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El silencio de los corderos

28 Oct

“A mí no me interesan los corderos. Solo me los como.”

Hannibal Lecter (Hannibal)

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El silencio de los corderos

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El silencio de los corderos

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Año: 1991.

Director: Jonathan Demme.

Reparto: Jodie Foster, Anthony Hopkins, Ted Levine, Scott Glenn, Brooke Smith, Anthony Heald.

Tráiler

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            En 1988, dos años después del estreno de Hunter -adaptación de la primera novela de la saga de Hannibal Lecter-, Thomas Harris, consciente del carisma del psiquiatra caníbal, publicaba una segunda entrega, El silencio de los corderos, de la que, en el futuro, será una tetralogía. En 1991, se estrenaría su versión en fotogramas, la cual catapultará definitivamente al personaje hasta convertirle en uno de los iconos del Mal en el séptimo arteen 2003 sería elegido por el American Film Institute como el mejor villano del cine– y sentará las bases junto a Seven del thriller psicopático de la década –no por casualidad, David Fincher será luego uno de los candidatos a dirigir Hannibal, secuela de ésta-, influyendo asimismo en otros relatos del FBI con componente de terror psicológico-esotérico como Expediente X, Copycat, El coleccionista de huesos o Fallen.

Además del descomunal reconocimiento público, la crítica encumbrará una obra que se coronará como la tercera en la historia –después de Sucedió una noche y Alguien voló sobre el nido del cuco– en conquistar el Óscar en las cinco categorías principales del galardón: película, director, actor y actriz principal, y guion adaptado.

            Sin duda, el mérito de la cinta de Jonathan Demme reside en la confluencia del arrollador magnetismo del Mal con mayúsculas –refinado, elegante, seductor, mortal- con un solvente relato policial protagonizado por un personaje perfilado con idéntica atención y presencia, la novata Clarice Starling, espíritu inocente encargado de bailar con el demonio a la luz de la luna y descubrir de su mano las sombras que proyecta su propio interior –la determinación, la ambición, la tentación-.

Anthony Hopkins y Jodie Foster, en definitiva; envueltos en una rotunda atmósfera tétrica –buen trabajo de fotografía y de banda sonora a cargo de Tak Fujimoto y Howard Shore respectivamente- bastante más tradicional que la propuesta por Michael Mann en Hunter aunque desde luego efectiva. El cado idóneo donde cultivar apropiadamente el caso de Buffalo Bill (Ted Levine), un Ed Gein redivivo, esencia del negro reverso de América. No obstante, la tensión apenas estallará de forma explícita, prescindiendo de golpes de efecto fáciles, y en cambio permanece siempre soterrada, aferrada a las entrañas de los personajes, bajo su piel, en los sótanos de su alma, ocultos en esa lectura angustiosa y tenebrosa de la esencia del país y de la especie humana.

Lecter, por tanto, se erige tan solo en libertador de las inclinaciones innatas, aquellas que ya discutía íntimamente con el agente Will Graham en El dragón rojo, constituido casi en su doble al otro lado del espejo –o del cristal de la celda-.

            Desde la realización, Demme estelariza acertadamente al doctor –la iluminación sombría o deslumbrante, las figuras que se arremolinan atemorizadas en su presencia al contrario que las que se ciernen masculinas y amenazadoras sobre Starling-, ensalzado asimismo por la justamente recordada interpretación de Hopkins.

El pulso narrativo dosifica con precisión la intriga, equilibrando en un espectáculo de grata intensidad y entretenimiento ese ramillete de duelos íntimos –Lecter y Starling; Starling contra sí misma debido a la capacidad de Lecter de desnudar y cuestionar la naturaleza de sus oponentes– y el derivado y por tanto secundario duelo policíaco e ilusoriamente redentor –Starling contra Buffalo Bill, contra su deuda del pasado-.

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Nota IMDB: 8,6.

Nota FilmAffinity: 8,2.

Nota del blog: 8,5.

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