45 años

8 Nov

“El artista debe describir la vida interior, no la exterior. La abstracción es esencial para el creador. Permite al realizador franquear las barreras que el naturalismo impone. Permite a sus filmes ser no solamente visuales, sino espirituales.”

Carl Theodor Dreyer

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45 años

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45 años

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Año: 2015.

Director: Andrew Haigh.

Reparto: Charlotte Rampling, Tom Courtenay.

Tráiler

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           Hay una escena en 45 años –un contrapicado de la protagonista escalando al desván en busca de las fotos de la antigua y fallecida novia de su marido, mientras el perro gimotea y ladra a sus espaldas- que está rodada con un lenguaje propio del cine de terror. No es la única, puesto que por momentos surgen en el escenario imágenes sumamente simbólicas en forma de sombras siniestras o puertas que se cierran de improviso al fondo desenfocado del plano.

           45 años es una historia de fantasmas, porque el espíritu de Katia -esa mujer que retorna a la vida desde un glaciar suizo- se adueña del filme desde su recuerdo incandescente y, como la Rebeca de Alfred Hitchcock impregna cada rincón de los fotogramas y de la existencia en común de Kate (Charlotte Rampling) y Geoff (Tom Courtenay), un matrimonio en las vísperas de celebrar su 45 aniversario de casados –ascendencia perturbadora que luego Andrew Haigh, realizador y guionista de la cinta, tendrá necesidad de verbalizar-.

45 años es además, desde la manera en la que él pronunciará “mi Katya”, una película de catástrofes, como también explicitará el libreto por medio de un diálogo obsesivo acerca de cómo el cambio climático destruye los glaciares y puede llevarse por delante todo a su paso, por supuesto arrastrando en su torrente el cadáver incorrupto y descongelado de la muchacha, análoga fuerza destructiva.

           La obra ancla así su narración en esta cotidianeidad arrasada por un tsunami con nombre de mujer, donde la sucesión de sus efectos queda registrada desde un estilo realista que descarta los tremendismos del melodrama matrimonial y, en cambio, ahonda con naturalidad en el aspecto psicológico-sentimental del conflicto desde el punto de vista de ella, que es el personaje verdaderamente afectado y que experimenta una evolución más demoledora tras el insólito descubrimiento y sus secuelas aparejadas.

De este modo, 45 años arroja importantes cargas de profundidad en zonas tan comprometidas como la dificultad de cerrar las heridas del pasado y en el peso diario de sus cicatrices; las nuevas lesiones íntimas que abre el inclemente transcurso del tiempo, incapaz de aportar sosiego a la vorágine de vivir, y la insoslayable incertidumbre que domina las relaciones humanas.

           Afirmado sobre las excelsas interpretaciones de Rampling y Courtenay –sendos premios en el festival de Berlín-, Haigh dirige con expresividad y buen gusto una historia introspectiva y espectral. Un relato que desde la sencillez, la verosimilitud y el calor de la intimidad, se lanza con arrojo contra aspectos existenciales tremendamente oscuros y espinosos; de tamaño poder que pueden transformar el apacible verismo de la ambientación en un microuniverso apropiado para superponer un tenebroso cuento gótico.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 8.

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