Hannibal

30 Oct

“¿Han dejado ya de llorar los corderos, Clarice?”

Hannibal Lecter (El silencio de los corderos)

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Hannibal

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Hannibal

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Año: 2001.

Director: Ridley Scott.

Reparto: Julianne Moore, Anthony Hopkins, Gary Oldman, Ray Liotta, Giancarlo Giannini, Zeljko Ivanek, Ivano Marescotti, Francesca Neri, Frankie Fayson.

Tráiler

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            Al productor Dino de Laurentiis no le había gustado Hunter -la primera inmersión cinematográfica en el universo del doctor Hannibal Lecter-, principalmente porque se había saldado con un claro fracaso de taquilla. Dueño de los derechos del personaje junto a su esposa Martha, cedería altruistamente su posesión a la productora Orion Pictures y su proyecto El silencio de los corderos, que pretendía adaptar la segunda novela del psiquiatra caníbal, publicada en 1988, dos años después del estreno de la cinta de Michael Mann. Empero, una vez comprobado el clamoroso éxito de público y crítica de El silencio de los corderos, los De Laurentiis se encontraron entre manos con un filón que explotar, a la espera de que Thomas Harris, el padre literario del personaje, escribiera una nueva entrega de la saga, la tercera -y a la postre, la última de la tetralogía, desde el punto de vista cronológico de la narración-. Llegaría en 1999, con el título de Hannibal. Entonces, Dino de Laurentiis adquiriría sus derechos por una cantidad récord de 10 millones de dólares.

No se ahorrarían esfuerzos para la secuela, con un presupuesto de lujo y elevadas pretensiones artísticas. No obstante, el director Jonathan Demme, pieza determinante en El silencio de los corderos, rechazaría repetir tras considerar el texto extremadamente violento. El guionista Ted Tally seguiría sus pasos. Les sustituirían dos nombres de altura: Ridley Scott, que en ese momento estaba rodando Gladiator, y David Mamet, que pergeñó una versión preliminar del libreto. Al final, sería Steven Zaillian, prestigioso guionista de La lista de Schindler, quien reescribiera el guion en buena medida. Sin embargo, toda la estructura se tambalearía después de que Jodie Foster descartara volver a ponerse en la piel de la agente Clarice Starling, desconcertada por los cambios que experimenta el personaje en el transcurso de una obra a otra, lo que consideraba una traición a su naturaleza. Las dudas de Anthony Hopkins para encarnar a Lecter sembrarían el terror. Sin él no habría película. Finalmente, el actor británico confirmaría su presencia y, más aún, recomendaría personalmente a la sustituta de Foster: Julianne Moore, con quien había trabajado en el biopic Sobrevivir a Picasso.

            Nívea como una estatua renacentista, Moore interpreta aquí a una Starling presentada desde la introducción con su renovado carácter, curtido en diez largos años donde ha descubierto que los corderos inocentes nunca dejan de chillar, por más que, de vez en cuando, pueda salvar a uno de ellos. Starling duerme antes de emprender una sangrienta redada antidroga. Es un guerrero que reposa, quizás a la espera del resurgir de su némesis, el antagonista absoluto que da sentido a su vida, como el ying y el yang o el día y la noche.

El tono de Hannibal es operístico y desaforado, oscuro y grandilocuente. El duelo entre Starling y Lecter surge en la distancia para acercarse trecho a trecho a medida que avanzan los acontecimientos, intermediados por otras criaturas deformadas por la mente y la mano del doctor, como el codicioso inspector Pazzi (Giancarlo Giannini) o el magnate pedófilo Mason Verger (Gary Oldman).

            El cazador y la presa se difuminan así en una aparatosa y no demasiado coherente revisión del cuento de la Bella y la Bestia regado de sangre y vísceras, y que se separa gradualmente del material original de Harris, todavía más retorcido –y un tanto trasnochado-; mucho de él luego repescado en la serie homónima con notable fortuna. Pero en su intento de construir un artefacto elevado y solemne, a la altura del sofisticado Lecter –de su Florencia de los Médici cercenada por imágenes de cámara de seguridad y fotogramas de vísceras sanguinolentas-, Scott entrega un filme con graves problemas de ritmo, que a pesar de la elaborada factura visual no consigue igualar el poder de fascinación que, paradójicamente, si obtenía un artesano a priori menos dotado como Demme.

Al monstruo le sobra peso, minutaje, engolamiento, así como carece de un contrincante que ejerza de contrapeso como la compleja Starling de El silencio de los corderos, capaz de fascinar a aquel que ve a los hombres como alimento ocasional. Aquí Starling ha sufrido una metamorfosis, pero parece que solo queda una carcasa con la que Moore, que no es ni mucho menos una mala intérprete, no consigue llegar al listón dejado por su predecesora. Desmesurado, el monstruo no seduce tanto como antaño; le falta esa agudeza proverbial para describir la danza macabra de Starling y Lecter, engarzados al borde del abismo, luchando por sobrevivir a él o caer en sus profundidades.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 6.

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