El señor de Hawaii

24 Jul

“El racismo se justifica, como el machismo, por la herencia genética: los pobres no están jodidos por culpa de la historia, sino por obra de la biología. En la sangre llevan su destino y, para peor, los cromosomas de la inferioridad suelen mezclarse con las malas semillas del crimen. Cuando se acerca un pobre de piel oscura, el peligrosímetro enciende la luz roja, y suena la alarma.”

Eduardo Galeano

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El señor de Hawaii

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El señor de Hawaii

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Año: 1963.

Director: Guy Green.

Reparto: Charlton Heston, Yvette Mimieux, George Chakiris, Frances Nuyen, James Darren, Aline MacMahon, Elizabeth Allen, Marc Marno.

Tráiler

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            El señor de Hawaii es una película sobre el cambio. Sus fotogramas recogen las convulsiones de una sociedad, la estadounidense, que en plena Guerra Fría y en plena evolución, se cuestiona a sí misma y sus ideales. El racismo, la igualdad entre géneros y el clasismo son varios de los mimbres que urden la espesa trama del filme, enhebrados con filamentos de megalómana tragedia shakesperiana en el empleo del poder y la sangre como signos de una maldición inexorable, transmitida y heredada a través de los tiempos y el destino.

No parece casual, pues, que el protagonista, Richard Howland (Charlton Heston), un terrateniente isleño a punto de transformar su ascendencia sobre el recién creado Estado en un sillón senatorial en Washington, sea conocido en todo Hawái como ‘el rey’, benefactor caciquil y paternalista de los nativos y trabajadores a su cargo. El peso que porta su apellido, y la hipocresía elitista del ‘haole’ –individuo de ancestro europeos-, comienza a revelarse cuando su hermana pequeña, Sloane (Yvette Mimieux), le desvela sus intenciones de casarse con un ‘kama’aina’ -lugareño hawaiano-.

            A partir de ahí, El señor de Hawaii comienza a trazar la metafórica y literal caída de este monarca obsoleto y a desmontar el paraíso tropical del archipiélago, como si de fichas de dominó se tratase, para sacar a la luz los innumerables antagonismos y conflictos que subyacen bajo la alfombra de la sociedad norteamericana. Simbólicamente, por tanto, la función tampoco se aleja demasiado de una cinta de catástrofes épicas, como las sacudidas por una erupción volcánica o un tifón –íntimo, en este caso- que se abaten sobre estos territorios exóticos y coloniales, siempre ajenos a la naturaleza del hombre blanco.

            Sin embargo, pese a la abundancia de material explosivo –o quizás debido a ello-, el británico Guy Green no consigue dotar de intensidad y desgarro a la obra, que termina por ser más un melodrama un tanto plúmbeo que una ácida película de compromiso social, por lo que se desinfla poco a poco.

El filme condensa su potencia en el texto del guion y, en consecuencia, priman las exposiciones discursivas, y no tanto la narración por medio de la fuerza de la imagen, que desaprovecha incluso las atronadoras lecturas sexuales de unos vínculos entre personajes sorprendentemente ambiguas –las relaciones del ‘rey’ con su hermana y su cuñada-. Por desgracia, le falta atrevimiento para empuñar el detonador y reventarlo todo por los aires.

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Nota IMDB: 6.

Nota FilmAffinity: 5,5.

Nota del blog: 6.

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