Los creyentes

16 Sep

“La única diferencia entre una secta y una religión es la cantidad de bienes que poseen.” 

Frank Zappa

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Los creyentes

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Los creyentes

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Año: 1987.

Director: John Schlesinger.

Reparto: Martin Sheen, Helen Shaver, Harley Cross, Malick Bowens, Robert Loggia, Elizabeth Wilson, Lee Richardson, Harris Yulin, Richard Masur, Carla Pinza, Jimmy Smits, Raúl Dávila.

Filme

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            El mal tiene carta blanca en el cine, sobre todo en el de terror. Su propia esencia maligna acostumbra a servirle de disculpa para pasarse por el forro las leyes de la verosimilitud física y narrativa. Frente al orden de Dios, que no suele manifestar sus milagros en fotogramas, está el caos del diablo y sus secuaces, que pueden hacer y deshacer a su antojo, casi omnipotentes e impunes.

Todo lo puede el hechicero de Los creyentes. Sus malas artes le permiten presentarse allí donde le dé la gana, obrar lo imposible y, en definitiva, objetivo primordial de toda religión, eliminar los atroces embates del azar y la incertidumbre que tanto acongojan al hombre, mota de polvo abandonada a su suerte en el vasto universo –una de los temas argumentales que componen el decorado dramático del filme-. Pero ni todo su poder es capaz de explicar convincentemente, entre otras cosas, por qué acaso querría su secta de devotos matar al hijo del protagonista.

            Los creyentes es una cinta que se sumerge en la fascinación morbosa que provoca la santería caribeña y el vudú, al estilo de las coetáneas El corazón del ángel o El arcoíris y la serpiente, si bien termina por recordar más a La semilla del diablo, dada su vertiente conspiratoria que aferra sus raíces en la sociedad estadounidense blanca, acomodada y preeminente.

Desde el punto de vista de un psicólogo de la policía (Martin Sheen), todavía con la herida abierta de su viudez, producto de un accidente fatal y patético, el relato se adentra en una trama embrollada y no demasiado sólida acerca de asesinatos infantiles, rituales macabros y ambiciones de lo más terrenal -típicas de los ochenta yuppies-, y donde la pretendida distinción didáctica entre santería y brujería -las fuerzas positivas y las negativas de este conjunto de creencias-, es inane y provoca indiferencia.

            John Schlesinger todavía rueda con cierto pulso y entrega alguna escena con capacidad de impacto –las arañas-, aunque en general la película transcurre sin despertar excesiva inquietud, ni en calar en los huesos de quien la mira despreocupado. El brujo clava sus ojos verdes en el espectador para tratar de hipnotizarlo y arrastrarlo a su infierno de magia negra y dolor, pero es inútil. El sortilegio no causa efecto.

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Nota IMDB: 6.

Nota FilmAffinity: 5,4.

Nota del blog: 4.

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