Marathon Man

15 Sep

“Si no estás dispuesto a salir en pantalla con una pistola, algo que yo nunca he hecho, entonces dejarán de ofrecerte papeles principales aunque hayas sido una estrella toda tu vida: primero te llegarán sólo papeles de reparto, y después sólo te llamarán para que hagas cameos.”

Dustin Hoffman

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Marathon Man

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Marathon Man

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Año: 1976.

Director: John Schlesinger.

Reparto: Dustin Hoffman, Laurence Olivier, Roy Scheider, Marthe Keller, William Devane, Richard Bright, Marc Lawrence, Fritz WeaverAllen Joseph.

Filme

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           Es una de las anécdotas recurrentes en el mundo de la interpretación. Durante la filmación de Marathon Man, Dustin Hoffman, adicto al Método Stanislavski –sistema promulgado por el Actors Studio y que había hecho fortuna en la década de los sesenta con el Nuevo Hollywood en busca de veracidad e intensidad física de la mano de actores como Marlon Brando, James Dean, Paul Newman, Al Pacino, Robert De Niro o Gene Hackman-, se enfundaba la piel de su personaje, Thomas ‘Babe’ Levy, un estudiante universitario enredado en una confabulación de espionaje internacional con viejos criminales nazis. Y, al igual que él, decidía cumplir, con su propio cuerpo, tres días de nervios y tensión sin pegar ojo. Al verle en el plató en un estado deplorable, Laurence Olivier, paradigma del actor shakesperiano británico, teatral y técnico, le preguntó acerca de sus cuitas. Hoffman le explicó con orgullo su procedimiento actoral, extremo y obsesivo. Olivier, que llevaba dos años alejado de las pantallas y protestaba por la falta de buenos papeles, acudió a la lógica de lo que él entendía por asimilar un personaje, parece ser que sin mayor acritud. “¿Y por qué no te limitas a actuar?”, le replicó.

           Marathon Man es un thriller en el que aparecen, jugosas, las características del cine de la época, caso de una violencia recia y destemplada –que aquí alcanza su clímax en una célebre sesión de tortura en la silla del dentista- y el empleo agresivo del paisaje urbano estadounidense -una Nueva York convertida en jungla y campo de batalla por su heterogénea y fallida mezcla de razas y la sempiterna lucha entre opresores y oprimidos-. En sintonía, el guion libera dispersas pero cáusticas gotas de crítica sociopolítica –la respuesta del nazi al cínico “yo creo en mi país” pronunciado por el amoral espía de William Devane, por ejemplo-; operación que el inglés John Schlesinger ya había ejecutado, entonces con mayor intención y en mayores cantidades, en la desoladora Cowboy de medianoche y la pesadillesca Como plaga de langosta.

Un marco hostil y crispado, en conclusión, en el que se desarrolla una trama conspiratoria clásica sobre la alargada sombra del nazismo -el mal absoluto-; subgénero que experimentó un periodo de esplendor al término de la Segunda Guerra Mundial, todavía convulsa por la psicosis del conflicto –Venganza (Cornered), El extraño, Encadenados, Gilda,…-, y que ahora reencontrarán un tibio renacer con la presente y Los niños del Brasil, dos años posterior y de nuevo con Olivier en el reparto, indiferente a la fragilidad de su salud –la consecución de un seguro médico para el lord británico sería uno de los grandes escollos de esta producción-.

           En su primera incursión en el cine de suspense, Schlesinger maneja bien los tiempos del relato combinando durante la mitad inicial del metraje un argumento paralelo en el que por un lado se presenta al protagonista (Hoffman), atormentado por los demonios familiares del pasado, en estrecha relación con el totalitarismo político, y, por otro, compensando la dosis de drama con intriga y entretenimiento, se procede a introducir este argumento internacional repleto de peligro y amenazas que emanan de la figura tétrica y pavorosa del mengeliano doctor Christian Schell, “Der Weisse Engel”, el ángel blanco (Olivier).

En ambos casos, emerge el tema del pasado y la imposibilidad de escapar de él -el concepto aparece en la misma introducción del filme, con la persecución obsesiva y delirante entre el hermano de Schell y un testarudo anciano judío-. Así pues, ‘Babe’ Levy entremezcla su doctorado en Historia –una tesis sobre la presencia de la tiranía en los Estados Unidos- con su propia herencia familiar –su padre, suicidado a causa de las presiones del mccarthismo-; mientras que Schell es, en sí mismo, una pieza de la Historia que, de hecho, aún exprime rentabilidad de sus horripilantes actos bajo el imperio de terror del Tercer Reich.

Este retorno de las deudas y pecados del ayer se manifestará en la confluencia de las dos historias y, cada vez de forma más evidente, en un proceso donde se juega con la relación de los personajes y su entorno -la calle como territorio enemigo: ‘Babe’ en su barriada latina; Schell en el distrito judío de las  joyerías-, revirtiéndola según avanza el relato hacia la violenta catarsis final.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7,5.

2 comentarios to “Marathon Man”

  1. altaica 20 septiembre, 2015 a 18:54 #

    En su día me gustó mucho, pero tendría que revisarla. Es una de las películas favoritas de Amenabar.

    • elcriticoabulico 21 septiembre, 2015 a 14:06 #

      Un buen thriller, sin duda. En cuanto a lo de Alejandro, no sé si últimamente su nombre es sinónimo de buen crédito.

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