Archivo | 16:10

Dejad paso al mañana

23 Sep

“Dejad paso al mañana podría hacer llorar a una piedra.”

Orson Welles

.

.

Dejad paso al mañana

.

Dejad paso al mañana

.

Año: 1937.

Director: Leo McCarey.

Reparto: Victor Moore, Beulah Bondi, Thomas Mitchell, Fay Bainter, Barbara Read, Elisabeth Risdon, Minna Gombell, Ray Mayer, Maurice Moscovitch.

Filme

.

           En algunas culturas, como los inuit groenlandeses o ciertas tribus del Congo, existía antiguamente una especie de suicidio ritual por medio del cual los ancianos, considerándose a sí mismos una carga para sus familias, solían retirarse a parajes solitarios y hermosos de las montañas heladas o las profundidades de la selva para, finalmente, dejarse morir. Algo semejante a lo que en el cine, por ejemplo, puede verse, de forma mucho más grotesca, en las dos versiones existentes de La balada del Narayama1958 y 1983-.

Aparte por supuesto de los valores que se le suponen al occidente grecolatino y judeocristiano, contrarias a estas prácticas, se trata de costumbres que, en cualquier caso, el progreso de los servicios médicos y sociales convierten en impensables, más aún cuando en la actualidad, en España, la cantidad de abuelos que ayuda económicamente a hijos y nietos ha ascendido a un significativo 80 %.

Sin embargo, la realidad de los ancianos en la sociedad occidental no siempre es la deseable: su exclusión como miembros útiles de la comunidad, la soledad y la autoreclusión doméstica, la dificultad de encontrar actividades físicas y sociales que actúen como estímulo vital,… Problemáticas unidas al estilo de vida contemporáneo y a la pérdida de valores sociales como el respeto por los mayores o la mayor cohesión de la unidad familiar. No viene de ahora, no obstante. Dejad paso al mañana, película estrenada en 1937 en Estados Unidos -modelo socioeconómico y cultural de occidente tras la Segunda Guerra Mundial-, indaga precisamente en este abandono que sufre la tercera edad, propiciado en muchos casos por sus propios allegados.

           El drama de Dejad paso al mañana nace del desahucio del anciano matrimonio protagonista por parte del banco de su pueblo –una temática que, desgraciadamente, también ha aferrado sus garras sobre el presente- y cómo ambos afrontan, separados, una nueva vida bajo el techo de alguno de sus cinco hijos. Así, la trama se divide en dos mitades, cuya calidad difiere en buena medida.

Dejad paso al mañana comienza como una película moralista y admonitoria cuya crítica social, simple y sentimentaloide, hace palanca en la brecha generaciónal que se abre, “como un desfiladero”, entre la pareja de ancianos -(excesivamente) torpes a la hora de adaptarse a los ritmos de sus descendientes- y sus hijos -tan estúpidos como egoístas-. Su crítica a la incomprensión e insolidaridad entre la vieja y la nueva escuela, por tanto, se fundamenta en una exageración casi caricaturesca que resulta ñoña y tremendamente ingenua, que no se atreve a asomarse al sistema socioeconómico que, resguardado en las sombras, sustenta semejante atropello. Cualquiera que se eche a pensar en Cuentos de Tokio solo conseguirá irritarse con la comparación entre la delicadeza lírica de Yasujirô Ozu y el tremendismo melifluo de Leo McCarey, por más que, según digan los historiadores de cine, la una sea inspiración directa de la otra.

           Pero no está todo perdido. Los desdichados Bark (Victor Moore) y Lucy Cooper (Beulah Bondi) se reencuentran para su último paseo juntos y la luz brota de los fotogramas. El filme se redime a partir de la resplandeciente intimidad que estalla durante su paseo por Central Park, durante la rememoración de sus días más felices (y sin hijos). Aunque sea desde el recuerdo, los personajes por fin vuelven a la vida, y es ahí cuando sus emociones se tornan legítimas, conmovedoras. Fragmentos que, con mayor sencillez y autenticidad, aportan más pinceladas al retrato de Bark y Lucy, así como sobre su traumática coyuntura, que todo el metraje anterior junto.

La alegría del recuerdo compartido y redivivo colisiona con la melancolía del tiempo pasado y la profunda tristeza del adiós. El definitivo, probablemente. La agonía forzada por unas circunstancias inclementes e inhumanas. Es ahí cuando, por fin, hasta culminar en un desenlace valiente, honesto y palpitante, más cerca se siente uno de la grandeza que, más de una década después, hallará Ozu en una de las cumbres de su arte.

.

Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 8,1.

Nota del blog: 6,5.

A %d blogueros les gusta esto: