Como plaga de langosta

13 Sep

“En Hollywood existe una cultura que engulle a los actores jóvenes para escupirlos después: sobrevivir es cada vez más difícil”.

John Cusack

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Como plaga de langosta

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El día de la langosta

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Año: 1975.

Director: John Schlesinger.

Reparto: William Atherton, Karen Black, Donald Sutherland, Burguess Meredith, Geraldine Page, Richard Dysart, Bo Hoskins, Pepe Serna.

Tráiler

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            Tuvo que llegar un inglés como John Schlesinger, conectado con el naciente Nuevo Hollywood, siempre anclado a pie de calle e inmisericorde con el glamour estelar del cine, para descerrajar una de las exploraciones más feroces y descarnadas del sueño americano en Cowboy de medianoche. La esencia optimista de América, perseguida por un vaquero que no es un vaquero, quedaba así expuesta como un vertedero de mierda, vacío y desengaño.

            Seis años más tarde, en 1975, coetáneo a producciones ambientadas en La Meca del cine como Así comenzó Hollywood y El último magnate, Schlesinger enfocará su objetivo con Como plaga de langosta precisamente hacia esa fábrica de fantasías y sueños ilusorios, respaldo propagandístico del sueño americano y demás axiomas políticos de la nación. Y su visión será, en correspondencia, todavía más cruel, grotesca e inquietante: una farsa hostil adornada con el sol paradisíaco de California, el boato de las grandes superproducciones del Hollywood de los años treinta y la marejada de esperanzas y descalabros que conforma este territorio a donde va a parar, como si de un sumidero se tratase, los restos humanos desperfectos de todo el país y de todo el mundo, tal y como ya sintetizaban cáusticas películas como La última orden en el periodo mudo.

            Inmersa en una atmósfera onírica y alucinada, luminosa y pegajosa, Como plaga de langosta se fija al particular rostro de Karen Black, atractivo y extravagante a partes iguales, para, a su vez, plantar ante el espectador las dos caras de este particular microcosmos: espectacular y hortera, lujoso y mísero, esperanzador y explotador, talentoso y mediocre, seductor y soez, fascinante e irritante. Mientras los protagonistas disfrutan de un helado y un filtreo fugaz bajo las letras de Hollywoodland, un guía turístico relata con entusiasmo cómo la desesperada Peg Entwistle se precipitó desnuda desde el monumento para luego agonizar una semana hasta su muerte; después de una proyección de las aventuras exóticas y humorísticas de Ali Baba Goes to Town, queda con los espectadores un discurso de Adolf Hitler en su escalada al apocalipsis.

            El filme posee la asfixia de los melodramas sureños, extremos y calenturientos, barnizados con la melancolía de la decadencia y la angustia que esconde la imagen del éxito propia de El gran Gatsby de Francis Scott Fitzgerald, todo ello realizado con un estilo abiertamente artificioso, que provoca que, en ocasiones, en conjunción con su excesivo metraje, la obra quede un tanto sobrecargada.

No obstante, el irrespirable entorno de los estudios de rodaje y de los barracones donde se hacina esta desdichada masa humana en busca de una oportunidad, tan frustrante como insoportable, se cierra sobre estas criaturas deformes, insatisfechas, irrealizadas; estrechando el cerco sobre su egoísmo, su fracaso y su destrucción dentro de un proceso que, como la posterior Barton Fink, igual de sádica aunque un tanto más accesible, conduce a una catarsis demencial y explosiva.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7.

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