El sospechoso

28 Ago

“El matrimonio es como el metro en las horas punta: los que están fuera quieren entrar y los que están dentro quieren salir.”

Miguel Gila

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El sospechoso

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El sospechoso

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Año: 1944.

Director: Robert Siodmak.

Reparto: Charles Laughton, Ella Raines, Rosalind Ivan, Stanley Ridges, Henry Daniell, Molly Lamont, Dean Harens.

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           Siempre resulta divertido comprobar cómo el cine juega con las emociones y le pone a uno, inmerso en este universo fantasioso dueño de sus propios códigos morales, de lado de aquel a quien se le antoje; y no siempre con buenas intenciones. Uno recuerda, por ejemplo, compartir la frustración del asesino en serie perpetuamente en ciernes de Ensayo de un crimen (La vida criminal de Archibaldo de la Cruz), atrapado por la malévola mente de Luis Buñuel en un eterno coitus interruptus donde, por una u otra razón, se veía impotente para culminar, por fin, sus ansiados actos delictivos.

En El sospechoso, asimilado a los sufrimientos maritales de Philip Marshall (Charles Laughton), Robert Siodmak, sobre el libreto de Bertram Millhauser y Arthur T. Norman, juega con la empatía del espectador hasta hacerle sentir que, en efecto, el asesinato es justicia. Que el karma debe ser aplicado con la propia y firme mano. Y, de la misma manera, uno deseará andando el metraje que, por diversas circunstancias, nuestro entrañable protagonista, a quien se percibe como un hombre cabal, amable y educado, recomponga su sentido ético y enmiende sus actos. Aunque, en fin, se trata de circunstancias sobre las que pende asimismo el velo de la duda, que uno puede intuir o no como ciertas pero de las que desconoce su autenticidad en último término.

           La ambigüedad entre el beatífico carácter de Marshall y lo injustificable de sus presuntos actos es la constante que mueve un filme presentado como un melodrama romántico con segunda oportunidad otoñal –adornado con la mirada de Ellen Raines, como para no despertar instintos asesinos-, desarrollado como una diatriba contra la supuesta sacralidad del matrimonio –aparte del desafortunado protagonista, una situación nociva muy semejante se vive también justo en la casa de al lado- y concluido como una combinación de intriga policíaca y tormentoso dilema moral que, en resumen, desvelan un sustrato sociológico tumultuoso y enfermizo, cínicamente oculto detrás de una impoluta apariencia de época.

           El filme se mueve al compás que marca la actuación de Laughton, repleto de matices que le hacen creíble tanto como hombre pusilánime y amable, como fuente de amenaza física, respaldado por las luces y sombras con las que el cineasta hace buena su ascendencia alemana y que componen secuencias tan tensas como la hipótesis reconstruida en vivo por el inspector Huxley, impertinente e invasivo como él solo.

Ante los matices del rostro de Laughton, pues, se desnuda la hipocresía de la sociedad de la Gran Bretaña de comienzos de siglo XX, un universo en cambio pero donde permanecen inmutables los principios de clase –el fascinante personaje de Henry Daniell, hidalgo venido a menos- y el encorsetado puritanismo victoriano. Factores opresivos que, en definitiva, encienden el fuego con el que se fragua la tragedia y que sirve una carrera de obstáculos inasequible para el individuo en busca de su felicidad plena.

El tour de force del hombre bueno que, en realidad, solo aspira a conseguir un trocito de cielo en tierra.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7,5.

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