Pasaporte a la fama

12 Ago

“Nadie ha podido sobrepasar la versatilidad de registros, el estudio de caracteres y la integridad artística de Edward G. Robinson.”

Douglas Fairbanks Jr.

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Pasaporte a la fama

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Pasaporte a la fama

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Año: 1935.

Director: John Ford.

Reparto: Edward G. Robinson, Jane Arthur, Ettiene Girardot, Arthur Hohl, James Donlan, Arthur Byron, Wallace Ford, Paul Harvey, Donald Meek.

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            En numerosas ocasiones, la figura del doble, como manifiesta su propia naturaleza dual, representa al mismo tiempo una amenaza y una oportunidad. Mientras que por un lado representa un elemento perturbador que trastoca un universo estable, por el otro también propicia una herramienta infalible para dinamitar el conjunto de barreras y represiones sociales e ideológicas que atenazaban previamente el individuo.

En el caso del Arthur Ferguson Jones de Pasaporte a la fama (Edward G. Robinson), ordinario y pusilánime contable, el descubrimiento de un auténtico dopplegänger en el violento gánster ‘Killer’ Mannion desata primero una espiral que lo arrastra vertiginosamente de un lugar a otro, como un pelele, hasta hacerlo desmayar –impresionante manejo de John Ford del ritmo interno del plano y del acelerado montaje que intercala escenas paralelas-. Pero también es la espita que contribuye a desencadenar ese “algo” que visionariamente vislumbraba en él su compañera de oficina, la atractiva señorita Clark (Jean Arthur), una de esas mujeres expansivas, arrolladoras y respondonas que resplandecieron en las comedias locas de los años treinta.

            Desde el comienzo del filme se establece en torno a Jones este juego con la dualidad: la dispar actitudn del entrañable encargado de la oficina frente a sus subordinados y frente al jefe de la compañía -uno de esos excelentes personajes secundarios a manos de excelentes actores secundarios como aquí Etienne Girardot o asimismo Donald Meek, encargados de agregan sal y pimienta al plato-; el azar que puede convertir una subida de sueldo en un despido, el carácter sumiso de Jones en el trabajo y la actitud liberada de su amada señorita Clark, el contraste entre los sueños aventureros y eróticos que insinúa tener Jones con ella y la fría realidad de su relación en estos compases iniciales del argumento,…

Dos caras constantes que más tarde se asimilan a esa fama voluble y repleta de trampas que le acarrea una anécdota como la de su parecido con el enemigo número uno de América.

Es curioso, aunque probablemente para nada casual, el conocimiento de Robinson de los problemas que acarrea tener el aspecto de un delincuente peligroso: por aquel entonces, el actor de origen rumano se encontraba harto de su encasillamiento como hampón agresivo, circunstancia nacida del éxito de su Cesare ‘Rico’ Badello de Hampa dorada –la cual además, como la presente, está tomada de una novela de W.R. Burnett-.

            El guion se construye así a través de una marejada de confusiones y equívocos entre las dos personalidades que, con impecable autoridad, interpreta Robinson, hasta el punto de que el relato cabalga por la frontera entre la realidad y la ficción. Es decir, entre la naturaleza original de Jones y aquello que desea ser –al menos parcialmente-. Un proceso un tanto semejante al que, en definitiva, el espectador sigue con sus héroes del cine.

Abundantes lecturas y subtextos que provocan que Pasaporte a la fama sea una película menos ligera de lo que aparenta bajo esas hechuras de comedia de no excesivo presupuesto y tramas de enredos desarrolladas literalmente a la carrera, por medio de una torrencial sucesión de escenas. Exactamente como Arthur Ferguson Jones.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7.

2 comentarios to “Pasaporte a la fama”

  1. Hildy Johnson 13 agosto, 2015 a 10:35 #

    Me interesa tu paréntesis literario: tampoco conozco nada del cine de Rob Zombie. E indagar en los primeros pasos de John Ford. Tengo gran laguna de su cine silente del que tan solo he visto El caballo de hierro… y de sus primeros pasos por el cine hablado y pre code. De ese periodo he visto Carne y El delator… y alguna más que apenas recuerdo nada (María Estuardo, El joven Lincoln…). Es a partir de La Diligencia hasta su última película donde conozco más su cine. Así que apunto feliz Pasaporte a la fama. ¡Robinson y Arthur!, otro aliciente para conseguirla.

    Besos
    Hildy

    • elcriticoabulico 13 agosto, 2015 a 15:29 #

      Pues de la etapa muda de Ford -que también conozco lo justo- te recomendaría Tres hombres malos, que es muy emocionante. Es lo bueno de Ford, que con semejante trayectoria uno no deja nunca de descubrir joyas nuevas.

      Besos.

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