Archivo | 15:39

Un largo adiós

6 Oct

“Los años setenta fueron un renacimiento. Tuve la suerte de estar allí.” 

Al Pacino

.

.

Un largo adiós

.

Un largo adiós

.

Año: 1973.

Director: Robert Altman.

Reparto: Elliott Gould, Nina van Pallandt, Sterling Hayden, Mark Rydell, Henry Gibson, David Arkin, Jim Bouton.

Tráiler

.

            Es un mundo de locos, zarandeado por los conflictos étnicos y sociales, azorado por la liberación sexual y abrumado por la incierta seguridad de sus aceras. Pero el detective privado Philip Marlowe no tiene problema con nada de ello. “It’s ok with me”, le suelta con pasota indiferencia a la extraña fauna que puebla este Los Ángeles enfebrecido y enrarecido de comienzos de los setenta.

            El Philip Marlowe de Un largo adiós es un Philip Marlowe para una época, a la que su desengaño y su cinismo se ajusta como anillo al dedo -por mucho que, en lo que a él respecta, solo sea una pose defensiva para contrarrestar su naturaleza extemporánea-. Ahora, sus vecinas son hippies nudistas, los maleantes visten a la moda del momento y la decrepitud de Hollywood es más visible que nunca; una caricatura de sí misma en la mejor de las formas.

En cambio, permanece su vida desastrosa y su madriguera desastrada, un Lincoln Continental Cabriolet del lejano 1948, sus réplicas cargadas de sarcasmo y sus intrincados casos, rebuscados entre la mugre de una sociedad decadente, violenta y amoral; todo ello no desprovisto de visos paródicos. Y, sobre todo, pervive su esencia marginal y perdedora, deshilachada y aislada en un universo de corrupción y degradación en el que es imposible salir a flote y en el que, hasta la más mínima sonrisa de (temporal) alivio, queda igualmente pringada de mierda.

            El Marlowe del Nuevo Hollywood baja a la realidad de unas calles sucias para asimilarse a sus personajes antimaniqueos, cuya ambigüedad manifiesta dificulta todavía más las investigaciones criminales  que el bueno de Marlowe, corbata innegociable y pitillo colgando de la comisura, debe resolver. Su físico, incluso, se ha vuelto más accesible, amoldado a los rasgos comunes de Elliott Gould –un actor a quien se achacaba entonces un comportamiento errático que lo había dejado fuera de juego durante dos años-. Un físico menos fabuloso que el del Humphrey Bogart de El sueño eterno o, en este periodo, menos fotogénico que el del James Garner de Marlowe, un detective muy privado y menos imponente que el del Robert Mitchum de Adiós, muñeca y Detective privado. Menos cinematográfico, si se prefiere.

Por su parte, sus contrincantes se revelan más humanos que literarios, dentro de su extravagancia inoculada por el entorno que habitan, desmitificados por sus taras: lamentablemente alcoholizados, egoístas, gorrones, patéticos,… El escritor titánico encarnado por Sterling Hayden queda a merced del tempestuoso intérprete, anárquico como él, contradictorio, vitalista, romántico, agresivo e impredecible.

            En paralelo, la realización de Robert Altman permanece libre, ignorante de convenciones genéricas, en constante movimiento, al ritmo de los diálogos de apariencia improvisada que van desgranando el caso que centra la trama pero que, en especial, hacen palanca en los ratos muertos del detective, igual de reveladores acerca del contexto y las circunstancias donde se cultiva la situación. De ahí que, en ocasiones, el tempo narrativo se resienta en parte y que asimismo, debido a este anclaje artístico e histórico tan particular, los años también deje su huella sobre la obra. No excesiva, empero.

El libreto, por supuesto, toma a su aire la novela original de Raymond Chandler y, entre otras cuestiones, decide hacer suyo el desenlace, acorde a su atmósfera dramática, su estilo un tanto distanciado y a las transformaciones de una América irreconocible para los estándares de los años cincuenta a los que pertenece el original, desfigurada y noqueada por sus explícitos vicios.

.

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7,5.

A %d blogueros les gusta esto: