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Flores rotas

3 Ago

“La vida de soltero no es vida para alguien que no está casado.”

Samuel Goldwyn

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Flores rotas

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Flores rotas

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Año: 2005.

Director: Jim Jarmusch.

Reparto: Bill Murray, Jeffrey Wright, Julie Delpy, Sharon Stone, Frances Conroy, Jessica Lange, Tilda Swinton, Alexis Dziena, Christopher McDonald, Chloë Sevigny, Mark Webber.

Filme

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            Para Jim Jarmusch, el itinerario –el tópico artístico que, desde tiempos de Homero, sirve para expresar una transformación interior en un personaje, asociado asimismo a la misma experiencia de vivir-, no tiene por qué conducir a ningún sitio. En numerosas obras del cineasta ohionés, sus criaturas vagan en busca de la pieza que les falta o, acaso, del deseo que impide que sus entrañas sacien. Muchas de ellas, además, se embarcan en el viaje contra su voluntad, intermediados por un espíritu ambiguo que quizás posea intenciones benefactoras pero cuyos resultados, de manera acorde a la tierna y melancólica acidez que desprende el cine del autor, nunca terminan de ser los esperados o apetecibles.

            Si en Dead Man era el indio El Que Habla Alto y No Dice Nada quien guiaba (es un decir) los pasos del atolondrado William Blake en su desventura por los territorios del ‘acid western’, en Flores rotas es un vecino entrometido quien impone un optimista ritmo reggae e impulsa al abúlico Don Johnston (Bill Murray) a llamar a cada puerta de la América blanca y acomodada, representada por su elenco de ex parejas y sus circunstancias, en busca de un hijo que a lo mejor ni siquiera es tal.

Como si manasen del teatro del absurdo, los personajes de Flores rotas parecen arquetipos exiliados de su propia novela, hilvanados por una trama de libro de detectives a la que no pertenecen y en la que no encajan: un Don Juan hastiado al que tampoco le llega el caché para ser el Don Johnson sin ‘t’ que falazmente sugiere su apellido; una Lolita de extrarradio sin Humbert Humbert que le baile el agua.

            Aunque, a decir verdad, Jarmusch retrata en el filme a los hijos inmaduros de otro arquetipo, el estadounidense de clase media y supuesta plenitud material y familiar, que tampoco encajan en esa realidad ficticia y presuntamente idílica que se le presume al país norteamericano.  Amparado en la precisión expresiva de Murray -ese inmortal payaso triste que tantas emociones transmite sin mutar su resignada cara de palo-, Jarmusch compone cada uno de los encuentros de Johnston con exquisita sensibilidad, compasiva ternura una atmósfera y una significación particular.

Es la visita a un jardín marchito, de flores rotas que se consumen sin remedio en un florero desahuciado y que dibujan un tránsito eternamente desorientado el cual parece seguir el sendero de la juventud a la tumba, en pos de una redención incierta e incomprensible.

            Con la inimitable cadencia del autor, ajena a la grandilocuencia y delicadamente elegíaca, cálida y apesadumbrada a partes iguales, de sonrisa irónica y compungida, la obra despierta un puñado de sensaciones encontradas, palpables y reconocibles; agridulces en su desencanto, conmovedoras en su patetismo, universales en su amarga crueldad.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 8.

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