Paréntesis literario II: Entrevista a Javier G. Romero

2 Sep

El Crítico Abúlico, huraño y eremita por naturaleza, no puede sino abrir de par en par su humilde morada a cinéfilos de la talla de Javier G. Romero, director de las publicaciones cinematográficas Quatermass (desde 1993) y Cine-Bis (desde 2013), y fundador de la Semana de Cine Fantástico de Bilbao (desde 1994, hoy conocida como Fant), además de colaborador en revistas señeras como Dirigido por, Nosferatu, Scifiworld y Miradas de Cine, entre otras, coeditor del libro John Phillip Law: Diabolik Angel (2008), coordinador de Bolsilibro & Cinema Bis (2012) y partícipe en ensayos de autoría colectiva como El cine fantástico y de terror de la Universal (2000), El giallo italiano: la oscuridad y la sangre (2001), Cine fantástico y de terror alemán: 1913-1927 (2002), Cine fantástico y de terror español: 1984-2004 (2005), El demonio en el cine: máscara y espectáculo (2007), American Gothic: el cine de terror USA, 1968-1980 (2007), Hecho en Europa: cine de géneros europeo, 1960-1979 (2009), Juan Piquer Simón, mago de la serie B (2012)… Es decir, uno de esos hombres de cine, sin paliativos, que viven por y para la cinefilia; aventureros de la cultura en un país donde ésta se encuentra proscrita e iniciados en un arte que, hoy más que nunca, necesita defensores armados con la pasión y el conocimiento de Romero. Qué mejor oportunidad para entrevistarle pues que con motivo de su prólogo para el libro Rob Zombie. Las siniestras armonías de la sordidez, de Daniel Rodríguez Sánchez a.k.a. Reverendo Wilson, recientemente comentado aquí. Pero, además, la oportunidad era doble, puesto que es inminente la publicación del quinto volumen de su revista Cine-Bis, cuya (recomendada) adquisición puede gestionarse desde el email quatermass@hotmail.com.

A continuación, quedan ustedes con sus palabras.

Duelo de titanes: Javier G. Romero, bien acompañado por un coloso, Ernest Borgnine

Duelo de titanes: Javier G. Romero posa bien acompañado por un coloso, Ernest Borgnine

¿Por qué Rob Zombie se merecía un libro?

Bajo mi punto de vista, cualquier cineasta se merece un estudio de su obra. Muchos aficionados y expertos consideran que a algunos, en virtud de una trayectoria considerada mediocre (y no es el caso de Zombie), no se les debe “premiar” con un libro monográfico, ni siquiera con un artículo en prensa. Pienso que no debemos cegarnos, ni ser tan tajantes y elitistas; la aparición de un volumen consagrado a tal o cual cineasta no implica, necesariamente, su santificación; tan sólo se deja constancia, a través de las oportunas reflexiones, de una obra que podrá ser válida, o no serlo. En cualquier caso, Rob Zombie se ha significado como autor a través de una filmografía coherente en el plano temático/estético, y sólida en lo relativo a su plasmación cinematográfica. Además, desde unas inquietudes que entroncan de manera directa con el cine popular y esa visión satánico-demoníaca, que ya está muy patente en su faceta como músico, mediante la cual cuestiona la relatividad del bien y del mal. Cada año se editan seis libros sobre Woody Allen repitiendo cansinamente idénticos enfoques y planteamientos; ¿por qué razón no debe existir uno dedicado a tan estimulante  cineasta como Rob Zombie?

¿Qué es lo que el espectador neutral debe descubrir de Rob Zombie?

Su cine atesora diversas cualidades, articuladas con mayor o menor acierto, pero siempre desde un empeño transgresor que busca provocar desazón a través del exceso, lo extravagante, el delirio… todo ello rebozado con un humor negrísimo y un perverso sentido del espectáculo, entendido como representación bizarra de lo anormal, de lo grotesco. Y sin prescindir de una feroz (auto)ironía y ese gran amor que siente por la cultura popular y el cine de género, sobre todo el fantástico y de terror de los años 70. Es un cóctel que no todo espectador asimila de igual manera, ya que disfrutas mucho más las propuestas de Zombie si participas de sus especiales inquietudes y obsesiones culturales. Quizá por eso yo conecto bien con las películas de este cineasta, pero tampoco es preciso convertirte en seguidor de su filosofía para degustar sus propuestas. Tan sólo con deshacerte de ciertos prejuicios y lastres bastaría para acercarse a la experiencia extrema que supone su cine. Para algunos puede parecer embrutecedor y gore, pero a poco que te tomes la molestia de rascar en la superficie, verás aflorar muchos de los paradigmas que he mencionado y otros que irás descubriendo merced a tu propia sensibilidad o disposición a abrirte a otro tipo de proyectos.

Tanto en su condición de fundador de la Semana de Cine Fantástico de Bilbao, como en muchas de sus publicaciones, usted también reivindica, o por lo menos ejerce como divulgador, del cine de género (giallo, terror, serie B, eurocrimen,…). ¿Por qué todavía es necesaria esta clase de rebeldía cultural? O, en otras palabras, ¿por qué aún se la considera rebeldía?

No estoy seguro de que reivindicar el cine de género suponga hoy un acto de rebeldía cultural. Quizá hace veinte o treinta años lo fuese. En la actualidad todo el mundo quiere hablar del cine de género, básicamente desde blogs y webs todos pretenden conocerlo y difundirlo. Pero una cosa es devorar películas de género y otra muy distinta articular un discurso coherente y riguroso que explique el fenómeno desde diferentes puntos de vista, de manera inteligible. Pienso que la maraña del cine de género debe afrontarse con unos mínimos conocimientos, una sensibilidad especial y no poca honestidad y cariño, huyendo del garrulismo y el obcecamiento fanático. Es cierto que siempre hay un componente “fan” y “friki” en estos acercamientos a fenómenos culturales, pero quedarse sólo en eso empobrece la visión y el resultado del objeto de estudio. De ahí que yo defienda el rigor y la profesionalidad, y estas sí son dos actitudes reivindicables, por escasas y difíciles de encontrar. Naturalmente que el cine de género hay que continuar reivindicándolo, y por lo común cualquier manifestación cultural o social que nos enriquezca. Cuando fundé y dirigí la Semana de Cine Fantástico de Bilbao hace más de veinte años, ya estaba en mi ánimo ofrecer una visión lúdica pero rigurosa de un género, en este caso el terror y la ciencia-ficción, bajo el prisma de la reivindicación y la divulgación, pero ofreciendo algo más que la mera contemplación de películas, mediante numerosas actividades paralelas: exposiciones de cartelismo, cursos de maquillaje, mesas redondas con cortometrajistas y cineastas… En este sentido fue una aportación valiosísima para el público escuchar de viva voz las opiniones de directores como Paul Naschy, Jesús Franco, Narciso Ibáñez Serrador, Jaume Balagueró, Juan Antonio Bayona, Nacho Cerdá… o críticos y escritores cinematográficos como Carlos Aguilar, Rubén Lardín, Jesús Palacios… que nos visitaron y compartieron con nosotros su sabiduría y experiencias.

¿De dónde nace su predilección por esta temática en particular?

Me he sentido atraído por el cine desde muy pequeño; incluso junto al portal de la casa de mis padres, cuando yo era un niño, había un cine y desde el balcón yo veía las enormes colas de gente justo debajo. Por cierto que la primera película que vi, en esa misma sala, fue una de Cantinflas, entonces en la cúspide de su popularidad, “Sube y baja” (1959), dirigida por el mexicano Miguel M. Delgado. Ya entonces, el magnetismo de la pantalla supuso para mí una especie de revelación. Añade a esto los ciclos de cine de terror de la Universal que se emitían en la segunda cadena de TVE, cuando aún no existían ni las privadas ni las autonómicas y sólo había dos canales, y en blanco y negro. Poco después me aficioné también a aquellas revistas de cómics de horror y ciencia-ficción editadas a finales de los años sesenta y principios de la década siguiente, tipo Fantom, Espectros, Escorpión, Dossier Negro, Rufus, Vampus… con aquellas maravillosas portadas. Luego surgió la revista Famosos Monsters del Cine y tiempo después puede ir haciéndome con ejemplares de otra publicación mítica y pionera sobre ese cine que ya me fascinaba, Terror Fantastic, aunque esta última fue complicado adquirirla en su momento porque la distribución en Bilbao era muy precaria, y acabé completando la colección con el paso de los años… A partir de aquí, y tras conocer otros fanzines como 2000 Maníacos, de Manuel Valencia, o Morpho, de Carlos Aguilar, empecé a darle vueltas a la idea de editar mi propia publicación sobre cine fantástico. Pretensión que cuajó poco después con el nº 0 de Quatermass, primero en formato modesto y por último con los tomos monográficos de gran tamaño y a todo color que dediqué al cine fantástico español, británico e italiano. Era la primera vez que se editaban en España antologías de esa envergadura, con autores de nacionalidades dispares (España, Italia, Japón, Reino Unido, Estados Unidos, Francia…), artículos en profundidad y extensas entrevistas exclusivas a cineastas y actores del calibre de Dario Argento, Freddie Francis, Paul Naschy, Jorge Grau, Christopher Lee, Caroline Munro, Pupi Avati, Lamberto Bava, Joaquín Hinojosa, Barbara Steele, Michele Soavi, Robert Fuest, Norman J. Warren… Mientras tanto, ya había fundado la Semana de Cine Fantástico de Bilbao, montado una empresa editorial con otros dos socios, empezado a firmar en prensa todo tipo de artículos, no sólo de cine (incluso llevé la sección de horóscopo de una revista, bajo pseudónimo, claro), escrito en más de una docena de libros de cine… Lo que está claro es que el cine de géneros siempre me ha fascinado, y mucho más por haberlo vivido de primera mano durante mi infancia y adolescencia, lo cual marca tu formación sentimental, por decirlo así.

Viendo su dilatada carrera dedicada al análisis cinematográfico, ¿qué le queda por descubrir? ¿Es esta búsqueda constante uno de los grandes alicientes de escribir sobre cine?

El Cine es inagotable, y por lo tanto la investigación no cesa jamás. Además, contantemente ha de actualizarse la propuesta didáctica para hacer llegar a las nuevas generaciones la Historia del Séptimo Arte. Me resulta triste, pero no me sorprende, que muchos alumnos universitarios, a quienes se les supone un interés especial por el hecho cultural, del tipo que sea, desconozcan por completo los grandes hitos del Cine: les mencionas a Orson Welles, o Alfred Hitchcock, y no tienen ni idea de quienes son estos señores. No digamos nombres como Fellini o Kurosawa, que encima ya no son ni anglosajones. Y si entramos en profundidades tipo Tarkovsky o Satyajit Ray, ni te cuento. Se ha banalizado tanto la Cultura, despojándola de sus auténticos valores para vaciarla de contenido y convertirla en mera pose, que atravesamos tiempos muy duros para la sensibilidad intelectual y la inquietud por aprender. De ahí que sea necesario un activismo en favor de la Cultura y el Conocimiento, que en esencia lo es en favor de nosotros mismos. Por eso es fundamental continuar buscando y descubriendo, en el inabarcable y rico yacimiento del Cine, más estímulos, más tesoros con los que espolear nuestra mente, partiendo de la contemplación para llegar al conocimiento a través del disfrute. Lo cual implica, claro está, un esfuerzo y un interés por penetrar, observar, interpretar y aprender las claves del cine de género, por mencionar la temática que nos ocupa. Actitud que debería ser extensible a la Vida, en general.

¿Después de tanto, uno puede seguir sorprendiéndose como lo hacía en sus comienzos de espectador? Y si es así, ¿qué le sorprende a usted en el cine de hoy en día?

Te respondo a la primera pregunta: rotundamente sí. La capacidad de asombro es algo inherente al ser humano; otra cosa es que existan motivos para asombrarse. Y en cuanto a la segunda, en general me sorprende la estupidez creciente del cine actual: ruido y banalidad en una parte de la producción, pomposidad pretenciosa en la otra… Mirando atrás, a mi adolescencia y juventud, veo no obstante que esa capacidad de asombro continúa intacta, pero matizada con un sentimiento de desencanto. Es decir, que la esperanza de hallar una película capaz de conmoverme mantiene alerta mi ilusión, pero la decepción por no encontrarla no merma el empeño por seguir buscando. Más bien lo acrecienta. Es como la búsqueda de un tesoro: posees el plano, pero has de interpretarlo; tienes los medios, pero has de encontrar las pistas. Y, durante el proceso, cavarás hoyos en playas exóticas de islas perdidas, encontrando en ocasiones simples conchas marinas, en otras un esqueleto rijoso, a veces un doblón de oro con el que distraes tu ansia… Pero continúas creyendo en ese cofre repleto de maravillas que resulta tan esquivo…

¿La dificultad de conjugar la pasión de aficionado con el debido espíritu crítico y profesional es la gran dificultad de la escritura de cine?

Aprendes a fusionar ambos extremos. Pasión y rigor. Afición y profesionalidad. Sin lo segundo nunca saldrías del gueto del frikismo, pero con lo primero mantienes la llama de la ilusión encendida. Así, ambos términos se atemperan y conjugan para equilibrar los puntos de vista. Al entusiasmo desbocado, que sin control alguno da origen al fanatismo, le modulas con el sentido común y los conocimientos profesionales. De este modo procuras ejercer la crítica constructiva. Y aunque entiendo que opinar apoyándose en el exabrupto fácil es muy agradecido de cara a la galería, me parece muchísimo más provechoso apelar a la inteligencia del lector mediante una opinión templada y bien fundamentada que pueda aportarle algo más allá del simple golpe de efecto, del mero cachondeo. Desde luego no es fácil escribir (bien) sobre cine: a los conocimientos y preparación específica has de sumar un cierto grado de comprensión de la condición humana, aunque suene pretencioso, y unas ciertas dotes literarias. Pero también la capacidad de hacer tu trabajo comprensible, en el sentido de huir de enfoques semióticos y ampulosos, pues tan sólo sirven para marcar una irrespetuosa distancia entre el texto y el lector. Al fin y al cabo, escribir crítica, historiografía o ensayo cinematográfico no debería ser una plataforma para lucimiento exclusivo del autor, sino un medio para acercar el Cine al espectador ofreciéndole unas herramientas que le ayuden a acceder a la entraña de la película, ya sea mediante la opinión argumentada del firmante, las reflexiones suscitadas por el film, los datos contextuales, en un estilo que podrá, o no, ser brillante; pero nunca supeditado a alimentar el ego de un autor dispuesto a demostrar su “superioridad” intelectual. Aborrezco ese tipo de crítica.

¿Pesa demasiado el elitismo entre ciertos sectores de la crítica tradicional a la hora de valorar el cine de género?

Depende. Habitualmente el cine fantástico se ha mirado por encima del hombro, al ser considerado un género menor, un espectáculo de sustos y monstruos para público iletrado, mientras que otras materias se perciben como “nobles”, por ejemplo el Western, al que se atribuyen valores elevados. No obstante, pienso que ahora la crítica se ha desprendido de ciertos prejuicios, al enfrentarse a un cine donde los límites genéricos se han diluido hasta casi desaparecer, homologándose todo tipo de películas bajo el sello de una asepsia alarmante que todo lo uniformiza. Es el signo de los tiempos: la globalización despoja de mordiente, o de señas de identidad, a un Cine que carece de personalidad propia, plano, atento sólo a convertirse en el éxito de la temporada mediante mecanismos que se repiten sin pudor de un título a otro. Es decir, que si la crítica ya no contempla los prejuicios previos no es porque haya cambiado su mentalidad, sino porque el cine de hoy no da pie a ponerlos en práctica, con su abúlica conversión en productos de consumo sin mayor interés. De todas formas estoy convencido de la necesidad de ejercer la crítica, en todos los ámbitos de la vida y en concreto en el cinematográfico. La crítica ha de ser el testimonio que deje constancia de las reflexiones que suscita el actual estado del cine mundial. Pero es un ejercicio que no debe apoltronarse ni mimetizarse con el tipo de cine que nos llega, aceptándolo sin más porque no hay otra cosa; por el contrario, pienso que es preciso reclamar el regreso de los géneros y huir de lo políticamente correcto, tendencia que todo lo viste con idénticos ropajes, matando la imaginación.

¿Quiénes son los grandes artistas olvidados de este tipo de cine? ¿Puede ser Rob Zombie uno de ellos?

Precisamente esa uniformidad global que manipula nuestro criterio, nuestros gustos, nuestras apetencias, es la que margina a aquellos creadores que pretenden romper con lo establecido y provocar reacciones, generar cierta convulsión con sus propuestas. Rob Zombie es uno de esos autores, consciente de que debe propinar puñetazos furiosos para despertar al anestesiado público. Esto va a provocar, claro, una reacción adversa de los guardianes del Orden. Quizá no sea la de Zombie la manera más sutil de significarse como autor, arriesgándose además a sufrir el rechazo generalizado. Otros cineastas juegan sus cartas con mayor pericia, dejándose querer por la industria para dinamitarla desde dentro mediante cargas de profundidad no por esperadas menos eficaces. En cualquier caso, tanto unos como otros van a sufrir el ostracismo antes o después. Mira a Cronenberg o a David Lynch, ninguneados por la maquinaria estadounidense han de buscar financiación fuera de sus fronteras, y en el caso de Lynch cada vez con mayor dificultad, si bien es cierto que él ha radicalizado tanto su discurso que ahora juega en su contra. Cronenberg, en ese sentido, es mucho más inteligente: continúa fiel a sí mismo a cambio de alguna concesión de cara a la galería. Así se castiga la disidencia: mediante el rechazo institucional y el olvido.

No obstante, parece que cada vez los especialistas en este cine van hallando huecos para defender el valor de este cine situado en los márgenes del prestigio, como por ejemplo su revista Cine-Bis o la propia revista digital Ultramundo.

Respecto a mi publicación Cine-Bis, va en sintonía con ese amor que he profesado siempre hacia el cine de género. Primero con Quatermass, que empecé a editar en 1993 y dedicaba, como digo, al cine fantástico y de terror, la ciencia-ficción… Y ahora con Cine-Bis, donde me vuelco en rescatar el resto de manifestaciones: el Thriller, el Western, la Comedia, el Bélico, el cine de Aventuras en todas sus exóticas variantes, el Melodrama, el Musical, el cine Erótico, también el Fantástico… Siempre buscando la reivindicación histórica y artística mediante artículos que aúnen el rigor con la amenidad. No se trata de escribir textos impenetrables o semióticos, sino de acercar al lector de manera inteligible, pero rigurosa, el fenómeno de los géneros, un campo que ha permanecido desatendido durante décadas y que conviene rescatar del olvido con urgencia, pues se trata del cine popular por antonomasia. Sin ir más lejos, en Cine-Bis he publicado textos sobre el cine Blaxploitation, el Western crepuscular, el Thriller coreano, la ciencia-ficción apocalíptica de los años 70, el cine erótico italiano basado en Boccaccio, el musical soviético… Pero también sobre cineastas excelentes de los que hoy nadie parece acordarse pese a gozar de filmografías apasionantes (Alain Corneau, Curtis Harrington, Hugo Fregonese, Cy Endfield), sin mencionar las entrevistas exclusivas a grandes nombres del cine de género, como Fernando di Leo, Helga Liné, Giuliano Gemma, Antonio Margheriti, Eli Wallach, Federico Boido, Howard Vernon, Raúl Artigot… O análisis de cult movies del calibre del film checo “El incinerador de cadáveres” (1968), el ruso “Viy” (1967), el estadounidense “Incubus” (1965), el japonés “Historia sobrenatural del jorobado” (1965)… Y muchos más contenidos: los inicios del Poliziesco, el cine fantástico filipino, la trilogía de Ilsa, las versiones del motín de la Bounty, la saga de Emanuelle negra, el cine de educación sexual, las películas con Michael Caine encarnando al espía de la guerra fría Harry Palmer… Y todo ello mediante un magnífico equipo de escritores especializados, tanto nacionales como foráneos. Ahora mismo, Cine-Bis es la única publicación en España que se dedica, de manera sistemática, al estudio del cine de género, o los géneros del cine. Ultramundo, en su ámbito digital, destaca también con una labor importante, rigurosa y comprometida mediante trabajos que huyen del frikismo gratuito y el colegueo habitual de otras plataformas, para aportar textos valiosos sobre una generalidad de temáticas culturales y de ocio: cine, literatura, cómic, etc., a cargo asimismo de un grupo de estupendos profesionales coordinados con acierto por Miguel Díaz González.

¿Qué papel desempeña la red en esta mayor pluralidad cinéfila, y cuál es la importancia de internet para la crítica de cine?

La irrupción de internet ha facilitado dos cosas: que todo el mundo tenga la posibilidad de publicar en plataformas digitales, y que la información fluya imparable por la red. Esto es bueno, y también malo. Respecto a lo primero, porque de este modo cualquiera puede expresar sus particulares puntos de vista sobre la materia que se tercie, beneficiándose de una difusión global y sin cortapisas; en cuanto a lo segundo, porque esa misma globalización permite que internet se sature de información sin contrastar, creando un pozo sin fondo de errores y estupideces que se perpetúan y difunden sin pausa. De todo esto surge una nueva “crítica”, basada en la desinformación, la gratuidad, la falta de rigor, el embrutecimiento, la banalización de todo aquello que debería sustentar cualquier trabajo de investigación y reflexión personal. Es lo que tiene un medio tan vivo e incontrolable como la red: entre toda la morralla sin interés, o directamente imbécil, que vomita internet, cuesta hallar propuestas válidas y serias en el campo de la historiografía o la crítica cinematográfica. Al ser gratuito el medio digital, acceden todo tipo de indocumentados con aspiraciones autorales. Sin embargo, en el sector editorial, en el mundo del papel, existen filtros, correctores, editores que (casi siempre) valoran adecuadamente el material que tienen entre manos. Al fin y al cabo, hay una inversión económica, mayor o menor, que aconseja cautela y sentido común. Esto no garantiza, claro, que el papel aventaje siempre a la red. Pero genera una mayor confianza entre aficionados y lectores. De todas formas, está viviendo ahora una nueva etapa el mundo de la edición en papel: las nuevas técnicas de impresión digital, económicamente más asequibles que el sistema offset, facilitan que muchísimos jóvenes autores estén autoeditándose, o que surjan nuevas y pequeñas editoriales. Y volvemos a lo de siempre: por un lado es bueno y por otro malo. Se edita mucho, y lo celebramos, pero la mayor parte es puro detritus a cargo de personas que jamás podrían acceder a una editorial seria y/o contrastada. Entonces, es labor del lector aprender a discriminar lo válido de lo infame.

Como decía, su trayectoria es especialmente prolífica, pero aun así ¿intentar vivir de una actividad cultural es un acto suicida en el contexto presente? ¿Merece la pena? ¿Abundan las decepciones?

Es natural que la decepción esté a la orden del día. Y mucho más en estos tiempos donde la sensibilidad cultural brilla por su ausencia. Nuestros dirigentes, además, castigan a la Cultura con tasas e impuestos desorbitados, leyes inadecuadas, incentivos insuficientes… Para colmo, el sector de la enseñanza, vital para el buen desarrollo de la Cultura, se convierte en campo de batalla entre políticos de un signo o de otro, zarandeando a los alumnos y volviendo locos a los profesores, que han de enfrentarse a cambios constantes en los planes de estudio, sólo para crear confusión y contradicciones absurdas. El resultado es que estamos formando alumnos ignorantes y pasivos, a los que acostumbramos a la ley del mínimo esfuerzo, sin motivar su curiosidad ni sus inquietudes. Y estos jóvenes serán los futuros críticos de cine. Pero volviendo a tu pregunta, te diré que llevo veinticinco años como profesional, de la escritura, de la edición, del diseño/maquetación… y he asistido a la (presunta) evolución de todos estos sectores con atención e interés, y pese al empobrecimiento general que está sufriendo la creación cultural y artística, no pierdo la ilusión, ni la esperanza, porque siempre habrá una parte de los lectores con auténtica pasión por el conocimiento y el disfrute intelectual. Y esto no ha de ser algo aburrido por necesidad; al contrario: saber manejar con intuición e inteligencia los aspectos lúdicos de la razón, la ciencia, la investigación, enriquece a la persona y su visión del mundo. Y del Cine, en este caso.

¿Cuál es el camino que debería andar el joven cinéfilo de hoy en día para lograr sobrevivir en este entorno hostil de la escritura de cine?

Ahora es relativamente sencillo hacerse un hueco como “escritor de cine”, en el sentido de que internet pone al alcance de muchos tu trabajo y, por lo tanto, existen menos impedimentos para recibir propuestas desde medios más o menos profesionales. Sin embargo, también es cierto que cada publicación posee su propio equipo de redactores, en muchos casos impermeable a nuevas incorporaciones. Los clanes existen en el sector, grupos que se crean por afinidades. Y, en ocasiones, de mentalidad muy sectaria, donde se rechaza de plano cualquier enfoque que no comulgue con el grupal, propiciando de este modo cierto fanatismo. Que no debe confundirse con “línea editorial”. Fidelizar un equipo es importante, claro que sí, pero estar abierto a nuevos talentos también favorece la pluralidad de puntos de vista. A lo largo de los años, he disfrutado de un grupo fiel de escritores para mis publicaciones, pero jamás he dejado de buscar nuevos valores, ofreciéndoles la posibilidad de aportar su buen hacer a nuestras páginas y tratándoles con el respeto debido a todo profesional. Con el paso del tiempo, en Quatermass han escrito más de un centenar de autores, nacionales y foráneos, y en Cine-Bis pretendo aplicar el mismo principio, haciendo rotar el equipo habitual y sumando asimismo nombres nuevos en cada número. La única condición es que se trate de buenos escritores con óptimos conocimientos del hecho cinematográfico. Pero no voy a negar que las envidias y la mezquindad no existan en el mundillo. Hay que aprender a vivir con ello. Lo que está claro es que en cuanto alguien destaca por sus logros, enseguida le lloverán las insidias y descalificaciones. Y esto, por desgracia, lo he visto en más de una ocasión. Hay sujetos que, incapaces de demostrar nada mediante su trabajo, se dedican a poner verdes a otros para darse notoriedad. Es triste pero cierto. Por lo tanto el adjetivo que has usado para definir el entorno de la escritura de cine, no anda descaminado: una parte del sector es “hostil” al talento ajeno. El resto, por fortuna, es una comunidad creativa y en buena armonía.

¿Cómo anda de salud el mundo del cinéfilo? Porque los cierres de salas son continuos, el modo de consumo tiende hacia nuevos territorios menos románticos, etcétera. ¿Cuáles son las vías de futuro del cine y, con ello, de los cinéfilos?

Tienes razón en lo referente a que ahora se consume cine de otra manera. Las salas cierran porque todo está cambiando: el espectador prefiere ejercer como tal en su casa, cómodamente sentado frente al televisor panorámico. La experiencia de catarsis colectiva que supone asistir a la proyección en la sala oscura de un cine, ha dado paso al visionado en el hogar, en un ambiente íntimo, seguro, cercano, tras visitar el videoclub y elegir, por un módico precio, una película entre un amplio menú. Se evita así el desembolso que hoy supone acercarse hasta el complejo de multicines en las afueras, junto a grandes superficies de ventas, a raíz de la práctica desaparición de cine en el casco urbano: ahora debes coger el coche, conducir, gastar gasolina, buscar aparcamiento, pagar un precio que parece abusivo por la entrada, mucho más si se trata de proyecciones en 3D o Imax, abonar la consumición de rigor en el propio cine, nada barata, aguantar en ocasiones proyecciones deficientes, compañeros de butaca molestos… Y la cuestión empeora si encima la película es un bodrio: todo ese esfuerzo para terminar con una sensación de malestar y enfado que no necesitabas. Entonces, es lógico que el espectador opte por otras vías de acceso al cine, y prefiera disfrutarlo en el propio hogar. La piratería también ha contribuido, de manera decisiva, a crear el caldo de cultivo preciso para que el Cine sufra la dura estocada del cambio. Pero en lugar de percibirlo como un enfrentamiento y un ataque contra la industria, conviene verlo como una oportunidad; se impone, por tanto, amoldarse al cambio, crear nuevos modelos de disfrute y aprovechar el impulso de los formatos digitales para avanzar hacia una nueva era que, claro está, exige mayor flexibilidad por los agentes industriales: productores, distribuidores, exhibidores… Aferrarse al recuerdo nostálgico o romántico, implica, esta vez, quedar fuera del negocio. Ahora el perfil del nuevo cinéfilo está íntimamente relacionado con todas estas mutaciones: internet, las descargas, el visionado on-line, los precios económicos, las televisiones de gran formato y nitidez asombrosa, los sistemas de home cinema en el salón de casa… Por mucho que nos duela a los cinéfilos de cierta edad (y nos duele porque conocimos y vivimos otras épocas de esplendor del Cine) hemos de cambiar de actitud frente a este nuevo orden de cosas, verlo con ánimo constructivo y avanzar con los tiempos.

¿Corre el riesgo el cine de quedar sepultado por la dialéctica de la rentabilidad y el beneficio como medida de todo?

De hecho esa es la dinámica que, en general, impera en la industria. A un actor, a un cineasta, se le considera en base a la recaudación de su última película. Existen rankings para todo: para medir la taquilla, la popularidad… El cine mainstream es un gran negocio y las compañías principales hablan de sus películas como “productos”, pensados y medidos para obtener un rendimiento. Con esa mentalidad cartesiana es muy complicado ofertar obras que estimulen la sensibilidad, la creatividad… más allá del mero disfrute mecánico. Por lo tanto estamos hablando de cine-cleenex, de usar y tirar, de ver y olvidar… Pocas películas actuales dejan un poso en el espectador. Pero no significa que todo el cine sea un ejercicio de banalidad: ante todo es un espectáculo y no debemos perder ese norte. Mas tampoco obviar un contenido que trascienda la mera contemplación pasiva. Por esta razón, cada vez valoro más y mejor el cine proveniente de otras latitudes ajenas al insensible Hollywood. En los últimos años no he disfrutado tanto, a un nivel emocional, como con ciertos títulos facturados en países que consideramos “exóticos”, o más cercanos pero tradicionalmente austeros en su cine: me han impresionado películas como la alemana “Bárbara” (2012), la árabe “La bicicleta verde” (2012), la coreana “Sang Woo y su abuela” (2002), la italiana “Le quattro volte” (2010), la francesa “Mademoiselle Chambon” (2009), la austriaca “La segunda mujer” (2012), las iraníes “Nader y Simin, una separación” (2011) y “El pasado” (2013)… Y no se trata de una actitud esnob, como podrían pensar, maliciosamente, quienes no quieren o no saben apreciar otro cine que no sea el convencional; al contrario: son fugas hacia cinematografías con una sensibilidad distinta a la que se nos impone desde los USA, con otras inquietudes que, de alguna manera, estimulan zonas de nuestra mente adormecidas por el barullo hollywoodiense. Que conste que no tengo nada en contra del cine comercial, mientras no nos trate a los espectadores como si fuéramos deficientes.

¿Y la crítica y la escritura de cine?

¿Me preguntas si la crítica se deja comprar o seducir por esa dinámica basada en la rentabilidad económica de la industria? Pienso que no, porque en general el crítico, o el escritor de cine, no participa de esa gran bacanal financiera (en el caso de las majors) que supone la producción y exhibición de una película. Y esto garantiza cierta independencia del profesional hacia el objeto de estudio, amiguismos y/o manías personales aparte, claro. Escribir sobre cine ha de hacerse siempre desde un profundo amor por el medio, nunca desde el odio, pues la mezquindad se detecta y desautoriza al autor de la reseña. Bien es cierto que algunos críticos disfrutan destrozando películas con mayor o menor brillantez, con más o menos fortuna de cara a la galería, quizá para significarse como gurús temibles. Pero el respeto se alcanza desde la crítica constructiva, no desde el miedo o el sarcasmo para alimentar egos estratosféricos. Lo fácil es hablar mal, buscar el aplauso a través del exabrupto, pero no sólo en el sector de la prensa cinematográfica, sino en la vida, lo vemos cada día en cualquier ámbito; mantener una actitud neutral que asegure cierta objetividad, es ideal hasta cierto punto, pues el crítico ha de posicionarse, tomar partido, opinar, sí, pero desde el sentido común, con elegancia y estilo, y apoyando sus argumentaciones tanto en la reflexión personal como en los conocimientos y la experiencia. Y ayuda, desde luego, dominar la escritura, huir de la zafiedad, de lo obvio, los lugares comunes, las frases hechas… Parece pedir demasiado, pero te aseguro que en este sector hay muy buenos profesionales, algunos desaprovechados. Y muchísimos mediocres, excelentes vendedores de motos que incluso publican libros con buen ritmo. Mucho me temo que el mundo no está en manos de los mejores.

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