, a diez años vista.

             No le falta ambición a la propuesta, a pesar de que, sin renunciar a la exploración formal –la inserción de fotogramas documentales de siniestro patetismo- y del abundante empleo de símbolos y alegorías como recurso expresivo, quizás sea una obra relativamente sencilla, concisa y en definitiva asequible dentro de la trayectoria de Jia Zhang-ke.

Con un esquema semejante al que había planteado en Platform, su tercer largometraje, Mountains May Depart engarza tres episodios –pasado, presente y futuro- en el que cada protagonista, cada tono narrativo y cada formato de imagen sirve para definir su respectivo contexto. Así, el filme parte desde un triángulo amoroso escenificado en la provincia natal del director, la humilde Shanxi, y en el que las inesperadas notas de comedia romántica se van agriando a medida que los tres vértices del mismo –un empleado de la mina de carbón, una vitalista muchacha y un enriquecido hombre de negocios- se desequilibran, deformando la figura y todo lo que viene a continuación. Que, en concreto, será un drama familiar acerca del irreparable distanciamiento entre generaciones en medio de un ambiente de opulencia propio de nuevos potentados y, por último, una reflexión a propósito de la despersonalización instigada por la globalización, de la irrelevancia moral de la riqueza y del imperativo de la libertad.

Son las tres visiones y alegorías manifiestas de la realidad china, acaso demasiado tópicas ya en este tercer capítulo de la función, ambientado en Australia –el desarraigo literal, puesto que además está protagonizado por hijos de emigrantes que asisten a clases para reaprender su idioma y su cultura, entre otras cosas- y que es el que peor funciona de todos ellos, más plano, menos convincente y menos poderoso que sus antecesores.

             Según avanza el metraje y China se regodea en los dólares del turbocapitalismo -como es supuesta obligación de cualquier otro Estado próspero y feliz que dese cumplir el sueño marcado por el sistema hegemónico-, Mountains May Depart se impregna de un melancólico pesimismo que, de acuerdo con el cuaderno de ruta de Jia Zhang-ke, es la parada a la que conduce el camino emprendido tiempo ha, en la última primavera del siglo anterior.

De tal manera que, volviendo la vista atrás, indagando con independencia y espíritu crítico en la actualidad e intuyendo con sentido común las probabilidades del futuro por venir, uno puede descubrir que el descuartizamiento, subasta y desaparición de las ilusiones de un pueblo bien caben entre dos coreografías antagónicas del Go West –ve al Oeste, conviértete en el Oeste- de los Pet Shop Boys.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7.

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