¡Ataque!

18 Sep

“El militar es una planta a la que hay que cuidar con esmero para que no dé sus frutos.”

Jacques Tati

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¡Ataque!

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Ataque

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Año: 1956.

Director: Robert Aldrich.

Reparto: Jack Palance, Eddie Albert, Lee Marvin, William Smithers, Robert Strauss, Richard Jaeckel, Buddy Ebsen, John Shepodd, Peter van Eyck, Jim Goodwin, Jud Taylor.

Tráiler

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           Se podría hacer una película solo enfocando el rostro de Jack Palance y cambiando los ángulos de cámara y la iluminación. Tallada a mazazos y cicatrices de combate, su expresión, grotesca incluso, exuda virilidad reconcentrada, arrojo y agresividad; rasgos que pueden ser empleados tanto para fines heroicos como, con mayor frecuencia, en el papel de villano. Una ambivalencia que, precisamente, se explotará en obras maestras como Los profesionales a propósito de su revolucionario mexicano Jesús Raza.

Sin embargo, su habilidad interpretativa también le permitirá matizar la brutalidad de su rostro con sentimientos de duda, miedo y cólera, como los que afloran en la presente cinta. El tremebundo grito sordo en el que se congelan sus facciones en ¡Ataque! sintetiza como ninguna otra cosa la pérdida de la razón que significa la guerra, tanto o más violenta y absurda cuando, confundido en medio de la espiral de locura, el enemigo pasa a encontrarse en campo propio.

           Más que una cinta bélica, ¡Ataque! es un potente drama cuartelario ambientado en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial y cuyo germen de tensión nace, entroncando con una familia de ilustres miembros como Fort Apache y hasta Senderos de gloria, a partir del conflicto que se establece no entre el ejército estadounidense y los despiadados nazis, sino dentro del seno del propio contingente americano.

El guion de James Poe –integrante de un terceto junto a Robert Aldrich y Jack Palance que ya había entregado anteriormente La podadora (El gran cuchillo)-, desencadena un alto voltaje dramático y violento a partir de la confrontación entre el teniente Costa (Palance), militar nato, y la corrupta élite castrense –el cobarde capitán Cooney (Eddie Albert), mantenido por sus influencias familiares y aspirante a una condecoración como el capitán Stransky de La cruz de hierro; el ambicioso y maquiavélico teniente coronel Bartlett (Lee Marvin), con la mira más puesta en la política que en la guerra-.

           Los personajes –el rebelde legitimado, el poder pútrido, la soldadesca común, el individuo íntegro hasta las últimas consecuencias- quedan así atrapados en una espiral febril espoleada por el acoso de los tanques y los bombardeos de la Wehrmacht. Con habilidad, los antagonistas como el capitán Cooney no permanecen de una sola pieza, sino que emergen como figuras trágicas, víctimas de este sistema viciado donde no existen los valores humanos y ni siquiera religiosos –los ruegos de Costa en la catarsis de la película- y que, finalmente, todo lo igualan la sangre y la muerte. De igual modo, es difícil concluir quién puede erigirse en el héroe de la función, dado que las manos de todos los partícipes acaban, de uno u otro modo, mancilladas por las circunstancias y por la influencia degenerante de la guerra, idea central del discurso del filme.

           De este modo, el verdadero combate, aquel que se libra en escenarios interiores -más intensos que unas secuencias de lucha que acusan la falta de medios-, está poblado de penetrantes sombras que deforman y ocultan a estas desesperadas criaturas. Así, elaboran un retrato crítico de una entidad capital como el Ejército a pesar de las correspondientes concesiones de redención diseñadas para atemperar el profundo pesimismo que reviste la obra, inevitables en un contexto de Guerra Fría en el que el cuestionamiento de los valores de la nación suponía una actividad sospechosa y punible.

No obstante, el Ejército estadounidense, escamado por el osado y rompedor trasfondo antibélico del argumento, rehusaría asesorar y proveer material a la producción, lo que redundará en esa citada carestía que afecta a las escenas estrictamente marciales. Aldrich, en un gesto de enorme valentía y simbolismo, denunciaría la injerencia del poder militar en el cine de Hollywood y su empleo propagandístico.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7,5.

2 comentarios to “¡Ataque!”

  1. Hildy Johnson 21 septiembre, 2015 a 09:59 #

    ¡Qué bueno tu primer párrafo y cómo explica el magnetismo que ejerce Jack Palance!

    “Se podría hacer una película solo enfocando el rostro de Jack Palance y cambiando los ángulos de cámara y la iluminación. Tallada a mazazos y cicatrices de combate, su expresión, grotesca incluso, exuda virilidad reconcentrada, arrojo y agresividad; rasgos que pueden ser empleados tanto para fines heroicos como, con mayor frecuencia, en el papel de villano”.

    Ya te lo he confesado varias veces pero es un actor que me fascina. Por esta película que analizas, por la de Los profesionales que nombras… y las que me quedan por descubrir. ¿Le recuerdas ya anciano, qué presencia y qué personaje logra construir en Bagdad café?

    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 21 septiembre, 2015 a 14:22 #

      Jack Palance es un crack, de esos rostros sumamente interesantes que construyen personajes eternos. De su etapa de anciano lo que sí que recuerdo es su recogida del Óscar en 1992… ¡haciendo flexiones a una mano!

      Besos.

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