Archivo | octubre, 2015

La muerte de Mikel

15 Oct

El hombre como estado soberano, inmerso en su propio y traumático proceso de transición. La muerte de Mikel, para las novedades en blu-ray de Cine Archivo.

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Frank

14 Oct

“El éxito es como caminar sobre el alambre, y no todo el mundo está preparado para ser funambulista.”

Al Pacino

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Frank

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Frank

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Año: 2014.

Director: Lenny Abrahamson.

Reparto: Michael Fassbender, Domnhall Gleeson, Maggie Gyllenhaal, Scoot McNairy, François Civil, Carla Azar.

Tráiler

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          “Escuchaba las historias de Chris cuando íbamos en la camioneta, tratando de comprenderle. Me recordaba al hombre no razonable de Bernard Shaw: ‘Un hombre razonable es aquel que se adapta al mundo a su alrededor. El hombre no razonable espera que el mundo se adapte a él. Por lo tanto, todo progreso es hecho por los hombres no razonables’. Chris era el hombre no razonable, salvo que el mundo nunca se adaptó a él y él nunca realizó ningún progreso”.

El párrafo anterior representa la visión que el periodista Jon Ronson tenía de Chris Sievey, humorista y músico británico creador del personaje de Frank Sidebottom, una estrella pop identificable por la enorme cabeza de papel maché tras la que se ocultaba el propio artista. Ronson, que tocaba el teclado en la banda de Sidebottom -situada a medio camino entre la ficción y la realidad, entre la caricatura y la sinceridad, encumbrada a ese cajón de sastre extraño y dudoso que es el ‘arte de culto’-, describía al hombre tras el muñeco como un individuo todavía más extravagante que su criatura; un ser incomprendido en un mundo acostumbrado a marginar y atropellar a aquellos que no encuentran acomodo en su inflexible status quo.

          Inmadurez, melancolía, inadaptación, adoración por la estética y el arte marginal como expresión superficial de una personalidad extemporánea,… Claves que se amoldan a la marca propia –y ya globalizada- que constituye el cine ‘indie’, amarrado -cuando se cumplen sus tópicos definitorios- a unos personajes que se regodean en la soledad que les provoca su sensibilidad irremediablemente exacerbada y única, sin cabida dentro del materialismo egoísta y la frialdad emocional de la sociedad contemporánea.

          Con guion de Ronson -auxiliado por Peter Straugham-, Frank es un homenaje doble a Sievey: tanto a su creación –un músico desconocido que oculta su potencial único bajo la estrafalaria máscara de cartón- como al creador mismo y su personalidad diferencial. Narrada desde la perspectiva del nuevo teclista de la banda, precisamente de nombre Jon (Domhnall Gleeson), el filme comienza aparentando ser la crónica de la conquista de un sueño para, luego, ensayar gradualmente su canto a la diferencia. Un viraje que se dibuja a partir de la maquiavélica conducta del protagonista, debutante a la sombra del totémico y genuinamente genial Frank (Michael Fassbender) -líder de este conjunto de desharrapados que trata de encontrar la última frontera del público y de ellos mismos- y en búsqueda tormentosa y obsesiva de la semilla de esa genialidad, presente en este hombre misterioso y, en cambio, ausente en él.

          La dulzura naif que caracteriza al diseño de producción acentúa progresivamente su amargura a medida que el relato se impregna de patetismo y tenue oscuridad, siempre con un tono de apagada melancolía que se rompe de forma ocasional con las sobreimpresiones de las redes sociales, erigidas en sistema de medida y enjuiciamiento del valor de las cosas. Frank resulta más atractiva cuando el absurdo, la extravagancia y la anarquía se emplea con optimismo y ligereza para describir la dinámica del insólito grupo humano y musical, no tanto así para ensayar esta manida y adolorida crítica contra la cultura de lo convencional, lo inmediato y lo estandarizado.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 6,5.

El astronauta

12 Oct

Por 8.000 pesetas, un español te pone en la Luna, por sus cojones. El astronauta, la ciencia ficción española en los tiempos del sputnick, para la sección de estrenos de Cine Archivo.

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El desconocido

11 Oct

“…y ya de paso entro en cuatro oficinas de cuatro multinacionales que yo me sé y, eh, sin especular ¿eh? No quedaría nadie vivo. Y después secuestro al presidentazo de un bancazo de estos y… me-me-me cagaría en la puta. Hacerle sufrir. Torturarle. Y luego, sacar la recortada y… ¡pum! ¡Por fin! ¡Libre! ¡Desnudo! Y toda la gente ahí ‘aaaay… Está loco, pero es encantador. Le queremos’.”

Albert (Murieron por encima de sus posibilidades)

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El desconocido

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El desconocido

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Año: 2015.

Director: Dani de la Torre.

Reparto: Luis Tosar, Javier Gutiérrez, Paula del Río, Marco Sanz, Elvira Mínguez, Fernando Cayo, Goya Toledo, Antonio Mourelos, Ricardo de Barreiro, María Mera, Luis Zahera.

Tráiler

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            La violencia en los tiempos de las preferentes y del cénit kafkiano del terrorismo institucional-corporativo contra el individuo desamparado, al que se le puede despojar de un plumazo de ahorros, vivienda, trabajo y dignidad para, además, alentarle luego con pitorreo con un par de eslóganes de pensamiento positivo para que los clave en su muro de Facebook. Trabaje precariamente, que conocerá mundo. Emprenda, que experimentará la adrenalina de la aventura económica en la ruleta del turbocapitalismo.

            Dentro de una obra cómicamente subversiva como Relatos salvajes -tan argentina como universal-, el episodio Las ratas –prolongado asimismo por el mítico Bombita– arrojaba contra la cara del espectador alelado a una lúcida heroína con moral de western que sabía cuál era la única manera de atajar de raíz el insoportable e incesante atropello. En un mundo de villanos, es deber del ciudadano responder con idéntica violencia contra los desmanes del poder, erigido en mafia con sonrisa de ortodoncia, educación de colegio privado, traje diplomático y gomina de hormigón.

El protagonista de El desconocido (Luis Tosar) es víctima y, a su vez, es verdugo –dentro de esa difusa ambivalencia en la que se dirimen los asuntos morales de esta sociedad absolutamente desorientada cuando los valores no son cuantificables, ni se someten a balances de cuentas-. Tan víctima, decíamos, como el viejo Ebenezer Scrooge cuando es asustado por los fantasmas de las navidades pasadas. Tan verdugo como él, quintaesencia del potentado capitalista de la Revolución industrial. Y, por el contrario, su antagonista en el filme es verdugo y, expuesto con la debida empatía, o con otro punto de vista del libreto –acaso semejante al del de Murieron por encima de sus posibilidades-, podría haber sido el héroe que quizás merezca esta Gotham contemporánea y cotidiana de fuera de los fotogramas.

            El desconocido es un ejercicio de acción con coartada social en el cual un frío vendedor de derivados tóxicos se adentra con su coche, acompañado de sus hijos, en un cuento moral narrado desde un teléfono móvil por una voz que le reclama, en compensación por sus fechorías, el pago íntegro de sus ahorros familiares. El discurso social confluye –por desgracia diluido- con una estructura popular en la que resulta imposible no citar Speed: Máxima potencia, clásico noventero del género, o incluso otras cintas de escenario prácticamente fijo y negociación intensa como Última llamada o Buried (Enterrado).

            En contraposición al solvente pulso que demuestra el monfortino Dani de la Torre en su debut en el largometraje –a pesar del abuso de los movimientos de cámara, casi contraproducentes en su pretensión de imprimir tensión a las imágenes-, el guion, cargado con algún que otro tópico insustancial –la crisis familiar- y una buena ración de lugares comunes, no resulta tan potente en la explotación de esta valiosa idea crítica que conduce a la moraleja final, cuyo jugo deja la sensación de quedar desaprovechado.

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Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 6.

Descalzos por el parque

10 Oct

“La belleza es muy superior al genio. No necesita explicación.”

Oscar Wilde

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Descalzos por el parque

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Descalzos por el parque

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Año: 1967.

Director: Gene Saks.

Reparto: Robert Redford, Jane Fonda, Charles Boyer, Mildred Natwick.

Traíler 

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            Se me ocurren pocas parejas cinematográficas más bellas que Robert Redford y Jane Fonda. Apolíneos y deslumbrantes, sus genes deberían haberse fusionado en la vida real por el bien de la humanidad, por mor de la eugenesia científica y estética. Podrían ser expuestos en fotogramas, subiendo y bajando una calle, y se bastarían por sí mismos para justificar un largometraje. Aunque coinciden en pantalla en Me casaré contigo –anecdóticamente-, La jauría humana y El jinete eléctrico, es en Descalzos por el parque donde muestran su mejor cara, valga la redundancia.

            En la plenitud de su físico y en el camino a su estrellato –uno a la espera del primer taquillazo que refrendase su futuro, otra con el anhelo de desprenderse de su imagen de objeto sexual-, Redford y Fonda encarnan en Descalzos por el parque a un matrimonio de recién casados que, después de la fogosa luna de miel en el Hotel Plaza de Nueva York, comienzan sus azarosos días en común en un ínfimo apartamento del Greenwich Village en el que podrán en juego su resistencia romántica, acechada por la carestía material, el extravagante carácter del vecindario y las lógicas diferencias de personalidad que se dan entre el ordenado Redford, mesurado galán sacado del Hollywood clásico, y la vitalista Fonda, rostro del compromiso y la rebeldía social de la década.

Una coyuntura que, convertida en leit motiv del filme, queda reproducida de forma especular y ejemplificadora entre la madre de ésta (Mildred Natwick), tradicional y apocada, y el pintoresco habitante del ático (Charles Boyer), cosmopolita y aventurero.

            Basada en la exitosa obra teatral homónima de Neil Simon, encargado aquí de adaptar su propio texto, Descalzos por el parque resulta una comedia tremendamente simpática y dinámica, a pesar de que la plana realización de Gene Saks –también de extracción dramatúrgica y debutante como director de cine- no logra hacer que los escasos escenarios se desprendan de ese aire teatral del argumento, fundado sobre la velocidad, la incisión y el potencial humorístico de los diálogos, las réplicas y los volcánicos choques de caracteres.

En su mayor parte, el humor resiste sin problemas el paso de los años e incluso a veces sorprende con algún gag de talante pythonesco –el borracho al que llevan a casa- y con sus evidentes sugerencias sexuales. Virtudes que propician la adhesión incondicional del espectador a las aventuras matrimoniales y sociales de este par de jóvenes en busca de hacerse un hueco en el mundo, caricaturescas pero identificables –Simon aseguraba haberse inspirado en su relación con su mujer para escribir el libreto-.

            El excelente acoplamiento del reparto –Charles Boyer y Mildred Natwick, perfecta encarnación de sus personajes, son tan memorables o más que Fonda y Redford -, se encarga de consolidar la vis cómica del texto e imprimirle el tempo adecuado a las escenas. Ayuda, claro que Redford y Natwick conocieran al dedillo su papel: eran parte del reparto original de Broadway.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7.

Outrage 2

8 Oct

Kitano: el ruido y la furia. Siempre a la contra, Takeshi se anima con una segunda parte de carnaza dedicada a sus seguidores/detractores. Outrage 2 para Ultramundo.

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Un largo adiós

6 Oct

“Los años setenta fueron un renacimiento. Tuve la suerte de estar allí.” 

Al Pacino

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Un largo adiós

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Un largo adiós

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Año: 1973.

Director: Robert Altman.

Reparto: Elliott Gould, Nina van Pallandt, Sterling Hayden, Mark Rydell, Henry Gibson, David Arkin, Jim Bouton.

Tráiler

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            Es un mundo de locos, zarandeado por los conflictos étnicos y sociales, azorado por la liberación sexual y abrumado por la incierta seguridad de sus aceras. Pero el detective privado Philip Marlowe no tiene problema con nada de ello. “It’s ok with me”, le suelta con pasota indiferencia a la extraña fauna que puebla este Los Ángeles enfebrecido y enrarecido de comienzos de los setenta.

            El Philip Marlowe de Un largo adiós es un Philip Marlowe para una época, a la que su desengaño y su cinismo se ajusta como anillo al dedo -por mucho que, en lo que a él respecta, solo sea una pose defensiva para contrarrestar su naturaleza extemporánea-. Ahora, sus vecinas son hippies nudistas, los maleantes visten a la moda del momento y la decrepitud de Hollywood es más visible que nunca; una caricatura de sí misma en la mejor de las formas.

En cambio, permanece su vida desastrosa y su madriguera desastrada, un Lincoln Continental Cabriolet del lejano 1948, sus réplicas cargadas de sarcasmo y sus intrincados casos, rebuscados entre la mugre de una sociedad decadente, violenta y amoral; todo ello no desprovisto de visos paródicos. Y, sobre todo, pervive su esencia marginal y perdedora, deshilachada y aislada en un universo de corrupción y degradación en el que es imposible salir a flote y en el que, hasta la más mínima sonrisa de (temporal) alivio, queda igualmente pringada de mierda.

            El Marlowe del Nuevo Hollywood baja a la realidad de unas calles sucias para asimilarse a sus personajes antimaniqueos, cuya ambigüedad manifiesta dificulta todavía más las investigaciones criminales  que el bueno de Marlowe, corbata innegociable y pitillo colgando de la comisura, debe resolver. Su físico, incluso, se ha vuelto más accesible, amoldado a los rasgos comunes de Elliott Gould –un actor a quien se achacaba entonces un comportamiento errático que lo había dejado fuera de juego durante dos años-. Un físico menos fabuloso que el del Humphrey Bogart de El sueño eterno o, en este periodo, menos fotogénico que el del James Garner de Marlowe, un detective muy privado y menos imponente que el del Robert Mitchum de Adiós, muñeca y Detective privado. Menos cinematográfico, si se prefiere.

Por su parte, sus contrincantes se revelan más humanos que literarios, dentro de su extravagancia inoculada por el entorno que habitan, desmitificados por sus taras: lamentablemente alcoholizados, egoístas, gorrones, patéticos,… El escritor titánico encarnado por Sterling Hayden queda a merced del tempestuoso intérprete, anárquico como él, contradictorio, vitalista, romántico, agresivo e impredecible.

            En paralelo, la realización de Robert Altman permanece libre, ignorante de convenciones genéricas, en constante movimiento, al ritmo de los diálogos de apariencia improvisada que van desgranando el caso que centra la trama pero que, en especial, hacen palanca en los ratos muertos del detective, igual de reveladores acerca del contexto y las circunstancias donde se cultiva la situación. De ahí que, en ocasiones, el tempo narrativo se resienta en parte y que asimismo, debido a este anclaje artístico e histórico tan particular, los años también deje su huella sobre la obra. No excesiva, empero.

El libreto, por supuesto, toma a su aire la novela original de Raymond Chandler y, entre otras cuestiones, decide hacer suyo el desenlace, acorde a su atmósfera dramática, su estilo un tanto distanciado y a las transformaciones de una América irreconocible para los estándares de los años cincuenta a los que pertenece el original, desfigurada y noqueada por sus explícitos vicios.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7,5.

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